La sociedad petarda, por Pepe Morales

Se suele llamar música a una combinación de melodía, ritmo y armonía o a una sucesión de sonidos modulados para recrear el oído. Frente a la música, se llama ruido a un sonido inarticulado y molesto, o a una interferencia que entorpece la comunicación. Entre una cosa y la otra, hay sonidos híbridos en los que, a veces, convergen ambos conceptos, como el reguetón o el chunda–chunda, llegando a menudo a ser motivo de disputas familiares y vecinales por aspectos concretos como la tipología, la hora y el volumen.

Dicen que la cultura mediterránea es festiva, ruidosa, jaranera, juerguista, bulliciosa. Entre griegos, italianos y españoles, destacan los andaluces a la hora de improvisar un sarao o hacer ruido. Bienvenidas la música y la fiesta, señas de identidad de un pueblo por ello admirado, y maldita su afición al ruido que contribuye a peor fama. Es habitual que, ante un sarao, la gente se sume a él y participe de buen rollo. El ruido acaba con frecuencia en bronca y no es raro que la cosa derive a urgencias y al juzgado.

A unas personas les gusta Carmen Linares, a otras Paganini, a otras Dylan, o Rosalía, o AC DC, o Serrat, o Rodrigo Cuevas, o Camela, o El Consorcio… Es comprensible el gusto del ser humano por la música, algo culturalmente asentado y psicológicamente benigno. La música es útil en muchas facetas de la vida: salud, economía, educación, convivencia… hasta en la guerra es utilizada para infundir valor a la tropa y amedrentar al enemigo. Dijo León Gieco: la música es una cosa amplia, sin límites, sin fronteras, sin banderas.

Lo que no se comprende, y merece un análisis facultativo, es la querencia de las personas por el ruido. Hay ruidos necesarios y útiles, a pesar de su molestia inherente; algunos son cotidianos, otros puntuales y otros casuales, como el camión de la basura, una obra o el llanto madrugador de un bebé, por ejemplo. Su repercusión negativa en la salud de personas y animales hace que las autoridades regulen legalmente aquellas actividades que generan ruido en distintos ámbitos de la actividad humana, públicos y privados.

Hay personas aquejadas de falta de empatía que no respetan a la sociedad, a sus vecinos, ni a las leyes. Son las que hallan irresistible algo tan perturbador como sobresaltar a otras y provocar el pánico a inocentes mascotas haciendo estallar petardos. En las edades infantil y adolescente, tiene un pase la atracción por el riesgo dada la escasez de razón y el exceso de irresponsabilidad, pero superadas estas épocas, la persistencia de la atracción hace pensar que hay algún trauma no superado rondando a estos individuos.

Hay que diferenciar el atavismo de ciertas tradiciones (como las mascletás valencianas o los fuegos artificiales de la fiestas mayores, ambos casos aquejados de obsolescencia cultural) del comportamiento garrulo de quien molesta al vecindario cuando gana su equipo, va de boda o se excede con el alcohol en algún evento de su peña o cofradía. Son individuos (casi siempre machos: un dato para analizar) disruptivos y peligrosos a los que poco importa dañar a terceros, ensuciar calles y patios o incendiar una gasolinera.

Mientras tanto, la autoridad municipal suele prestar oídos sordos a las quejas y denuncias de particulares y colectivos animalistas ante estos casos, a pesar de que diferentes leyes y ordenanzas protegen a la ciudadanía y a las mascotas de estas conductas incívicas y peligrosas. Es otra seña de identidad de la cultura mediterránea actuar y aplicar la ley cuando ocurre una desgracia, la cultura de la prevención es para países desarrollados: aquí, se reza para que no pase nada irremediable o por las víctimas en su caso.

Pepe Morales

Fútbol de mancebía, por Pepe Morales

La corrupción en el fútbol es total y absoluta: el negocio ha barrido la sana competición deportiva con la sucia escoba del dinero. Sucede en otros ámbitos deportivos, pero en el fútbol es sangrante por ser la droga más consumida en el mundo por adictos de toda edad, sexo y condición. Para vencer hoy día no basta el lema olímpico “Citius, altius, fortius” (Más rápido, más alto, más fuerte), hay que ser también “opulentius” (más rico). Los equipos, con raras excepciones, llevan décadas tirando de la cartera en lugar de la cantera.

Aún reciente, la faz machista del expresidente Rubiales ha dejado en segundo plano su habilidad negociadora para prostituir el fútbol patrio vendiéndolo al mejor postor, en este caso el moro Saudí, en línea con lo perpetrado por la FIFA con el mundial de Qatar. Avergüenza que la Supercopa “de España” sirva para blanquear una dictadura misógina, homófoba, genocida y asesina de periodistas por un puñado de dólares mal repartido entre el bipartidismo de la liga y dos convidados de piedra para hacer bulto en un bolo devaluado.

Uno de los privilegiados de la liga, y estrechamente vinculado con el petrodólar, ha puesto al descubierto el verdadero cariz de Arabia Saudí en las recomendaciones que ha dado a los hinchas que se desplacen a esa dictadura para ver a su equipo jugar. Hay que tener presente que el forofo futbolero, poco seso y bastante dinero, no entra en este tipo de análisis y suele simpatizar con posiciones cercanas al autoritarismo y la sociopatía, sea en formaciones de extrema derecha como Vox o en dictaduras como la Saudí.

Advierte el comunicado blaugrana a su “afición” que está prohibida y es ilegal la introducción, venta, compra y consumo de alcohol y de drogas en el país. ¡Menudo contratiempo para un grupo social que suele estar colocado en la grada y fuera de ella! Otra adversidad es tener que renunciar al bocata de lomo, chorizo o jamón serrano, al estar prohibida también la introducción, venta y consumo de cerdo. Tendrán que hacerse el cuerpo para engullir pinchos morunos de pollo, shawarmas, cucuruchos de falafel o fiambreras de cuscús.

Recomienda el Barça tener respeto y prudencia en los comportamientos en público y las demostraciones de afecto, evitando comportamientos indecentes como actos de carácter sexual (¿tocar el culo o los paquetes de la pareja?, ¿morrear?, ¿pegarse el lote en el asiento trasero del coche?). Y mucho ojo con las relaciones entre personas del mismo sexo y las muestras de apoyo al colectivo LGBTI, incluso en redes sociales, ya que pueden ser detenidas ipso facto, lapidadas o colgadas de una grúa públicamente.

El hincha culé debe adoptar una actitud discreta y respetar estrictamente los usos y costumbres del país: donde fuere, haga lo que viere, nada de barretinas y mucho menos sardanas. Deberá evitar las concentraciones de personas, sobre todo los actos públicos o religiosos, y ha de ponerse en contacto con la autoridad local si observa algo “sospechoso". Las leyes de Arabia prohíben concentraciones, manifestaciones, marchas y cualquier actividad que el gobierno considere contraria a la paz social o al orden público.

Como diría cualquiera de los prebostes que han manejado y manejan la caja y el palco del Camp Nou: “Salut i pessetes i el demés a fer punyetes”.

Pepe Morales

GLOSANDO A MIGUEL HERNÁNDEZ, por Alfonso Jiménez

Vísperas de Reyes. Ninguna fecha me invita mejor a evocar la figura inconmensurable de Miguel Hernández, uno de los mejores poetas españoles de todos los tiempos, que, habiendo sido injustamente condenado tras la guerra civil, murió tuberculoso en la cárcel cuando sólo tenía 31 años.



              Por el cinco de enero,                             Y encontraba los días
              cada enero ponìa                                    que derriban las puertas,
              mi calzado cabrero                                 mis abarcas vacías,
              a la ventana fría.                                     mis abarcas desiertas.


 Por medio de este escueto comentario, quiero honrar en mi blog a este grandioso poeta y reavivar una de las más bellas composiciones escritas en la lengua castellana: Las desiertas abarcas.

             Nunca tuve zapatos,                                 Me vistió la pobreza,
             ni trajes, ni palabras;                                me lamió el cuerpo el río
             siempre tuve regatos,                                y del pié a la cabeza
             siempre penas y cabras.                           pasto fuí del rocío.


Espero que mis lectores amigos perdonen el atrevimiento de tratar de glosar con tanta austeridad verbal el poema de Miguel Hernández, pero no quiero que mis escasas dotes literarias sean una traba para rescatar del silencio los bellos versos del poeta-pastor.

            Por el cinco de enero,                                 Y al andar la alborada,
            para el seis, yo quería                                 removiendo las huertas,
           que fuera el mundo entero                           mis abarcas sin nada,            
           una juguetería.                                             mis abarcas desiertas.

Quizás sea el momento de decir, eso sí, que nadie del mundo literario ha llegado a expresar con más lirismo, emoción y ternura el drama infantil que viven los niños pobres la Noche de Reyes.

           Ningún rey coronado                                   Toda gente de trono,
           tuvo pié, tuvo gana                                       toda gente de botas
           para ver el calzado                                       se rió con encono
           de mi pobre ventana.                                    de mis abarcas rotas.

Pero Miguel Hernández no se queda en el mero lirismo estético. Su alarido poético es también un grito desgarrado contra la injusticia social patente en toda su obra.
   
                                                  Rabié de llanto, hasta
                                                 cubrir de sal mi piel,
                                                 por un mundo de pasta
                                                 y unos hombres de miel.


 Esta noche, la noche del cinco, en todas las ciudades y rincones de España se consumará, un año más, la terrible injusticia que el poeta del pueblo y de la luz denuncia en sus versos: el derroche de unos, la abundancia de otros y la amarga carencia en los más desfavorecidos.

          Por el cinco de enero,                                     Y hacia el seis, mis miradas
          de la majada mía                                            hallaban en sus puertas
          mi calzado cabrero                                         mis abarcas heladas,
          a la escarcha salía.                                         mis abarcas desiertas.


Lo repito. He glosado estos versos con dolor y temblor. Ha sido un atrevimiento que intento ocultar en mi propio pudor, pero tenía que hacerlo porque son incomparables y mucho menos conocidos de lo que merecen, ya que su obra fue injustamente silenciada durante muchos años. Que Miguel Hernández me perdone.

alfonjimenez.blogspot.com

Salud, dinero y amor, por Pepe Morales

Corren malos tiempos para la ilusión y aciagos para los deseos. El rito de las uvas, viendo a señoras mostrando carnes junto a sus compañeros vestidos de impoluto traje demodé, se completa con brindis al sol y deseos todo a cien entre los que destacan los clásicos de salud, dinero y amor. Ni siquiera tienen cabida en la noche de Reyes, llamada de la ilusión por ser ajena a la realidad, donde la familia cumple sus propios deseos con la excusa de atender los caprichos de una infancia acosada por el marketing navideño.

Cada día es más complicado definir el amor. En esta palabra, donde el sentimiento afectivo se encuentra en franca regresión y minoría, se emboza, taimado, el machismo, alentado por la ideología de extrema derecha negacionista de la igualdad hombre/mujer. Esta misma ideología priva de desear amor a todas aquellas personas que amen a otras al margen de un canon excluyente, persiguiendo al colectivo LGTBi con el odio y la crueldad propios de una época dictatorial que añoran y cuya vuelta reclaman públicamente.

Casi todo el mundo desea dinero suficiente para cubrir, al menos, las necesidades básicas de una vida repleta de agujeros como un queso emmental. En 2023, la ciudadanía ha gastado 3.318 millones de euros en Lotería de Navidad y el día 6 repetirá la paradoja de derrochar dinero para ganar dinero con el Sorteo del Niño. Dinero llama al dinero y es por eso que los gobiernos del Partido Popular perdonan impuestos a las grandes fortunas y se oponen a medidas como la Reforma Laboral, el IMV o el SMI que alivian al trabajador.

El deseo de salud es hoy más que nunca incumplido para quienes sufren la furia privatizadora de las derechas. La atención primaria está inmersa en pleno proceso de desmantelamiento por parte del presidente Bonilla, habitual modus operandi de su banda: el Madrid paraíso fiscal de Miguel Ángel Rodríguez, la Valencia corrupta de Camps y Barberá, la Galicia de Feijóo o la Murcia de Vox son el modelo. Han dimitido dos responsables de la Consejería de Sanidad mientras la enfermera que la dirige sigue cargándosela.

Tras más de un año sin publicar los datos, se descubre a más de un millón de andaluces en lista de espera para una operación o para consulta con el especialista mientras el gobierno de Bonilla riega con casi mil millones de euros a la sanidad privada cometiendo “infracciones legales insubsanables”, según ha apreciado el Tribunal Administrativo de Recursos Contractuales de la Junta que ha anulado el procedimiento de adjudicación, ejemplo de la pésima gestión del gobierno andaluz que perjudica así la salud de los pacientes.

La atención primaria prácticamente no existe y los pacientes notan en sus bolsillos la eliminación de la subasta de medicamentos para beneficiar a la empresa de la consorte del presidente. A pesar de todas estas anomalías, denunciadas por sindicatos médicos y de enfermería, aparece Bendodo mintiendo y acusando a María Jesús Montero de maltratar la sanidad andaluza cuando fue consejera. Andalucía paga con su salud el desatino del misógino populista Spirimán al que el PP, por algo será, va a dedicar una calle en Granada.

Cabe recordar que los Reyes y Papá Noel no existen, que la Navidad es una feria de la vanidad y que la única forma de que los deseos sean atendidos es no votar a quienes tienen por objetivo joder la ilusión de las clases más desfavorecidas. La sociedad andaluza infantilizada acepta sumisa los engaños continuos de la camarilla pepera mientras roban en sus narices la Sanidad y la Educación públicas, además de propiciar una subida general de impuestos y tasas en ayuntamientos y diputaciones donde gobiernan.

Pepe Morales

Gardel vuelve a España, por Julián Valle Rivas

carlos gardel en españa lucenaCuando, hace unos tres años, insté al lector curioso, aquél que se rebela contra los modernistas parámetros del acomodo social, pastoreados por los insomnes acólitos del borreguismo, adentrándose con vigor en los ignotos laberintos del pensamiento ilustrado, dispuesto a aliviar de telarañas los recónditos recovecos del conocimiento humanista, a leer con admiración el ensayo guerrerense que recopilaba las andanzas del cantor Carlos Gardel por suelo patrio, lo hacía en la conciencia de que la obra quedaba abierta a la expansión, insuflada por el ímpetu de rescatar las historias desconcertadas por el camino del tiempo, vagantes o desterradas, proscritas o aisladas, siempre esperanzadas en soldar las líneas gravitatorias de la verdad, como fundamento del saber y acicate del espíritu crítico.


    Porque la Historia no es tal, si se imprime con la tinta corrediza de la especulación y la formulación indirecta del suceso; si no se acude a las fuentes originarias, primigenias, arrastrándose entre la papelería ocre, descuajaringada, quebradiza y escocida, que vence la horizontalidad de las baldas que cuadriculan los archivos desaforados por los pseudoinvestigadores más interesados en el brillo del escaparate que en la difusión responsable de los acontecimientos.


    Pero Manuel Guerrero se zambulle sin rubor en las hemerotecas prensadas con los tipos esculpidos por el barroquismo añejo, el que apuraba los márgenes y los saltos de página con la desesperación del que apura los últimos segundos de la vida que se le escapa. Por eso, Guerrero, maestro del verso, evaporado de rimas, corteja los espacios frescos de su ajetreada agenda pergeñada de metáforas con los cargantes y mohosos ambientes de los periódicos aliviados del deber de la actualidad y de los estudios argüidos por mentes colmadas por las minimalistas pasiones de aquellos que buscan traer a la luz los pasajes despreciados por las modas.


    También anunciaba, hace un trienio, que Guerrero disfruta de Gardel con la ilusión de quien saborea los rebordes sobresalientes de la excelencia, asumiendo el propósito, cual misión divina, casi utópica, de devolver a la historia socio-cultural nacional el minutaje de la trayectoria del artista sudamericano por España. Así que Gardel vuelve a España, a través de la segunda edición de «Carlos Gardel en España» (Cuadernos del Laberinto, 2023), para la que Manuel Guerrero se ha preocupado de ratificar, con estampa notarial, los puntos sombreados por una infundada apariencia de vacilación; de ampliar los datos con nuevos descubrimientos biográficos y, sobrecogido el ánimo completivo y aclarador, de multiplicar las notas a pie de página y las imágenes destacadas del relato episódico. Y lo hace con una narrativa clara y directa, circunscrita a la exposición detallada del relato histórico. Huye Guerrero, en su lenguaje, de los circunloquios, del estilo corrosivo y grimoso, enfermo de subordinadas encerradas en otras subordinadas, cuales piezas de muñeca rusa, que, aun no siendo incompatibles, en ocasiones, pueden confundir al literato que se embarca en la empresa del género del ensayo histórico, cuyo único anhelo ha de discurrir por los vibratos de la objetividad emitidos sin ambages, y no por la condensación literaria de la novela histórica. No quiero teclear, con esto, que el discurso guerrerense adolezca de fluidez narrativa; por el contrario, acomete el escenario con el purismo de un retratista, y dota a cada palabra de las letras precisas para plasmar, con su paleta de frases, el cuadro idóneo para el evento descrito. Construye el autor, entonces, un paisaje ensayístico ameno, portentoso de amor a la lengua y respetuoso con los condicionantes de una lectura apasionante y convincente. De una lectura adictiva, plagada de sugestiones al intelecto.


    Sin pretender reiterar lo ya manifestado por este humilde subscriptor en aquel citado título publicado en esta misma casa allá por el mes de marzo de 2021, el cual habrá de servir de antecedente necesario, remisión expresa del panorama guerrerense en torno a la figura gardeliana; atrae, pues, a un lector insaciable en la musculación de la inquietud cómo se pudo cruzar la vida de Gardel con la de otros ilustres personajes de su época de la talla de los integrantes de la Generación del 27, el dramaturgo Jacinto Benavente, el escritor Ramón María del Valle-Inclán, los toreros Ignacio Sánchez Mejías y Juan Belmonte, el barítono Emilio Sagi Barba, el pintor Ignacio Zuloaga o la sin par Familia Real. O cómo se publicitó el estreno de la película «Espérame», rivalizando diversas ciudades por apuntarse el tanto. O cómo transcurrió el paso del cantor por Andalucía. O sus periplos durante la final del Campeonato de España de fútbol de 1928. O su actuación en la reunión en la cual se homenajeó a José Ortega y Gasset, Eduardo Marquina y José Ortega Munilla.


    Manuel Guerrero, con esta segunda edición, «aumentada y corregida», de «Carlos Gardel en España», recupera para el buen lector la esencia más deslumbrante del genial artista. Aunque, por igual, recupera al Guerrero ensayista, al Guerrero que concede el descanso a la pluma del rapsoda para agarrar la del investigador, estudioso y analista… Y qué puedo decir, confieso que me deleito con la obra de ambos.

Julián Valle Rivas

Los Reyes Magos no son los padres, por Pepe Morales

Dicen que revelar a la infancia la verdad sobre los Reyes Magos es someterla a la peor de las crueldades, asesinar sus ilusiones y su inocencia, poco menos que destrozar sus vidas irremediablemente. Encaja mal esta creencia con la bondad intencional de educar a la ciudadanía alejada de la mentira, grave conducta castigada por la ley humana, artículos 458 a 462 del Código Penal, y la divina, octavo mandamiento. Educar en la mentira de los reyes magos es un delito y un pecado amnistiados socialmente por tradición.

En los aciagos tiempos de pobreza y hambre que trajo el golpe de Estado de Franco, los Reyes Magos eran una mentira piadosa con la que casi todas las familias justificaban la imposibilidad no ya de adquirir regalos, sino de servir una comida decente en sus mesas los días más señalados de las fiestas navideñas. Los padres hacían magia para convertir cualquier objeto cotidiano en regalo inesperado y agradecido. El lujo, cuando era posible, se limitaba al papel del envoltorio que era retirado con cuidado para ser reutilizado.

El aprendizaje del engaño a tan temprana edad acaba haciendo que forme parte de la mochila que cada individuo cargará a lo largo de su vida. La mentira está ahí, agazapada y atenta, como las camisas que las serpientes renuevan anualmente. A veces se instala de tal manera que la propia persona afectada por ella no es consciente de que miente cuando habla, normalmente porque miente cuando piensa. De ahí derivan la perturbación de la convivencia entre las personas y numerosos daños morales y materiales.

Los Reyes Magos blanquean la mentira y de pronto las personas educadas en ella ven normalizados los bulos y las noticias falsas como instrumentos preferentes de la acción política. Igual que la infancia da por hecho que los Reyes Magos son reales, así una parte de la ciudadanía adulta da por hecho que ETA sigue en activo, que el PP no es corrupto o que un seguro médico privado le atenderá algo más que un resfriado o una diarrea, ya sea anal o mental. Apostar por un Rey Mago de derechas es apostar por el carbón como regalo.

La infancia, inmersa en las pantallas desde los 0 años, sabe que los reyes magos son Amazon, AliExpress, el centro comercial o el hipermercado más cercano, sabe que los padres juegan el mismo papel de toda la vida: atender el capricho y pagar. Y han descubierto el bonus de que abuelos, titos, padrinos, amigos de la familia y el sursuncorda hacen exactamente lo mismo. Con la saturación de regalos de Reyes, a la que se suma la mentira de Papá Noel, niños y niñas son los auténticos reyes y reinas de las casas.

Otrosí, la mentira viene acompañada de un narcisismo personal e intransferible que deriva durante la adolescencia en la idea autocomplaciente del “porque yo me lo merezco”. En casos cada vez más frecuentes, esta falsa concepción individualista del mundo lleva a la violencia contra los progenitores, contra el profesorado y contra cualquiera que cuestione los caprichos de la juventud. Es el caldo de cultivo ideal para lacras como el acoso escolar, la violencia pandillera, la violencia de los hinchas o la violencia machista.

Mire usted al niño o la niña que tenga más a mano entre sus familiares y amistades, anote en una lista los regalos que ha recibido en Nochebuena y Reyes, sorpréndase de la cantidad, calidad y cualidad de los mismos, calcule por encima el dineral gastado, observe cómo disfrutan los destinatarios más pequeños con las cajas de los juguetes y hágase una idea de porqué actuarán de mayores de forma déspota, egoísta, consumista, capitalista. Piense que los padres no son los Reyes Magos: son el último mono.

Pepe Morales

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