Olvidar a Garci, por Julián Valle Rivas

el crack cero garci carlos santosDesconozco, lo he manifestado en alguna que otra ocasión (probablemente, lo haga cada año), cuáles son los criterios que, en ocasiones, adopta la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España para otorgar los Premios Goya. Si es una cuestión de azar, en plan lanzar carátulas al aire y escoger las caídas de cara o sacar el palito más largo, para recibir la estatuilla; si es una cuestión de velado soborno, el cual no tiene que ser necesariamente dinerario, sino abonado en variopinta especie; si es el resultado de una compleja fórmula informática, ejecutada por una máquina escacharrada; si es la patética corrección política, manchada por el borreguismo de masas. La cuestión es que la lógica o el raciocinio (de ser de digna viabilidad patria) tienden, con putrefacta frecuencia, a dejar nota de su ausencia, como el padre informal que, por despiste o pasotismo, no se presenta en la función navideña o en el concierto de piano de su hijo.

Ley de vagos y maleantes, por Antonio Sánchez Villatoro

Ley de vagos y maleantesLa Ley de Vagos y Maleantes (conocida popularmente como la Gandula) fue una ley del Orden Penal español de 4 de agosto de 1933 aprobada por consenso de todos los grupos políticos en las Cortes de la II República referente al tratamiento  y control de vagabundos, nómadas, o rufianes sin oficio, entre otros, de comportamientos considerados antisociales.

Constitucionalidad coronavírica, por Julián Valle Rivas

constitucion española carta magna coronavirusMientras aguardamos la venida del rebrote coronavíco, con mayor o menor ansiedad con la que el creyente aguarda la venida (primera, segunda o tercera) del verdadero mesías, pues resulta a todas luces incompatible con la ínsita naturaleza humana el respetar un par de normas básicas de convivencia (o cualquier norma básica de convivencia), como mantener cierta distancia social o usar mascarilla (aunque en esto de la mascarilla se reconoce que la autoridad competente, o incompetente, ha vaiveneado con chapucera desconfianza), o el controlar la entrada de turistas, porque es imprescindible el chequeo del fajo de billetes, no de la sangre infectada; mientras aguardamos lo previsible, entonces, no estaría de más situar el reciente periodo de emergencia en su contexto constitucional, al tiempo que justifico, con rudimento tangencial, el título que, con barroquísima piezometría en su paternal marco, cuelga por alguna pared, y cubro las líneas mensuales que el derecho consuetudinario, con más pena que gloria, concede a esta casa lucenesa, clausurando, así, la trilogía.

Humildad coronavírica, por Julián Valle Rivas

Que un bicho microscópico, de composición acelular, nos haya jodido tanto la vida (¡y lo que nos queda todavía, oiga!) debería invitarnos o habernos invitado, en estos días de enclaustramiento, a reflexionar tanto sobre nuestra condición mortal como sobre nuestra responsabilidad material y moral en todo el cotarro coronavírico.

Sobre amigos, escuelas y tés, por Julián Valle Rivas

 Hoy es una tarde de febrero atípica, en un invierno preocupantemente extraño. El sol ningunea entre las nubes, como si la opacidad del fenómeno se manifestara incapaz de ensombrecer, pese a la distancia, la radicalidad de su fulgor. La calidez de la luz aprieta, entonces, de manera intermitente, apareciendo y desapareciendo en función del caprichoso avatar del nubífero desplazamiento catalizado por una suave brisa templada, alarmante para el ciclo.

Hipocresías coronavíricas, por Julián Valle Rivas

Qué fácil es ser solidario, cuando se tienen colmadas las necesidades, cuando se dispone de todo y en ingentes cantidades. Que fácil es proponer, solicitar o animar, cuando no se carece de nada, ni nada se arriesga en el intento.

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