Al menos, poco después, el productor Albert R. Broccoli y su hijastro y flamante productor ejecutivo Michael G. Wilson reconocieron que, a pesar del grandísimo rédito en taquilla, con «Moonraker» se habían pasado tres o hasta puede que cuatro pueblos con la jerigonza espacial o sideral. La excentricidad de un 007 en misión cósmica o galáctica había excedido los elementales rasgos del personaje y su entorno, ingénitos a la concepción de Ian Fleming.
Con el objetivo de devolver un tanto la cordura a la saga, consecuentes con que un personaje mítico afrontaba los albores de una nueva década, contactaron con un viejo amigo de la casa, Richard Maibaum, y le plantearon la adaptación, en lo posible (ahora sí), de dos relatos cortos de Fleming, publicados en 1960: «Sólo para sus ojos» y «“Risico”». Wilson ya había aportado ideas y retocado guiones en títulos anteriores, de manera que se le propuso unir esfuerzos con Maibaum para completar el guión de la entrega. No obstante, en esto del guión, el esfuerzo, en realidad, siempre fue colectivo. Otro conocido, John Glen, hasta entonces, adscrito a labores de edición y dirección de la segunda unidad, fue escogido como director y, en seguida, sometió a evaluación general el remarcar la continuidad natural del personaje con una secuencia introductoria que rememoraba al espectador el trágico matrimonio de Bond y la deuda de Blofeld, aceptada por unanimidad. Rescataron, además, alguna escena descartada de la novela «Vive y deja morir», técnica a la que la producción de la saga recurriría en otras ocasiones, como en «Licencia para matar» (1989). La intención, en definitiva, como he tecleado líneas arriba, era enmarcar al Agente británico en un contexto más terrenal que sintonizase con las historias primigenias narradas por Fleming.
Con los habituales John Barry y Ken Adam a otros asuntos, la música se encargó a Bill Conti y el diseño de producción a Peter Lamont, quien había colaborado con frecuencia en la saga para el departamento de arte, componiendo unos ambientes y decorados muy naturales, en consonancia con la vertiente fijada para la trama, la cual volvía a hacer transitar a los personajes a través de múltiples escenarios exteriores. La fotografía quedó al mando de Alan Hume, veterano con veinte años de experiencia, que se había iniciado en la televisión británica y supo manejarse con la luz matinal de los idílicos paisajes costeros y los campos olivareros. Para una producción tan afiliada a la acción en la nieve (puede espeluznar la adicción, si se me permite el doble sentido del vocablo), no podía faltar el especialista y cineasta Willy Bogner, su espectacular destreza sobre los esquís y su prodigiosa habilidad para deslizarse de espaldas mientras sostenía la cámara a media altura. Se siguió confiando en Derek Meddings para supervisar los efectos especiales, cuyo empeño concibió un sólido mecanismo para mantener al borde del despeño el coche de Locque, facilitando la variedad de planos y encuadres, sin desmerecer el fascinante reventón del Lotus Esprit S1, que serviría para justificar la introducción del modelo Turbo en un rojo chilloncete a la vista. Con todo, el equipo técnico hubo de competir con lides algo más mundanas, como encalar un pueblecito griego para simular uno español; o algo menos, como reproducir un monasterio en la cima de un monte, donde sólo se podía acceder a base de poleas y canastos… O al estilo Bond, escalando. Fue curioso lo del monasterio, porque, cuando llegó el personal de la película para rodar sus escenas, resuelto el papeleo con el ayuntamiento (papeleo documental y monetario, se entiende), los monjes sabotearon la zona. Esto ocasionó un conflicto con los vecinos, quienes consideraban los beneficios económicos que la película podría reportarles. Un Tribunal Especial hubo de dirimir el trance. Dictaminó, en aparente lucidez salomónica, que el interior era de los monjes y el exterior del ayuntamiento y corporaciones regionales. Y ahí se pusieron, manos a la obra.
Aunque aquel Roger Moore de cincuenta y tres años conservaba cierto grado de figura y plenitud en su rostro, el contraste con una Carole Bouquet de veintitrés rechinaba los dientes, o comenzaba a hacerlo. La actriz francesa, cuya seductora belleza había encandilado en el largometraje de Luis Buñuel, «Ese oscuro objeto del deseo» (1977), no tardó en probar su valía para el protagonismo femenino. Haciendo gala de una envidiable melena, que el filme potenció, el hechizo de sus ojos hipnotizó al personal, con Glen a la cabeza, y armonizó con el título del largometraje. El nombre de Julian Glover se había añadido a alguna terna de candidatos a 007. La oportunidad se le presentaría en la lista opuesta. Chaim Topol, celebérrimo por «El violinista en el tejado» (Norman Jewison, 1971), fue una sugerencia de Dana Broccoli, esposa de Albert. La australiana Cassandra Harris compareció en el set con su marido Pierce Brosnan. La pareja había contraído matrimonio en aquel año de rodaje de 1980 (Cassandra fallecería de cáncer en 1991) y el actor irlandés (y su rutilante porte) de inmediato fue anotado por los productores. Notable fue el debut cinematográfico de un Charles Dance de treinta y cuatro años, forjado en el teatro y la televisión. El elenco no estaría cerrado sin los icónicos Desmond Llewelyn y Lois Maxwell; si bien, el luto por Bernard Lee dejaría vacante el personaje de M para el estreno de «Sólo para sus ojos» en 1981.
Han pasado doce años y quedan cuentas pendientes de saldar. Por ello, un Ernst Stavro Blofeld parapléjico y empalado aprovecha una visita de James Bond a la tumba de su esposa para tenderle una trampa tomando un helicóptero que manejará por control remoto con intenciones poco amistosas. 007, en un alarde de deslizamiento mortal, accede a la cabina del piloto, desconecta el control remoto y engancha la silla de Blofeld con uno de los patines de aterrizaje para arrojar al villano al interior de una chimenea industrial. Superado el tradicional liminar, el barco espía británico Saint George, con bandera de Malta, en el que se encuentra instalado el dispositivo ATAC para el control de misiles, sufre un ataque, hundiéndose en el mar Jónico sin que haya habido oportunidad de anular el dispositivo secreto. El Servicio británico pide la colaboración en la búsqueda del prestigioso arqueólogo marino sir Timothy Havelock (Jack Hedley), quien, coincidiendo con la visita de su hija Melina (Carole Bouquet) al buque de investigación, es asesinado junto con su esposa Iona (Toby Robins). Asignada la misión de rescate por el Gobierno, con los intereses soviéticos de fondo, Bond viaja hasta la periferia de Madrid, donde se esconde Gonzáles (Stefan Kalipha), asesino del matrimonio Havelock, en un remedo de la Mansión Playboy, al que 007 accede detenido cuando es descubierto. Apenas intercambia palabra con Gonzáles, pues Melina asesina a éste con una flecha, aunque Bond, antes de huir de la escena con la vengadora (emplean un mítico Citroën 2 CV cuya resistencia sólo podría compararse con la del Mini Cooper de Jason Bourne), puede fijarse en un extraño personaje allí presente, que ha pagado a Gonzáles y cuyo retrato robot perfilará con milimétrica precisión, y después de varias horas machaconas y claustrofóbicas, gracias a un nuevo juguete de Q, identificando al asesino Emile Leopold Locque (Michael Gothard). Toca descubrir, por tanto, quién contrató a Locque como intermediario. Luigi Ferrara (John Moreno), contacto italiano del MI6, concertará una reunión entre Bond y Aristotle Kristatos (Julian Glover), magnate naviero y mecenas de la joven patinadora Bibi Dahl (Lynn-Holly Johnson), quien cae prendada del Agente. Dada la diferencia de edad, no la corresponde, aunque la trama recurre a ella como catalizador de una de las tres escenas de acción que se suceden, prácticamente, sin interludio, y que 007 solventa con el ingenio y la destreza característicos, mientras trata de convencer a Melina para que abandone su peligroso juego de venganza. En un derroche de sibilino maquiavelismo, Kristatos ha hecho creer a Bond que el responsable es el traficante Columbo (Chaim Topol), alias La Paloma, hasta el punto de que Locque y sus secuaces irán asesinando a diestro y siniestro con un alfiler al pecho encabezado con la figura del animal. Sin embargo, la realidad es, por supuesto, lo contrario. Columbo muestra a Bond los trapicheos y tejemanejes de Kristatos, así como sus relaciones con el comunismo, y, en una incursión nocturna de comando, destruyen uno de sus depósitos de contrabando y 007 devuelve a Locque la moneda del cúmulo de muertes causadas. De regreso a las costas griegas, Bond y Melina emprenden su particular aventura submarina para recuperar el ATAC, no sin antes vérselas con la enésima colección de esbirros de Kristatos, quien termina haciéndose con el dispositivo y poniendo en un brete a la pareja, a la que somete a la macabra tortura de ser atada y arrastrada por una lancha motora a merced del mar y los tiburones. Otra vez, la habilidad y astucia de Bond los salvan de la muerte. El parlanchín loro familiar, que se ha asomado intermitentemente por la trama, y el conocimiento de Columbo de su enemigo facilitan a Bond y Melina el paradero exacto donde se ha retirado Kristatos, en espera de vender el ATAC a los soviéticos: un antiguo monasterio en la cumbre de un monte en Saint Cyrilos. El dichoso montecito permite al espectador ratificar lo sabido: la pericia de James Bond permanece ajena a los profanos límites de los humanos corrientes. De tal modo, lo mismo se marca un giro completo con golpe de esquís a un malo, que escala la vertical de un monte, con golpe también al malo. La cuestión es que el grupito formado por Bond, Melina, Columbo y un par (o tres) de sus asalariados asalta la madriguera de Kristatos y recobra el ATAC, que 007 desintegra (en sentido literal, o casi), justo en el instante de la aparición del general soviético Gogol (Walter Gotell). Contiene Bond, a todo esto, la agitación vengativa de Melina contra Kristatos, quien, al amagar un movimiento asesino, muere por el efecto de un puñal lanzado por un herido Columbo desde la distancia. La ya consagrada escena de cierre de la pandilla gubernamental llamando a Bond en medio de su refriega amorosa tolera, para el largometraje, un liviano chascarrillo a expensas de Margaret Thatcher (o de la actriz que la encarna, Janet Brown, famosa en la época por sus imitaciones de la Primera Ministra).
Hay que valorar, de «Sólo para sus ojos», su bienintencionada disposición a restablecer la autenticidad y veracidad del personaje, y a fidelizarlo con los textos originales de Fleming. El largometraje es una misión que 007 ha de desempeñar valiéndose de ingenio, técnica y experiencia, sin artilugios despampanantes, en un ambiente cotidiano o rutinario (para el evento Bond, claro) y con un objetivo que no vicia la credulidad, incluso se agradece el anecdótico porcentaje de chascarrillos de Moore. El inconveniente radica en que la trama fluctúa en su ritmo. Los vaivenes del desarrollo narrativo rompen abruptamente la tensión del espectador. Por otro lado, no es posible imaginar a Carole Bouquet como un personaje rezumante de bilis vengativa, ni pareja amorosa de un Moore cuya edad ronda la jubilación del papel. Las escenas de acción están bien rodadas, aunque la enésima recreación que acopla esquís y nieve empalaga y pincha la inspiración; al igual que el gag de Victor Tourjansky, cansino, a la tercera. Sí me suena deliciosa, de las mejores de la saga, la canción en la voz de Sheena Easton, escrita por Michael Leeson. James Bond se adentró en la década de los ochenta formal y cumplidor, sin pretensiones de ocupar los primeros puestos en la clasificación de la saga, ni aprestar los mimbres para conseguirlo.
Julián Valle Rivas
Pongamos el grito en el cielo porque el sátrapa (uno de tantos) Nicolás Maduro decreta el adelanto de la navidad al 1 de octubre. Callemos cómplices y miremos hacia otro lado ante el extermino que un Estado de criminales sionistas está llevando a cabo en Palestina, un continuo horror desde 1947, un genocidio desde octubre de 2023. Tengamos la fiesta en paz y afrontemos con alegría la cesta de la compra navideña y las temidas cenas en la entrañable compañía de jefes y compañeros de trabajo y/o de cuñados y demás parentela.
Lo de Maduro sigue la línea capitalista de la navidad que no es otra que el fomento del consumo, muy reforzada al mezclar la tradición de los Reyes Magos, sus camellos y sus pajes con la de Papa Noel, sus renos y sus elfos. Son dos tradiciones diferentes con un mismo objetivo. Desde final de octubre, los anuncios de colonia, con “Caguolina Heggüega” y “Paho R’ban” como estrellas decadentes, dan el pistoletazo de salida en las televisiones al desmadre, la locura y la subida de precios de todo producto tocado por la “magia” navideña.
Otra tradición reciente es “salvar la navidad”, un reclamo recurrente de la derecha radical que advierte de los enemigos de su fe y sus tradiciones como si alguien tuviese la tentación de descerrajar un tiro en la nuca a Melchor, secuestrar al niño Jesús o poner una bomba en el portal. Este repentino fervor por la tradición católica actúa como contrapeso del progreso social que la derecha ve contrario a los intereses sociales y económicos que representa. Lo mismo sucede con otros circos como los toros o la caza, antídotos para la carestía del pan.
Dar credibilidad al nacimiento de Jesús siempre ha suscitado controversias. Confrontando lo interpretado por teólogos y lo aportado por historiadores (fe y razón) hay un desfase de casi diez años. En el año 354, el papa Liberio zanjó la disputa decretando (otro como Maduro) el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento, con la dolosa intención de dar carpetazo a la tradición romana y cimentar la hegemonía del cristianismo. En el siglo VI, al monje Dionisio el Exiguo le encargaron calcular la fecha de Pascua, estableciendo el Anno Domini (d.C.).
Las fiestas Saturnales en honor a Saturno, dios de la agricultura, celebraban el final de las faenas agrícolas desde el 17 al 23 de diciembre del calendario juliano. Eran encuentros sociales con banquetes, intercambio de regalos y encendido de velas y teas. Las Brumales y el Dies Natalis Solis Invicti celebraban el solsticio de invierno que da paso a días más largos que las noches. Así, vinculando las Saturnales y el Sol Invicto con los nuevos ritos cristianos, se apropiaron de las costumbres populares, la clave para propagar la nueva fe.
Si alguien pregunta cómo logra una religión sobrevivir miles de años sin actividad productiva conocida, la respuesta está en la Biblia, o en el Corán, o en la Torá. En la Biblia aparece la historia del Becerro de Oro que hace dudar si era el dios único y verdadero anunciado por el Mesías, el dios al que parece rendir culto el mundo en estas fechas donde mercaderes de toda laya y banqueros ocupan cada rincón del templo, conscientes de que ningún Salvador, látigo en mano, acudirá a echarlos, movido por la ira, de la casa del dios todopoderoso.
Cuando el ayusismo y la reata de Vox, tanto montan, acusan del delito o pecado, no queda claro, de no respetar la navidad, podríamos pensar que se refieren al mito del nacimiento del hijo de dios (de san José, mejor no hablar). Sin embargo, una lectura laica de lo que se respira en calles, plazas y centros comerciales, nos lleva a recordar al Becerro de Oro y los mercaderes del templo, a meter en el saco mercantil el adelanto de Maduro, la luminaria de Caballero, el árbol de Albiol, a Ayuso utilizando a Bisbal y a Mazón repartiendo ayudas.
Pepe Morales
Nos hace más humanos a todos este tiempo.
A todos más pequeños, más iguales, más íntimos.
Navidad. Deseada.
Te esperamos sin calma.
Te ocultas en invierno por ver si nos sorprendes,
pero todos estamos pendientes de tu fecha.
Te presienten los pájaros.
Te esperan en silencio los callados olivos,
te reclaman los cedros, te sueñan los abetos,
te suspiran los álamos.
Navidad. Deseada.
En todos los caminos se agradecen tus pasos,
sonríe por los valles el brote de la hierba,
los montes disminuyen y el barranco se esparce.
No hay horas estos días,
hay minutos fugaces.
Un sol casi dormido se acerca hasta nosotros
y nos coloca un ramo de luz entre las manos.
Navidad. Deseada.
Llega pronto, no tardes.
Un año ya sin verte es demasiado tiempo.
Sosiega nuestros nervios y nuestros cuerpos tensos.
Nuestra nuca reclama el hueco de unas manos.
Todos queremos ser el niño que ya fuimos.
Tranquiliza las mentes.
Desconecta la mina y las armas letales.
Arranca el engranaje de las guerras inútiles,
porque de nada sirven.
Las guerras nunca sirven.
Sólo sirve el respeto y las personas que dudan.
Navidad. Deseada.
Si tú nos estimulas, la esperanza es posible,
que renazca la calma y la paz entre todos.
Por nuestra parte hay deseos y propósitos.
Hoy mismo dejaremos abierta la cancela.
Estamos preparando el cuarto menos frío,
por si quieres quedarte a pasar unos días...
Y anúncianos la paz entre todos los pueblos.
76 años se cumplen de uno de esos aconteceres que compiten en el calendario con otras muestras de la mitología laica cuya vigencia es una lucha continua contra la indiferencia y el olvido en la mayoría de los casos. Con un nombre compuesto, como si perteneciera a la aristocracia o a las ínfulas carcas de la extrema derecha, se presentó al mundo, en 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, apadrinada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, poco después de que Hitler y Franco los gasearan y fusilaran a placer.
Con frecuencia, el periodismo y la diplomacia suelen aludir a ella con el apodo de Carta de los DD HH, lo que supone un ahorro tipográfico y léxico a la hora de informar y perorar. Hay que reconocer que el apodo le sienta mejor, es más campechano, menos rimbombante y, además, da pie a meditar en lo que se está haciendo con ellos de forma tragicómica. La relación de los DD HH se dispone en la Carta de la ONU como un listado de elementos numerados de forma muy parecida a cómo se presentan los platos que componen un menú.
Los restaurantes son negocios que ofertan a la clientela distintas posibilidades a la hora de satisfacer los apetitos y gustos más variados, buscando el equilibrio entre la demanda y la oferta en cuanto a calidad y cantidad de productos. Para ser rentables alternan los platos al gusto del cliente junto con otros de menor demanda pero de un beneficio superior para la caja. La excelencia del negocio consiste en obtener una ganancia desmesurada a cambio de raciones minimalistas so pretexto de taumatúrgicas elaboraciones de la galaxia Michelin.
Hay restaurantes y menús al alcance de paladares sibaritas y bolsillos pudientes, los hay con un menú del día asequible y hay quien sólo se puede permitir la fiambrera preparada en casa o un bocata con bebida enlatada. Hay quien estudia la carta analizando la descripción de los platos, quien mira la columna de precios y quien pide sin más ni más el menú del día. Con los DD HH sucede algo muy parecido. La carta de los DD HH es accesible en mayor o menor grado en función del bolsillo del cliente y el capricho de chefs, maîtres y empresarios.
Con el número 13, la Carta ofrece una base por la que “toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado” con guarnición de “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. Unos restaurantes eliminan el Artículo 13 del menú y algún maître lo reserva a la clientela extranjera que nada en la abundancia y sobrevuela la órbita de la fama. No es lo mismo un moro de patera que un príncipe heredero saudí con licencia para descuartizar.
El plato 3, “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, y el 5, “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”, tienen todos los ingredientes necesarios para garantizar la alimentación equilibrada de cualquier comensal, salvo que se trate de palestinos o de alguien que ocupe una mesa cercana a Israel. El chef Michelin ofrecerá mil excusas para justificar la mosca en la sopa y, si la cosa va a más, el propietario acusará al comensal de perjudicar su negocio.
En el resto de la Carta, se observan platos de muy parecidas características a los que se encuentran en los menús de la Constitución, UNICEF, la UNESCO, la COP 26 o cualquier otro restaurante temático. Con productos de primera calidad y conocimientos culinarios más que suficientes, estos restaurantes muestran una obsesiva tendencia a contaminar vajillas y deteriorar alimentos causando indigestiones e intoxicaciones alimentarias. Para colmo, la comida basura ha sustituido a la dieta mediterránea y descartando los Derechos Humanos.
Pepe Morales

La base sobre la que se asienta nuestra convivencia como conciudadanos españoles fue ratificada por el pueblo hace 46 años, son años de luces y sombras, como la propia Constitución, como la propia imagen que acompaña este escrito, por un lado el cuadernillo que se mandó a todos los españoles y por otro la edición de los privilegiados con el escudo franquista que nos recuerda su origen, son años en los que se ha utilizado como arma arrojadiza por muchos que no la cumplen y que en muchos casos tengo la sensación que no la conocen y nunca la han leído.
Ya en el preámbulo nos dice que se hace “… deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran”, de todos. También pretende “garantizar la convivencia … conforme a un orden económico y social justo” No creo que la mayoría de los ciudadanos piensen que se ha logrado asegurar un orden justo. Además, aspira a “Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida” ¿De verdad creemos que todos nuestros conciudadanos disfrutan de una vida digna?
En el artículo primero, nos dice “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.
En este aniversario vemos con tristeza que la libertad está condicionada a disponer de una economía que permita elegir, cosa imposible para quien no llega a fin de mes, vemos que la justicia, la aplicación de las leyes, está condicionada a la escasez de medios que alarga los pleitos hasta que ya no hay manera de hacer justicia.
En el artículo 1 dice con absoluta claridad “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” y sin embargo vemos a los partidos de derechas reclamar que los jueces elijan a los jueces, que es tanto como decir que los políticos elijan a los políticos, ¿Dónde queda la soberanía popular?
El artículo 6, nos dice “Los partidos…. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos, ¿Lo son?
En el artículo 31 nos dice que “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad”. Salvo el IRPF, que, si es progresivo, no conozco ningún otro impuesto que lo sea.
En el 35, “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, …, y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia”. Ni hay trabajo para todos, ni todos tienen salarios suficientes.
En el 39 “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”, No son paguitas, es cumplir la Constitución.
Artículo 47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias …. regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación” Dice textualmente, impedir la especulación. Otro artículo olvidado.
Y en el 50, “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad” Lo dice claramente, “periódicamente actualizadas”.
También explica los derechos del Rey. Artículo 56 “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Sinceramente no creo que ninguno de los ponentes de la Constitución, ni de los parlamentarios que votaron el texto en las Cortes Generales, y por supuesto ninguno de los millones de españoles que la votamos, imaginábamos nunca que esa irresponsabilidad fuera extensiva a las andanzas particulares del emérito, porque si el Rey es totalmente irresponsable, puede robar a manos llenas o preparar un golpe de estado impunemente. ¿Queremos un Jefe del Estado así?
Después vienen unos apartados sobre el funcionamiento de la corona, las cortes, el gobierno, la judicatura, pero entrar en detalle sería demasiado prolijo.
Si quiero destacar lo que nos dicen los primeros artículos que tratan de cómo debe ser la economía y hacienda.
El nº 128 dice “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.
El 129 “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, … las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”.
Y en el 131 “El Estado, … podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución”.
No creo que estos artículos se los hayan leído todos los ofendidos constitucionalistas, Alianza Popular ni siquiera votaron SI, que tanto gritan en defensa del neoliberalismo económico. Va a resultar que nuestra Constitución es comunista.
Hablando de la igualdad de todos los españoles, en el artículo 138, dice “Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales”.
El artículo 167, nos habla de la reforma de la propia Constitución y dice: “Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras”. Viendo la polarización que vive el país, esto hace que sea prácticamente imposible afrontar una reforma sustancial, es decir, tenemos que convivir con está.
Es imposible estar de acuerdo con todos y cada uno de los artículos y cada cual tendrá sus preferidos y otros que no le gustan, pero esto se votó como un paquete, todo o nada y a todos nos afectan todos los artículos.
Viendo el desarrollo que ha tenido nuestra Carta Magna en estos 46 años, casi resulta revolucionario exigir su total cumplimiento, eso sí, sin interpretaciones mezquinas de los de siempre, de los que aceptaron la Constitución como mal menor para seguir disfrutando de sus privilegios y luego cumplen solo los artículos que les parece bien.
Ángel Díez de MIguel
Los gritos racistas en el Bernabéu dirigidos a Lamine, Fati y Raphinha no han sido tratados de forma ejemplar. No detuvo el partido Vinicius como en Mestalla, ni desató su ira hacia los cafres vestidos con su camiseta y sólo cayó en condenarlos al día siguiente. Tuvieron mano de hierro la Federación y el CSD para sancionar al Atleti y al Valencia pero se vistió de seda para no castigar al Real Madrid. La policía ha identificado a tres racistas, ¡tan sólo tres!, de entre los miles que ornean en el estadio durante los partidos, uno de ellos menor de edad.
La textualidad de los insultos, "¡Hijo de puta, eres un mena de mierda, eso es lo que eres", "Puto moro" y "Puto negro!", remite al más que conocido e impune discurso político de Vox y del ala más radical del PP. Al blanqueo del racismo y la xenofobia contribuyen gran parte de los medios de comunicación y las redes sociales, facilitando el aprendizaje de estas conductas por monstruos menores de edad. El papel pedagógico de la familia reproduce la violencia física o verbal en casa o en los partidos jugados en las categorías infantil y juvenil.
La última víctima de la violencia machista ha sido una menor (15 años) a manos de un animal también menor (17). Un estudio de la UGR sobre éxito y abandono en Secundaria y FP alerta de que un 15% de las alumnas sufrió experiencias no consensuadas en la primera relación sexual, de que un 31% de menores dice aprender "mucho" sobre sexo con el porno, de que existe una violencia vinculada a dinámicas afectivas y sexuales marcadas por estereotipos y desigualdad o de que un 42% controlan a sus parejas con las redes sociales.
Tras casos como el del asesino menor de edad, está la huella del negacionismo de Vox, del ala radical del PP, de muchos jueces y fiscales, de la Conferencia Episcopal, de influencers tóxicos, de las letras del reguetón y de los medios de comunicación plegados al interés de quien los riega con dinero público. No es nuevo, es el nacionalcatolicismo 3.0, renacido en el siglo XXI. La misoginia es inherente a un patriarcado machista fuertemente arraigado en toda sociedad cimentada en el autoritarismo y apoyado por todas las religiones del mundo.
«La policía detiene a cinco menores por agredir a una pareja homosexual (“para que sepáis quién manda, maricones de mierda”)». «Condenado un menor a cuatro años por arrojar al tren a un joven por ser gay (“te vamos a tirar piedras, maricón”)». Son dos titulares y las palabras utilizadas por los menores agresores. Otro más: «La Conferencia Episcopal apoya cursos del obispo de Alcalá para ‘curar’ a homosexuales». Y otro: «Vox arremete contra charlas que tratan de prevenir el acoso homófobo y los abusos sexuales». ¿Queda claro?
Acaban de condenar a cinco jóvenes por agredir a un homosexual a quien “...despojaron de su camisa y arrojaron a una fuente, impactando su espalda contra uno de los caños (...) le arrojaron bebidas y llegaron a orinar sobre él al grito de ‘tú eres maricón, aquí no queremos maricones’,,,”. La vergonzosa condena ha sido de seis meses de cárcel y multas de 420 € para cada uno de los siete acusados. ¿No hubo odio? En la misma semana han sido condenadas cuatro alimañas, dos menores, por el asesinato homófobo de Samuel Luiz.
Negacionismo, desinformación y ataque a la educación en diversidad afectiva y sexual son el caldo de cultivo donde arraigan el odio al migrante, el acoso a las personas LGTBI y el desprecio a la mujer, estrechamente vinculados a ideologías extremistas que son un peligro serio para la convivencia y una amenaza real para la Democracia. Cada día hay más gente infectada, sobre todo en una infancia y una juventud de cuya educación han abdicado sus progenitores en favor de internet y las redes sociales, para provecho de la extrema derecha.
Pepe Morales
