Annual 1921: Los vaticinios, por Julián Valle Rivas

general manuel fernandez silvestre annual lucenaNo mucho antes del desastre, el Ministro de la Guerra, vizconde de Eza, en una visita a la zona rifeña, pudo advertir de primera mano cómo prevalecía en el cuerpo allí destinado la voluntad del general Fernández Silvestre (en la imagen), incluso imponiéndose sobre la del comisario Berenguer. Y marchose del lugar, tras la oportuna ronda fotográfica, sin poner orden ni remedio. Otros, en cambio, sí manifestaron su parecer.

 


    El todavía entonces teniente coronel Ricardo Fernández de Tamarit, enterado de los planes de Fernández Silvestre para Alhucemas mientras integraba el Regimiento de África, a riesgo de su vida, lideró una incursión con el fin de determinar posibles rutas alternativas más seguras a las inicialmente previstas. Comprobados los resultados, cruzó correspondencia con Fernández Silvestre, indicándole el camino idóneo, pues había hallado agua, pastos y recursos abundantes, pudiendo discurrir el ejército sin problema grave. Fernández Silvestre la calificó de «inútil excusión», siendo su promotor un «fantoche», cuando él mismo no tenía dos testículos, sino tres. Ante tan vil grado de soberbia, le respondió Tamarit que su conciencia le imponía ser claro en sus argumentos, el aventurado camino hacia el desastre que Fernández Silvestre pretendía comandar con sus soldados españoles. Añadió que, pese a la apariencia de hombre enérgico, Fernández Silvestre continuaba siendo el «niño grande de siempre», hasta el extremo de que sólo podían defenderle los bigotes, «… si algún día te los afeitas estás perdido». Además, le remarcó que en la Policía rifeña existían elementos «… cuya conducta y depravaciones han levantado contra nosotros una tempestad de odios que se traducirá en un levantamiento general el día menos pensado, y más aún si tenemos un revés». Es decir, que volverían las armas contra ellos, como efectivamente sucedería. Consideró Tamarit que Fernández Silvestre, dándolo todo por hecho, se había instalado prematuramente en Sidi Dris, Afrau y Annual, sin consolidar la retaguardia, sin someter a los rifeños que quedaban atrás, con los evidentes peligros; de manera que, a la mínima de cambio, se encontraría a su espalda cinco o seis mil fusiles contra unas tropas que no estaban preparadas: «vivimos sobre un volcán». Remató Tamarit reprochando como una vergüenza aquello de que los coroneles se pasaran la vida en la plaza de Melilla o en España de permiso, «rascándose la barriga», y sólo fueran al campo cuando iban a desarrollar una operación con la columna; «… Y por lo que se refiere a tus tres testículos, sobre el que decírmelo era innecesario, te diré que yo sólo tengo los dos que me corresponden, y convencido de que todo cuidado es poco para reservarlos, no los uso a destiempo. Te suplico por el bien de todos no malgastes los tuyos prematuramente. Además, no es digno de ti ni de tu elevada posición emplear esos argumentos. Creo haber contestado cumplidamente a tu nota y, si algo falta, el día 18 estaré en Melilla, como ordenas, y lo completaré de palabra».

 


    Años después, cómo no, Berenguer declararía que no había estado convencido del todo con el plan presentado por Fernández Silvestre. Barato descargo, viniendo de un oficial de rango superior. Sin embargo, en su cargo, todavía en campaña, ubicados en Annual y antes de la ofensiva prevista sobre Alhucemas, se reunieron en la propia bahía Berenguer, Fernández Silvestre y los jefes de las cabilas afines. En aquella reunión los jefes rifeños ya avisaron de la incertidumbre que se podía otear, que los de Beni Urriaguel se negarían a cualquier pacto con los españoles y lucharían hasta la muerte. Ignorando o desentendiéndose de las perspectivas, Berenguer escribió una carta al vizconde de Eza en la cual aseveraba que «… la empresa militar de ocupar la bahía no tiene dificultades de gran monta. […] Creo que militarmente el problema de Alhucemas se puede considerar al alcance de nuestras manos». En el ínterin, Abd el-Krim, líder de los Beni Urriaguel, convocó a esos jefes cercanos a los españoles para amenazarlos con quemar sus casas, si no retornaban a la causa rifeña. Condición a la que se avinieron sin rechistar. Por su parte, Berenguer y Fernández Silvestre, en un alarde de arrogancia, bombardearon Axdir, capital del Rif, con el teórico objetivo de intimidar a los rebeldes y afianzar a los aliados. Desafortunadamente, era día de zoco en la localidad y la matanza fue terrible, razón por la cual la reacción fue la contraria: todas las cabilas se sublevaron contra los españoles.

 


    En abril de 1921, Fernández Silvestre había acudido a un acto protocolario en Valladolid, con presencia del Rey y el de Eza, donde fue colmado de parabienes por su estrategia africana. Mientras, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, en aquel evento, condenó la inmoralidad reinante en África y la entrega al juego de muchos de los jefes y oficiales, conductas que, de modo irremediable, conducirían a la catástrofe.

 


    El capitán general Valeriano Weyler, Jefe del Estado Mayor, explicó que los fusiles Remington fueron cedidos a los rifeños aliados, «… que se diferencian de los moros rebeldes en que estos últimos nos tiroteaban tanto de día como de noche, mientras que los sumisos lo hacían sólo de noche, dedicando el día a vacilar con el personal y a vendernos toda clase de baratijas. […] La única manera seria de pacificar el Protectorado sería concentrando a los sumisos, fusilarlos, y luego hacer una guerra normal y sin política contra el resto».


    Sobrecoge lo retorcido de la verdad. La realidad de que el Rey y el Gobierno eran conscientes del estado del protectorado africano. Los pronósticos no concedían hueco a la duda, los mandos estaban informados, el entorno era desalentador, y aun así, una extraña mezcla de megalomanía, altivez, desesperación, ofuscamiento, alucinación y patetismo inspiró la campaña, invitó al desastre.


Julián Valle Rivas

LAS REFORMAS POLÍTICAS Y SOCIALES DE LA II REPÚBLICA, por Fernando M. García Nieto

segunda republica española mujeresConstituido el Gobierno Provisional de la República en la primavera de 1931, aprobó por decreto el Estatuto Jurídico del Gobierno, en el cual ya se reconoce la libertad de creencias y culto, se propone la ampliación de derechos de los ciudadanos, se reconoce a los sindicatos, y el derecho a la propiedad privada sólo expropiable por razones de utilidad pública.  A esta “declaración de intenciones” se sumó la Ley de Amnistía aprobada el mismo 14 de abril.

 

 

A continuación, el Gobierno inició una senda de reformas. Decretó una serie de medidas secularizadoras, como la prohibición de asistencia a ceremonias religiosas por parte de las autoridades civiles y la derogación de la obligatoriedad de las misas en los cuarteles, y se autorizó a todas las confesiones religiosas a desarrollar actos de culto en lugares públicos o privados.

 


En el ámbito de la cultura y la educación, se crearon los Consejos de Instrucción Pública para elaborar los planes de estudios en la enseñanza, dejando fuera de esta competencia a la iglesia católica española, que la venía ejerciendo tradicionalmente. El Ministerio de la Instrucción Pública decretó la creación de las Misiones Pedagógicas con la finalidad de fomentar la educación y la cultura en las zonas rurales y extrarradios urbanos, mediante establecimiento de bibliotecas, jornadas de lectura, conferencias, cines, conciertos, y exposiciones de arte.  Se creó un plan quinquenal para el fomento de la alfabetización mediante la construcción de más de 10.000 nuevas escuelas.

 


El Ministerio de la Guerra, dirigido por Manuel Azaña, derogó la Ley de Jurisdicciones de 1906, que sometía a la jurisdicción militar las ofensas a la patria y las fuerzas armadas. Cesó a los capitanes generales de todas las regiones militares, e hizo jurar a todos los oficiales y jefes del ejército adhesión y fidelidad a la República. Se promovió el pase voluntario a la reserva o el retiro de los oficiales jefes y generales que lo solicitaran, para modificar la estructura militar, que contaba con un exceso de mandos respecto a la tropa existente. También se llevó a cabo una revisión de ascensos por méritos de guerra, antigua demanda de los militares peninsulares, que no fue bien recibida entre los africanistas.

 


El socialista Francisco Largo Caballero se encargó del Ministerio de Trabajo. Se regularon las relaciones laborales, fortaleciendo la posición de los sindicatos en los jurados mixtos y en la negociación de los contratos laborales, y la vigilancia de su cumplimiento. El decreto de Términos Municipales prohibió contratar jornaleros de otros municipios. Se decretó el laboreo forzoso de las tierras, y se aprobaron leyes de contrato de trabajo y jornada laboral máxima.

 


Posteriormente, tras las primeras elecciones de la República en junio de 1931, se debate en Cortes Constituyentes, y se aprueba una Constitución con un claro contenido programático de izquierdas. En su articulado se estableció la igualdad de sexos, el sufragio universal para mayores de 23 años, la igualdad de derechos civiles y políticos sin discriminación posible, la libertad de conciencia y el amparo de los ciudadanos ante el Tribunal de Garantías Constitucionales para la protección de sus derechos. Se fija el divorcio de mutuo acuerdo, o por causa justa, y el derecho a la propiedad privada únicamente limitado por su función social. Pero lo más innovador fue el establecimiento por primera vez en España, de los derechos económicos y sociales, lo que supuso la introducción de un perfil intervencionista del Estado, rasgo característico de las constituciones europeas de entreguerras.


clara campoamorClara Campoamor fue una firme defensora del voto femenino durante el debate constituyente de 1931.

 

 

 

Se vivieron momentos muy tensos en el debate de la cuestión religiosa y el artículo 26 de la Constitución, llegando a provocar una crisis de gobierno que se saldó con la dimisión de su presidente, Niceto Alcalá-Zamora, que fue sustituido por Azaña. La prohibición de la actividad industrial, comercial, y de enseñanza, a las órdenes religiosas asentadas en nuestro país, provocó como reacción la aparición de un movimiento católico revisionista encabezado por Gil Robles y el partido Acción Popular, núcleo aglutinante de la posterior Confederación Española de Derechas Autónomas, la CEDA. Este movimiento estuvo fomentado y respaldado por la jerarquía eclesiástica española y el propio Vaticano.


En cuanto a la organización territorial de España, esta quedó constituida en un Estado integral, fórmula intermedia entre Estado unitario y Estado federal, que permitía la iniciativa de las regiones para dotarse de sus propias instituciones de gobierno y legislativas, a través de sus propios Estatutos. Cataluña no tardó en presentar a Cortes su Estatuto, objeto de un arduo debate en la Cámara, que se vio acelerado por el intento de golpe de estado del general Sanjurjo en agosto de 1932. Finalmente fue aprobado en septiembre y Cataluña quedó constituida como región autónoma con amplias competencias educativas, legislativas, hacendísticas y sociales. Además, se estableció la cooficialidad de las lenguas castellana y catalana en su territorio. País Vasco y Galicia no tuvieron tiempo suficiente para lograr su autogobierno por el estallido de la Guerra Civil.


Con Azaña en la presidencia del Gobierno se presentaron para su aprobación en el Parlamento una serie de leyes especiales, que desarrollaron aquellas reformas contenidas en el articulado de la Constitución, como la Ley de Congregaciones y Confesiones Religiosas, la Ley de Garantías de la Expulsión de Extranjeros, la Ley de Reunión y Manifestación, Ley Electoral, Ley del Referéndum, Ley para la Iniciativa Legislativa Popular, Ley del Divorcio, Ley de Orden Público, etc.


Pero quizás la de mayor protagonismo en la época fue la Ley de Bases para la Reforma Agraria, promulgada el 9 de septiembre de 1932. La reforma agraria era una de las principales demandas sociales de la época. En ella se estableció la creación de un “inventario de tierras expropiables” por el Instituto de Reforma Agraria, que servirían para asentar a los campesinos sin tierras de cada municipio, previa inscripción en un censo del que se encargaban las Juntas Provinciales Agrarias. Esta reforma tardó al menos un año en poder llevarse a cabo y no consiguió la satisfacción de todas las expectativas que el proceso revolucionario republicano había despertado en los sectores menos favorecidos.

 

La Guerra Civil, y la posterior dictadura de Franco, supusieron el punto final para todas estas reformas, y la derogación de las leyes aprobadas por la República. Ya en julio del 36, la Junta de Defensa Nacional manifestó su intención de ahogar cualquier movimiento de rebeldía con la suspensión de los derechos civiles y políticos, y con la persecución y eliminación de las fuerzas políticas republicanas en el territorio bajo su control.

 


En 1938 se decretó el Fuero del Trabajo, ley fundamental del Movimiento, que estableció un “sindicalismo vertical” monopolizado por la falangista Organización Sindical Española. En el mismo año fue derogado el Estatuto de Cataluña y se prohibió el uso de la lengua catalana. Los dos primeros gobiernos de Franco anularon la reforma agraria y establecieron un régimen económico autárquico. Así, por decreto en agosto de 1939, se suspendió la reforma agraria y en febrero de 1940 se devolvieron por ley a sus antiguos propietarios las tierras ocupadas por el Instituto de Reforma Agraria republicano. El resto de las propiedades, aquellas que habían sido entregadas por la República a los campesinos, fueron recuperadas por la fuerza, y los salarios agrícolas se redujeron.

 


La Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 estableció la creación de tribunales especiales para perseguir a los políticos de la República no afines al Movimiento Nacional, así como para la depuración de los funcionarios fieles a la República. Un año después se decretó la Ley de Represión contra la Masonería y el Comunismo, y en el año 41, la Ley para la Seguridad del Estado, suspendiendo todas las asociaciones y “propagandas ilegales”, así como el derecho de huelga.

 


La libertad religiosa y de culto fue abolida desde el comienzo de la contienda en el bando nacional. La religión de la nación española sería únicamente la católica, apostólica y romana, con exclusión de cualquier otra. En 1941 franco firmó el convenio con el Vaticano, que recogía estos términos y devolvía a la Iglesia su influencia en la educación. La enseñanza debió ser conforme a la doctrina de la Iglesia a partir de ese momento y hasta la llegada de la democracia, a finales de la década de 1970.

 

Fernando M. García Nieto

EL “TURNISMO” EN LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA, por Fernando M. García Nieto

turnismo borbonicoLa imagen a color que nos sirve de introducción es una caricatura, publicada en la revista satírica “El Loro”, en 1882, de Antonio Cánovas del Castillo, a la izquierda de la imagen, usando monóculo, y Práxedes Mateo Sagasta a la derecha, estrechándose las manos, con el Congreso de los Diputados de fondo. En ella se trata de describir el acuerdo entre el Partido Conservador liderado por Cánovas, y el Partido Liberal de Sagasta. Un pacto para el relevo en el gobierno de ambos partidos dinásticos, que se conoce como “turnismo”, y que designa el sistema de alternancia en el gobierno de la Restauración.

 

“El Loro” fue una revista satírica catalana de la época, contraria al sistema político de la restauración, republicana y anticlerical, y presentó a los dos políticos, solos, ante la puerta de un Congreso desierto, sin presencia de otros representantes políticos, quizás como crítica a la hegemónica forma de gobierno de aquellos primeros años de la restauración de la monarquía borbónica, monopolizada por estas dos fuerzas políticas y sin alternativa. Una forma de gobierno que ignoraba principios políticos democráticos y republicanos, por los cuales corresponde al pueblo elegir a sus representantes y decidir quién los ha de gobernar, a través de un auténtico sufragio universal.

 


Por contra, el sistema de turnos garantizó la estabilidad política evitando los pronunciamientos militares y las crisis políticas que habían sido frecuentes hasta la llegada al trono de Alfonso XII. Pero en realidad era el monarca quien ejercía su “prerrogativa real” y decidía cuando había de cambiar el gobierno, y a quien correspondía formar el ejecutivo de entre ambas fuerzas políticas, entregando al líder designado el decreto de disolución de las Cortes y el permiso real para organizar la cita electoral. A través de una negociación a tres bandas, con los propios notables de sus distintas facciones, con los notables del partido dinástico contrario, y con los caciques locales, se decidían los diputados de cada distrito. Este procedimiento se denomina “encasillado” y de él resultaba la lista oficial de diputados que tenía que ser elegida “obligatoriamente”. Para ello era necesaria la intervención de una red clientelar de caciques locales, que ejercían presión sobre los candidatos alternativos que no aceptaban el encasillado, y utilizaban todo tipo de trucos y amaños para conseguir el resultado negociado previamente. Así, se empleaban estratagemas como la sustitución de las urnas una vez realizada la votación, conocida como “pucherazo”, el cierre de colegios electorales antes de la hora oficial, falseamiento de los censos, y si no era suficiente se recurría a la pura violencia.

 

Fernando M. García Nieto

Annual 1921: La corrupción, por Julián Valle Rivas

la forja de un rebelde la ruta arturo bareaUna interesante, a la par que recomendable, aproximación sería «La ruta», segunda novela de la trilogía «La forja de un rebelde» escrita por Arturo Barea, cuyos primeros capítulos son tristemente ilustrativos, pese a que el magisterio del autor nos refleje la naturalidad con la que era asumida en aquellos tiempos.

 


    El estado de las armas y del Ejército, adelantados en la anterior entrega, serían sólo la punta de un inmenso iceberg, porque, cuando una sociedad tiende a la corrupción, todo queda corrompido, y la clásica picaresca, que siempre nos mueve a la relajada jocosidad, degenera en un deleznable orgullo.

 


    Tanto en las altas instancias gubernativas o administrativas como en la oficialidad del Ejército, el nepotismo y el amiguismo campaban a sus anchas; así que, centrado ya el tema en la milicia, la selección de mandos era un cachondeo con repercusión directa en las desastrosas acciones de campaña. Las simulaciones de victorias militares guardaban la intención de limpiar la imagen de un ejército derrotado que se colmaba de laureles sin bajas, sin derramamiento de sangre española. De hecho, el cuerpo de la Legión Española, inicialmente denominado como Tercio de Extranjeros y, más adelante, Tercio de Marruecos, se fundaría en 1920 con el propósito de reunir una tropa de voluntarios capaz de formar unidades especializadas y profesionalizadas de hombres sin origen ni destino, sin nada que perder ni cuentas que rendir ni familia a la que entregar su cadáver.

 


    El propio Comisario Berenguer se preocupó de informar sobre el mal estado de los soldados en África, consecuencia de un presupuesto ridículo para una tropa en guerra. Circunstancia conocida por el Ministro de Guerra Luis Marichalar y Monreal, vizconde de Eza, quien omitió actuación alguna al respecto. Muchas veces había que componer mapas de manera intuitiva; comer en frío; dormir a la intemperie, debido a la ausencia de tiendas; calzar alpargatas durante las marchas, quizá buenas en verano, para los periodos de lluvia se hundían y clavaban en el barro de los caminos; olvidarse de disparar, al carecer de munición. Paradójico lo de los caminos y la munición. La ausencia de carreteras provocaba que los propios soldados se ocuparan de su construcción, valiéndose de la mano de obra local. Caminos que se construían de día y se desmantelaban de noche, para no interrumpir el flujo de fondos hacia los oportunos bolsillos; por supuesto, sin partida alguna para construir carreteras aptas para un nimio transporte motorizado. En cuanto a la munición, ésta se vendía por cientos a los nativos, cuyos ojos hacían chiribitas cuando entraba en liza como pago en los tratos; de modo que se llegó a la amargura de que soldados españoles murieron con las balas españolas. Hubo quien propuso cambiar el calibre, dado el excedente de un mercado bélico mundial apenas concluido, pero nadie, claro, estuvo dispuesto a acabar con el generoso lucro. En similar escenario anduvieron los fusiles Remington, popularmente conocidos como «pacos», por su característico sonido, material de intercambio en los negocios con los rifeños. Todo lo cual sin descuidar los incidentes con los barcos cargados desde España con ropas, calzados, tiendas de campaña y agua potable que, misteriosamente, se extraviaban durante el trayecto. Paradigmático fue el caso del mercante Churruca, fletado con depósitos de agua, que arribó en Gran Bretaña, ni más ni menos, para ser llenados y no poder ser descargados después en Melilla, debido a la falta de calado del puerto y de mangueras y depósitos auxiliares para el trasvase, quedando, entonces, varado durante meses y corrompiéndose el agua.

 


    Un cañonero y un yate militar fueron las únicas fuerzas de Marina destinadas a cubrir cuatrocientos kilómetros de costa y prestar apoyo a las tropas de tierra, de ser preciso. Tropas cuyo número, por cierto, aparecía falseado e incrementado en los listados oficiales, a fin de repartir el remanente entre los implicados. Incluso se hallaban, o no se hallaban, más bien, aquéllos que, por enchufismo o gracia, permanecían en la península, resguardaditos del calor y el peligro, pese a constar en destino. Luego, se encontraban los «Emboscados Ford»: hijos o allegados de familias adineradas que donaban coches Ford al Ejército para que sus cercanos los condujeran, eludiendo con ello el peligro de la primera línea y la penalidad del campamento. Mientras, los tocados por el infortunio hubieron de sufrir serias dificultades para conseguir agua potable. La higiene clamaba su ausencia y el hediondo ambiente repugnaba. Las ropas aparecían plagadas de piojos, las mudas se infestaban aun cuando se lavaban y secaban al aire.

 


    La inmoralidad reinaba por el territorio africano, sobre todo, o ante todo, entre la oficialidad. El juego y la prostitución eran vicios patológicos generalizados y una ruina para la soldadesca, criadero de chantajes y usos leoninos. A consecuencia, de 1920 a 1921, se suicidaron cuarenta jefes y oficiales y, por fallo del Tribunal de Honor, perdieron su carrera cuarenta y uno. El desfalco y la malversación estaban al orden del día, y hasta treinta oficiales destinados en África fueron expulsados por tamaña atrocidad. Además, la oficialidad no convivía con las tropas en los campamentos, allí, en mitad de los desiertos, cuajadas de penurias, sino que residía en Melilla, sujeta a un cordial sistema de turnos para los ejercicios de maniobras.

 


    Sin duda, el Protectorado no ejerció como tal, y la malnutrición, junto con otras desdichas varias, fue un caldo de cultivo para la sangrienta venganza. También pecó de un exceso de confianza, de altivez y soberbia. Se infravaloró a los rifeños, quienes, amén de ser expertos tiradores, mimetizaban con un terreno memorizado e innato, resultando propicias las emboscadas.

 


    En aquel conjunto o burbuja preparada para la calamidad, unos pocos hombres, decentes o avergonzados, advirtieron del desastre que se avecinaba, como el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, segundo al mando del Regimiento de Caballería Alcántara, quien fallecería en agosto de 1921, tras defender las múltiples retiradas de los soldados españoles.

 

Julián Valle Rivas

 

 

“¿EL MÉRITO ES DE TODOS?”, por Fernado M. García Nieto

 es merito de todos camapa  Hasta ahora me he limitado al ámbito de la historia y de la política para, desde la humildad de mi escasa formación, aportar entretenimiento a los lectores de este periódico digital. Pero hace días, en casa, pude ver el video de una campaña del Gobierno de España que no deja indiferente, sobre el cual pretendo, esta vez, hacer una crítica personal.

 


   En el pasado mes de junio el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 ha lanzado la campaña #EsMéritoDeTodos. En el spot de televisión se muestra una sala de neonatos en la que, los sanitarios, no solo documentan las condiciones físicas de nacimiento de los bebés, sino también las condiciones económicas y sociales de las respectivas familias en las que han nacido. “Es un recurso metafórico para llamar la atención de forma impactante sobre cómo esa variable va a decantar su futuro” (comentario del Ministerio en YouTube). El video se puede ver también en YouTube, y si acceden a esta plataforma multimedia, cosa curiosa, observarán que los comentarios públicos están desactivados, es imposible comentar públicamente el contenido, en un alarde más de libertad de expresión de nuestro gobierno progresista, impidiendo de este modo la rendición de cuentas directa ante los ciudadanos, y despreciando una posible evaluación de la aceptación de la campaña entre la opinión pública, pero este no es el tema de este artículo. (les dejo el enlace al final de este texto).

 


   Situémonos. El Ministerio de “Derechos Sociales y Agenda 2030”, ojo a nombre del departamento ministerial, está dirigido actualmente, tras la espantada de Pablo Iglesias, por Ione Belarra, Secretaria General de Podemos, y cuenta con un presupuesto de 3.836 millones de euros según los presupuestos generales del Estado para 2021. “#EsMéritoDeTodos es el nombre de una nueva campaña de concienciación sobre la pobreza que se hereda nada más nacer, con la que el Ministerio de Derechos Sociales quiere combatir la idea de que la promoción social depende solo del mérito personal” (comentario del Ministerio en YouTube).

 


   No entiendo muy bien cuál es el objetivo ni que se pretende con esta campaña, y me explico. ¿Es mérito de todos, la pobreza infantil?, ya de entrada el eslogan no es muy acertado porque lleva a malentendidos. Parece que se responsabiliza a la sociedad española como meritoria de los niveles actuales de la pobreza infantil, cuando es el gobierno quien debe garantizar la igualdad de oportunidades. Reconozco que luchar contra la pobreza es RESPONSABILIDAD de todos en una sociedad comprometida y cohesionada, otra cosa es como se entienda la manera de hacerlo.  Dejando el uso gramatical en el diseño de campañas a un lado, mi parecer es que la pobreza infantil es un concepto “inventado” con una finalidad estadística, que algunos emplean con fines ideológicos. Para mí la pobreza de los niños es la pobreza de sus familias, de sus padres, que son los que tienen el deber, y el deseo, de sustentarlos y protegerlos hasta que alcancen su independencia personal.

 


   Sigamos con los comentarios del video en YouTube. El ministerio de Belarra continúa explicando: “En octubre de 2020, el Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil publicó un estudio que concluía que “la pobreza infantil es la principal vía de reproducción intergeneracional de la pobreza”. En otras palabras: quien ha crecido en la pobreza, probablemente será pobre de adulto (…) El propio presidente del Gobierno declaró en febrero de 2021: “La idea de que siempre triunfan los que se esfuerzan es falsa. La pobreza se hereda: quienes crecieron en hogares en situación vulnerable padecen más riesgo de pobreza en la actualidad. Nuestro objetivo es dar la vuelta a esta realidad. Conseguir una sociedad justa y en igualdad” (…) La reducción de las desigualdades es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y del conjunto del Gobierno de España. Por ello, desde el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 lanzamos la campaña #EsMéritoDeTodos, con el fin de concienciar a la sociedad sobre una de nuestras mayores problemáticas actuales: que las desigualdades en la cuna son la cuna de las desigualdades. La idea de que la promoción social depende exclusivamente del mérito y el esfuerzo individual (un enfoque que obvia las condiciones de origen de las personas las culpabiliza de su situación como si se tratara de un problema individual de falta de empeño o capacidad y genera un relato legitimador de las desigualdades sociales) está detrás de problemas de autoestima y salud mental de miles de ciudadanos y ciudadanas (…) En este contexto, el Gobierno considera fundamental mandar un mensaje claro: el bienestar futuro de los niños y niñas no es algo que dependa solo de su mérito individual, sino de una sociedad que garantice la igualdad de oportunidades; #EsMéritoDeTodos”.

 


    Todo muy bonito, y no se puede negar el gancho que tienen las imágenes, quizás porque todos estamos de acuerdo en el concepto de la protección de los menores y la necesidad de garantizarles un futuro mejor. Mi opinión es que no corresponde a la sociedad garantizar la igualdad de oportunidades porque cualquier garantía de este tipo debe venir de los poderes públicos y los ciudadanos sólo podemos modificar nuestra propia conducta, y, por tanto, se está responsabilizando a la sociedad de un deber personalísimo del propio Gobierno. Pero, además, ¿el objetivo es concienciar?, ¿No deberíamos dedicar esos recursos a cambiar esa realidad directamente?, es decir, teniendo en cuenta que ninguna persona en su sano juicio está de acuerdo con la pobreza, infantil o adulta, ¿No estamos perdiendo el tiempo con campañas de concienciación, cuando es el Estado el que tiene que fomentar las condiciones para poder reducirla? Y eso, ¿Cómo se hace? ¿Qué debemos hacer cada uno de nosotros para arreglar esta situación de pobreza? ¿Acaso pagar más impuestos? ¿Cómo podemos cada uno de nosotros garantizar la igualdad de oportunidades en nuestra sociedad? Repito, no podemos hacerlo, es el Gobierno el que debe garantizarla, no necesitamos que nos conciencien para algo que no nos corresponde personalísimamente hacer a nosotros. No quiero pensar que en realidad están preparándonos el cuerpo para introducir la “genialidad” de una tasa social o algo parecido, en cuyo caso, considero que primero se debería reducir el número de ministerios, veintidós departamentos aún después de la reciente reforma del Consejo de Ministros, y hacer un uso más eficiente y responsable del dinero de los españoles.

 


   Si de verdad se quiere reducir la pobreza se debe, por ejemplo, invertir en educación y formación profesional, luchar contra el absentismo escolar, facilitar el emprendimiento eliminando trabas burocráticas, invertir en investigación, ciencia y tecnología, bajar los impuestos para que la gente tenga dinero para gastar, así aumente la demanda agregada y consecuentemente también la creación de empleo, premiar el esfuerzo con becas para el estudio y la formación laboral, promover el intercambio internacional de estudiantes para el enriquecimiento técnico del factor mano de obra, reproducir experiencias, ideas y estrategias de otros países con niveles de pobreza inferiores al nuestro, apoyar el esfuerzo empresarial y crear las condiciones para multiplicar nuestras exportaciones, y todo esto requiere de una acción de gobierno coordinada entre los distintos Ministerios. No basta con concienciar, es más, en determinadas materias, estas operaciones de “merchandising” político son un despilfarro de dinero público, cuando no una PROPAGANDA, pura y dura, para incidir nuevamente en la división social entre ricos y pobres, entre “los de arriba y los de abajo”, como decían los mismos ministros que se manifestaban allá por el 2011, en la Plaza del Sol de Madrid, contra “la casta” incapaz de dar soluciones a la crisis económica. Ahora gobiernan, son casta, y todavía seguimos igual, nuestros jóvenes mejor formados emigran en busca de oportunidades, porque no las encuentran en España. Podríamos pensar que es consecuencia de la Pandemia y la subsiguiente crisis económica. Sin embargo, solo hay que echar un vistazo a otros países de nuestro entorno afectados igualmente por el virus, para comprobar que tienen previsiones de crecimiento económico mejores que las nuestras, no nos valen esas excusas. Más bien entiendo que, desde un Ministerio creado para satisfacer al socio necesario, y vacío de competencias, es muy difícil hacer algo más productivo y la Sra. Belarra se tiene que conformar con concienciar a la sociedad.

 


   Si partimos de que el Estado no puede sustentar económicamente a la población para acabar con la pobreza, convendremos todos que es una utopía desfasada hace tiempo, porque el dinero no sale de los árboles, ni se puede imprimir a voluntad, como insinúan algunos pseudoeconomistas emparentados con el Gobierno, sino que proviene del trabajo de los ciudadanos que pagan impuestos, concluimos pues, que ese mismo Estado lo que debe hacer es aplicar las políticas públicas oportunas e invertir los recursos necesarios para favorecer las condiciones que permitan a la gente salir por sí misma de la pobreza.

 


   Esta campaña se justifica con “un estudio” del Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil. Este es un órgano del Gobierno de España, dependiente orgánicamente de la Presidencia del Gobierno, encargado de la coordinación de actuaciones dirigidas a luchar contra la desigualdad y la pobreza infantil. El Alto Comisionado fue creado por el gobierno socialista en junio de 2018. Depende del presidente y para mí es otro chiringuito más. Porque considero que no es necesario un estudio para saberlo, la reproducción intergeneracional de la pobreza existe, igual que existe la reproducción intergeneracional de la riqueza, es obvio, y siempre ocurre así, también en la Unión Soviética, en Cuba y en Venezuela, donde seguramente sea más frecuente que en España esta “problemática actual”.

 


   La movilidad social y la posibilidad de salir de la pobreza o, por el contrario, entrar en “riesgo de pobreza”, depende principalmente de la educación/formación y la igualdad de oportunidades que disfrutemos los ciudadanos, ambas relacionadas entre sí directamente, y el Gobierno es quien tiene que garantizarlas. Ahora bien, quienes tenemos que aprovecharlas somos nosotros desde nuestra adolescencia, esforzándonos en estudiar y hacer méritos para nuestro futuro profesional. ¿Cómo se sale de la pobreza? Cómo si no, esforzándonos en aprender y trabajando. Pero nuestro Gobierno se dedica en esta ocasión a concienciarnos de que sólo con el esfuerzo y el mérito no se logra. Espero que al mismo tiempo estén creando las condiciones para que podamos estudiar y trabajar en libertad, porque para mí, es más eficaz contra la pobreza infantil combatir la pobreza de sus familias, es decir, procurar la creación de empleo y garantizar las mejores condiciones de este, y eso no se hace con eslóganes y “propaganda para la conciencia”.

 


   Por supuesto que la movilidad social no depende sólo del mérito y el esfuerzo, y claro que no es lo mismo salir de atrás, pero estas son condiciones sin las cuales es imposible progresar en la vida por uno mismo. ¿Acaso debemos esperar plácidamente que un Gobierno nos saque de la pobreza? Craso error, la historia ha demostrado una y otra vez el fracaso de este anhelo. Hubiera sido más eficaz una campaña para fomentar este esfuerzo personal, y para motivar a los jóvenes en edad escolar y universitaria, o de aprendizaje profesional, a esforzarse cada día por hacerlo más y mejor. No ayuda concienciarlos de que si son pobres cuando nacen van a ser pobres cuando sean adultos.


Ver video: https://youtu.be/aY98Vqf4_4E


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Fernando M. García Nieto

Annual 1921: El Ejército, por Julián Valle Rivas

  annua lejercito español 1921 El general Manuel Fernández Silvestre, jefe de la comandancia de Melilla, soldado aguerrido donde los hubiera y sobrado de arrestos (baste ojear su hoja de servicios), estaba convencido de que triunfaría allí donde otros ni se habían atrevido a entrar. Informado del denuedo de Fernández Silvestre, el Alto Comisario, general Dámaso Berenguer, compañero de promoción y mando único de las comandancias del protectorado, ubicadas en Larache, Ceuta y Melilla, propuso a Fernández Silvestre tomar Alhucemas con un movimiento de pinza; de manera que él partiría desde el oeste, desde la comandancia de Ceuta, mientras que Silvestre lo haría desde el este, desde su comandancia de Melilla. El plan ofendió a Silvestre, quien entendió el ofrecimiento de Berenguer como un proyecto para adelantársele y hurtarle la gloria.

 

 

   En este punto, cuadra precisar que Fernández Silvestre, era amigo, u hombre de confianza, al menos, del rey Alfonso XIII; aunque, ciertamente, la relación no termina de estar muy bien trazada por la Historia. Lo que sí parece claro es que el Rey tenía intereses (probablemente, económicos) en el norte de África, razón por la cual se le ha identificado como incitador, instigador o inductor de la presión sobre sus generales, a fin de acelerar el proceso de pacificación del Rif. De hecho, parece que el Rey envió un telegrama a Fernández Silvestre, fechado el 21 de julio, en el cual le decía que lo esperaba en Madrid el día 25 (día de Santiago Apóstol), conminándole a resolver el lance con una rápida victoria.
 
 
   El caso es que, el 15 de enero de 1921, la columna de Fernández Silvestre llegó a Annual, como escala estratégica previa a la incursión sobre Alhucemas, a ciento seis kilómetros de su puesto de origen y a cuarenta de su destino. Ciento seis kilómetros de retaguardia con mínimos y distanciados refuerzos y plagada de tribus de cuestionable lealtad.
 
 
   Pero el estado del Ejército español era funesto. Culpado moralmente (de forma inmerecida, pues la mala gestión política fue evidente) del Desastre del 98, se hallaba desmantelado, pese a su inmensidad. Así, en 1909, en comparativa con los militares en activo británicos, el Ejército español disponía de 111.000 soldados frente a los 370.000 británicos; no obstante, también se computaban 60 generales de división frente a los 34 británicos; 419 coroneles españoles frente a 377; 857 tenientes coroneles españoles, cuando los británicos disponían de 440; los tenientes generales españoles eran 30, para Gran Bretaña había 20 (Francia y Portugal tenían 3 cada uno). En 1895, España tenía 562 generales y 1.769 coroneles y tenientes coroneles. En 1921, se alcanzó la desorbitada cifra de 832 generales (un 48% más) y de 2.656 los coroneles y tenientes coroneles (50% superior). La relación oficial/soldados en Alemania era de un oficial por cada veinte soldados; en Francia, uno por cada veintitrés; en España, un oficial por cada cuatro soldados. La multiplicación de los oficiales superiores fue, en consecuencia, demencial, disparatada, insensata. Con tal retablo, resulta obvio que una gran parte del presupuesto militar, fuera éste mayor o menor, se destinaba a las partidas dedicadas a cubrir el sueldo de los oficiales; en concreto, la mitad, cuando en países del entorno oscilaba entre la sexta y la octava parte. Sin olvidar la mala distribución, con apenas el 20% reservado al norte de África, donde se desarrollaba la guerra.
 
 
   Asimismo, el ordenamiento jurídico preceptuaba la constitución de la exorbitada cifra de dieciséis divisiones para el Ejército español. Sin embargo, cuando Fernández Silvestre, angustiado, reclame refuerzos divisionarios el 21 de julio, no encontrará ninguno completo. Tampoco existía escuadra marítima. Y de la aérea, qué contar, la falta de previsión brilló con esplendor. En los aeródromos de la zona oeste (Ceuta, Tetuán) podría haber entre veinticinco y treinta aviones, muy bien retenidos en los hangares; en lo que a Melilla se refería, sólo dos estaban operativos, aunque ni siquiera había pilotos para cubrir los puestos.
 
 
   El escenario, desde luego, aparecía muy poco ejemplarizante, descubriéndose en la moral de la soldadesca. Del 4% de deserciones a finales del XIX se pasó al 22%, en 1914. La instrucción era deficiente o inexistente; las levas, forzosas; los oficiales, deseosos de reivindicarse tras los acontecimientos de 1898… Un auténtico desastre… El armamento… Se relacionó que hasta un 75% de los fusiles Mauser se entregaron descalibrados, la mayoría de las ametralladoras Colt no funcionaban…
 
 
    Sobrecoge conocer la estrategia general trazada para la conquista del Rif: pactar con los jefes de las cabilas el pago de una cantidad de dinero; de modo que, al llegar el Ejército español, simularan una acción de defensa, para huir de inmediato. Rondaba el precio las quinientas pesetas mensuales (más o menos el sueldo de un capitán), que los cabecillas repartían a dos pesetas diarias entre sus filas. Pero llegó el momento en el que los jefes que no se acomodaron al soborno o, directamente, no se les bridó ninguno espetaron a sus análogos lo intolerable de la actuación. Los jefes aliados, guiados por un supuesto código, pasaron de poner la mano a atacar por sorpresa a cualquier español que asomara la cabeza por su territorio, empleando muy ricamente el dinero recibido para comprar munición suficiente al efecto.
 
 
   Pronto se comprobó la ausencia de comunicaciones, sin caminos preparados, la desconfianza hacia las cabilas aliadas, los informes negativos al ataque y la inanición de los rifeños, ante la dejadez del Gobierno español, comportamiento que indignó al propio Fernández Silvestre. Los rifeños, desesperados, rebuscaban entre los excrementos de los caballos de los soldados españoles miserables granos sin digerir que llevarse a la boca.
 
 
   A toda esta barbaridad se le habría de sumar la circunstancia de que, corolario de la Semana Trágica, se intentó modificar el sistema de levas con una legislación a través de la cual se dispuso que, tras cinco meses de servicio, el soldado se podría dar por licenciado con el pago de dos mil pesetas y previo informe positivo de sus oficiales. La corrupción, entonces, se desbocó.
Julián Valle Rivas

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