«Las gotas de Dios», por Julián Valle Rivas

las gotas de dios

 

 

 

 

 

 

En más de una ocasión he tecleado que el siglo en curso nos ofrece una de las grandiosas ofertas televisivas de su historia. La pequeña pantalla, en rivalidad constante con la producción cinematográfica, ha jugado en la balanza de las audiencias, ganando o perdiendo el pulso, en función de la época. Pero este enfrentamiento, sano o insano, si de algo ha servido, en pro de los espectadores, ha sido para obligar a los responsables de las productoras televisivas a mantener su atención en la innovación, a arriesgar con las obras y a invertir ingentes cantidades de dinero en la realización del producto, para garantizar no sólo su calidad, sino su real competencia con los filmes cinematográficos. Luego, la proliferación de las cadenas televisivas privadas, la irrupción de las distribuidoras digitales de contenidos multimedia, la pandemia y la comodidad del hogar se han encargado del resto.


    En este prolijo catálogo televisivo, Apple TV+, con la encomienda de su distribución internacional, ha traído a España, en este año que concluye, la mejor miniserie de 2023 y, dentro del parcial y subjetivo gusto de quien suscribe, la mejor miniserie desde que HBO emitiera «Chernobyl» (2019); lo que implica que hemos podido disfrutar de una de las mejores miniseries del XXI.


    «Las gotas de Dios» es una coproducción franco-japonesa de ocho capítulos, que cuenta con participación británica y estadounidense, adaptación del manga homónimo creado en 2004 por Tadashi Agi (pseudónimo de los hermanos Yuko y Shin Kibayashi) y Shu Okimoto. No es la primera vez que se adapta este manga. Con escaso éxito, en 2009 (en mitad de la publicación de la obra original, pues parece que se alargó hasta 2014), ya se emitió una producción exclusivamente japonesa de nueve episodios, sin apenas transcendencia en el panorama internacional; al menos, no la transcendencia que el manga se había ganado por entonces.


    La coproducción de 2023 que motiva estas líneas ha sido creada para la pequeña pantalla por Quoc Dang Tran, un profesional del medio a quien todavía no se le había dado la oportunidad de encabezar ninguna producción y que, como guionista principal, ha contado con la acreditación en la escritura de Clémence Madeleine-Perdrillat y Alice Vial. Trío que ha insuflado a la historia las dosis más acertadas de drama e intriga, de conflicto familiar y amistad desinteresada, de traición y egoísmo, de amor en distintas formas, de un desarrollo narrativo consolidado y atrayente, adictivo, intenso y visceral, de una miscelánea de personajes bocetados al milímetro en sus particulares matices; de una obra completa y genial que emplea con rotundo acierto la práctica de la analepsis. La dirección de los capítulos ha correspondido íntegramente a Oded Ruskin, realizador de origen israelí, vinculado también al mundo televisivo, quien ha sabido trasladar en imágenes toda la fuerza narrativa del guión adaptado y dirigir a la perfección al elenco de actores para reflejar los variadísimos perfiles de cada personaje y expresar el oscilante panorama de emociones y sentimientos, por momentos sutiles y flemáticos, por momentos, físicos y explosivos. En este apartado técnico, destaca, sin duda, la dirección fotográfica de Rotem Yaron, compatriota de Ruskin y, al igual que el resto del equipo cardinal citado, con escaso bagaje productivo; nada relevante, a pesar de lo cual, con la elegancia y delicadeza de un aventajado «sommelier», ha propuesto al espectador una magnífica paleta de colores, en perfecta armonía y consonancia con los espacios y el desarrollo narrativo de la obra, sacándole toda la fuerza a la luz natural y matizando lo necesario la luz artificial a fin de potenciar los colores primarios, a los que recurre con asiduidad, y las mezclas básicas que contrastan con los fondos hiperrealistas y los escenarios auténticos.


    El equipo artístico se presenta con el coprotagonismo de la francesa Fleur Geffrier, interpretando a Camille Léger, y del japonés Tomohisa Yamashita, en el papel de Issei Tomine, quienes se ajustan con verdadero detalle las máscaras de sus personajes, cincelando un realismo voraz y un inusitado espejismo de caracteres, un en apariencia, sólo en apariencia, insustancial, vano y frívolo yo y su opuesto. La espontaneidad, desesperación y pura emoción intestina, acotada por el rencor y el recuerdo cercenado, de Camille se enfrentan al estoicismo, seguridad, superioridad y frialdad, acerada por el compromiso, el dominio y la desestructuración familiares, de Issei, en una implosión que regenerará la biografía de los personajes y rebozará sus espíritus con la paz que, en lo profundo del ser, siempre ansiaban.


    En su versión de miniserie de 2023, «Las gotas de Dios» narra la historia de la joven francesa Camille Léger, hija del prestigioso enólogo Alexandre Léger (Stanley Weber), con quien perdió la relación y el contacto siendo niña, tras separarla de él su madre, consecuencia de un accidente. Se descubre pronto que su padre la educaba con excesiva rigidez en el arte de la enología, que arrastra ciertos problemas de sociabilidad y que sufre un extraño mal que le provoca una impactante reacción cada vez que prueba el alcohol. Un día recibe la llamada de su padre desde Tokio, ciudad donde residía desde hacía años, para que viaje con urgencia hasta allí. Al aterrizar, la recibe Luca Inglese (Diego Ribon), amigo de su padre, quien le comunica su fallecimiento durante el trayecto de Camille en avión. La posterior lectura del testamento revela la presencia del joven japonés Issei Tomine, único heredero de una prestigiosa familia del país, aventajado discípulo de Léger. Con retorcido y macabro capricho, Alexandre Léger, padre y maestro, dejará su herencia, integrada por la mayor colección de vinos del mundo, a aquél de los dos que logre superar tres pruebas relacionadas con el peculiar universo de la enología. Mientras el extravagante y antojadizo juego se sucede, las vidas de Camille e Issei se construyen en paralelo. Ella, con la inestimable ayuda de viejos amigos de la familia, tratará de recobrar las habilidades perdidas u ocultas en cajones arrinconados y atorados de la memoria, al tiempo que se verá en la necesidad de superar su repulsión al alcohol. Él iniciará un viaje personal de redescubrimiento, buscando reconducir y enderezar o asentar su vida, lo que le permitirá desenterrar los cuarteados legajos en los que se halla la historia familiar y la razón de su existencia. Hija y discípulo, toldados por el desgarro de la decepción, no desearán sino estar a la altura de la misión como modo de superar sus miedos y complejos. A la postre, Alexandre Léger se manifestará, en cambio, como un ser consumido por el ego y la vanidad, por su propia leyenda y la altivez de la fama, aunque con un suspiro de anhelante redención; un ser alegorizado por la misma enfermedad que terminó consumiéndolo. Visión que llevará a los jóvenes a decidir cuáles serán sus respectivos destinos.


    Por lo atrevido de la originalidad, por la mezcolanza de los géneros, por la contundencia de los personajes, por la solidez de la narrativa, por lo cuidado de la realización, por la belleza de la obra, no puedo apurar el año sin recomendar «Las gotas de Dios».

Julián Valle Rivas

Andalucía mon amour, por Pepe Morales

38.000.000 €. Los expertos en gestión de dinero público se han gastado este pastón en una campaña para promocionar Andalucía. 1:23 minutos dura el vídeo, un suspiro, un quejío del bolsillo andaluz condenado a la tristeza y la melancolía de una secular petenera. El anuncio es el producto estrella y el eje de una campaña global con 800 acciones publicitarias en 3 continentes al servicio de la Andalucía privatizada de Moreno Boñiga, humillando, eso sí, el habla andaluza ante la imperial lengua del dólar: “Andalusian Crush”.

El anuncio está dando que hablar en tabernas y peluquerías por su dudosa eficacia publicitaria y lo desatinada que resulta su intención de retratar a Andalucía. Es osado opinar en estos términos sobre un anuncio manufacturado y facturado por una de las agencias del ramo más selectas del panorama nacional e internacional, sobre todo tras comprobar que su ficha de campaña se antoja más larga que la nómina de créditos de una superproducción de Hollywood. 38.000.000 € de dinero público merecen una reflexión.

Un collage de imágenes con una pobre conexión coloca el anuncio, para la audiencia media, en el nivel de incomprensión de los de colonias que invaden las pantallas en estas fechas. Si al gazpacho visual se suma la chirriante banda sonora, el efecto más probable en la audiencia media será zapear o bajar el volumen de forma apresurada. Manuel de Falla, Joaquín Turina, Andrés Segovia, Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar se ocultan tras una sugerida cortina de incienso y algo tan español como la estatua de la libertad.

Moreno Boñiga ha hecho bueno el dicho de que nadie es profeta en su tierra. Parece ser, según se lee por ahí, que el objetivo de la campaña es vender la capacidad cultural de las gentes de Andalucía. La agencia, con dudoso criterio, ha tirado de un actor famoso por su protagonismo en una serie efímera y ha obviado, por ejemplo, la figura casi desconocida a nivel mundial del malagueño Antonio Banderas. Debe ser porque no se maneja bien en inglés o porque su minuta habrá excedido con creces los 38.000.000 €.

Andalucía no son sólo celebridades difuntas. Andalucía es una inagotable fuente de talento a descubrir por quienes hozan y retozan en el erario público con un criterio provinciano que les impide apreciar la dimensión blanca y verde de esta tierra. ¿No hay creatividad en el Sur?, ¿no hay guionistas?, ¿no hay quien pueda acometer un proyecto de imagen como lo hacen las gentes de Madrid, de Barcelona y del extranjero?. El señorito andaluz siempre infravaloró a su tierra y a su gente… y Moreno Boñiga no iba a ser menos.

Para contextualizar este tremendo derroche, sirvan de orientación dos ejemplos de talento andaluz actual. “Cementerio de coches”, reconocido cortometraje de 8 minutos del lucentino Miguel Ángel Olivares, contó con un presupuesto de 40.000 €. El de “La frontera infinita”, largometraje de la productora La Claqueta PC, del onubense Manuel H. Martín y el lucentino Olmo Figueredo, ascendió a 3.000.000 €. Las comparaciones son odiosas y en este caso tal vez improcedentes, pero quizás sean necesarias para no dejarse engañar.

Para quienes no conocen los entresijos de la publicidad, hay que decir que el nivel de insight alcanzado es altísimo en un spot muy cool para un target amplio y diverso, todo un challenge comunicativo bien conceptualizado. En resumen, hay que poner en valor el craft de esta campaña, que la hace única para situarse en el top del marketing por su alta capacidad para copar el trending topic más exigente. Por ahora, la mejor acción publicitaria para Andalucía la ha propiciado Satanás con la Cumbre Europea de la Alhambra.

 

Pepe Morales

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (IV): LA INFLUENCIA INTERNACIONAL, por Fernando M. García Nieto

Hay factores internacionales que pueden ayudar a la democratización de un país. La modernización resultante de la inversión extranjera, la globalización y el comercio internacional, pueden impulsar la democracia. La sociedad civil se vigoriza por la transmisión de ideas a través de las fronteras con la ayuda de instituciones educativas, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales. La presión o los incentivos internacionales también pueden impulsarla, observemos, por ejemplo, el requisito previo de institucionalización de la democracia para la pertenencia a la Unión Europea.


   Pero las relaciones internacionales y la influencia externa que recibe un país también pueden contribuir a favorecer el gobierno no democrático. El ejemplo más claro lo tenemos en los casos de ocupación de un país por otro. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa del este quedo bajo la ocupación militar y el control político de la URSS. Este control totalitario puso fin a los movimientos democráticos que iban apareciendo en la esfera de influencia soviética y eliminó la mayor parte de la sociedad civil de estos países. Retomaremos este tema más adelante.


   Las instituciones imperiales que quedaron como herencia histórica en Sudamérica, asimiladas por las élites criollas educadas en la metrópoli, también favorecieron el autoritarismo en la medida en que contribuyeron a generar una modernización desigual, que imposibilitó el desarrollo de una clase media fuerte, tan necesaria para la democracia. Sus nuevas Constituciones liberales y “democráticas”, aprobadas tras la independencia de las nuevas repúblicas, prácticamente copias de la Constitución de los Estados Unidos, sirvieron de poco en aquel contexto.


   Otro ejemplo lo tenemos en el imperialismo occidental y su legado. Las fronteras torpemente trazadas por las potencias imperiales europeas en la Conferencia de Berlín de 1885, donde se repartieron el continente africano, han constituido a la larga un gran obstáculo para la democracia. Allí se crearon países con profundas divisiones étnicas y religiosas que, una vez pudieron independizarse a partir de 1945, dificultaron la construcción de consensos, y hacen del autoritarismo, todavía hoy, una forma eficaz para que un grupo étnico monopolice el poder político sometiendo a otros grupos en minoría dentro de un territorio nacional.


    En la segunda mitad del siglo XX, durante la Guerra Fría, tanto la URSS como EE. UU. respaldaron a gobernantes autoritarios contra las fuerzas democráticas en el tercer mundo con el objetivo de mantener o ampliar su esfera de influencia.


   En 1953 los EE. UU. colaboraron en el derrocamiento del gobierno democrático de Irán, en la conocida como Operación Ajax, la primera operación encubierta de los Estados Unidos para derrocar a un gobierno extranjero. El golpe de estado favoreció el giro antidemocrático del gobierno monárquico de Reza Pahlavi, el último Sah de Persia, que salió fortalecido. El Sah se convirtió en un aliado del bloque occidental durante la Guerra Fría, hasta que fue derrocado y obligado al exilio durante la revolución islámica de los ayatolas en 1979, que daría como resultado la actual República Islámica de Irán, alineada con el Pacto de Varsovia y enemiga mortal de EE. UU. hasta nuestros días. (Ver enlace)


     Aquel mismo año los Estados Unidos también apoyaron al régimen franquista para atraérselo a su esfera de influencia. Los acuerdos alcanzados en 1953 entre España y los Estados Unidos para el establecimiento de bases militares estadounidenses, fueron el fruto de años de avances en los que la diplomacia franquista consiguió romper el aislamiento internacional y salir del ostracismo. La lógica de la Guerra Fría ayudó a perpetuar el régimen dictatorial hasta la muerte del caudillo.


   La URSS aplastó las revueltas democráticas de Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. El “Otoño Húngaro”, fue un movimiento revolucionario espontáneo contra el gobierno de la República Popular de Hungría y sus políticas impuestas desde el Kremlin. Aprovechando que Occidente se encontraba dividido a causa de la Crisis de Suez, el Politburó movilizó al ejército rojo para invadir Budapest y otras regiones del país. Más de 2.500 húngaros y 722 soldados soviéticos perecieron en el conflicto y unos 200.000 húngaros se convirtieron en refugiados. Los arrestos masivos y las acusaciones duraron meses tras la derrota de los revolucionarios. Para enero de 1957, el nuevo gobierno instalado por los soviéticos había reprimido toda oposición pública. (Ver enlace)


   Más recientemente, China y Rusia se han convertido en grandes valedores de diversos regímenes no democráticos de África y Oriente Próximo, mediante la condonación de deuda o cuantiosas inversiones en estos países, y recabando apoyos diplomáticos para ellos en la comunidad internacional. Irán y Arabia Saudí también utilizan su riqueza petrolífera para apoyar regímenes afines no democráticos en la región, aumentando con ello los problemas de países como Siria e Irak.
https://youtu.be/595yxXu_qao?si=Yrzp_ZypI2hInUtr
https://youtu.be/lz3r5lzub_4?si=wk-9GDWm1sZre-m9

Fernando M. García Nieto

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (I) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (II) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (III)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (IV)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (V)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (III): SOCIEDAD CIVIL VERSUS POPULISMO, por Fernando M. García Nieto

“Si los hombres que viven en los países democráticos no tuvieran ni el derecho ni el gusto de unirse con fines políticos, su independencia correría grandes peligros, pero podrían conservar durante largo tiempo sus riquezas y su cultura; mientras que, si no adquirieren la costumbre de asociarse en la vida ordinaria, la civilización misma estaría en peligro. Un pueblo en el que los particulares perdieran el poder de hacer aisladamente grandes cosas sin adquirir la facultad de producirlas en común volverían pronto a la barbarie”. (La Democracia en América, Tocqueville, 1835)


    En la deriva antidemocrática de un país tiene un papel clave la fortaleza de la sociedad civil, ese tejido de organizaciones creadas por la gente que se asocia para ayudar a definir y promover sus propios intereses. Estas asociaciones no son necesariamente de carácter político. Pueden ser empresariales, sindicales, profesionales, deportivas, culturales, artísticas, gastronómicas, etc.


    La sociedad civil es crucial para la vida democrática, como hemos dicho, porque permite a los individuos organizarse, articular sus preferencias y construir redes de interrelación que trascienden las divisiones económicas, sociales o políticas de una sociedad, cohesionándola.  La viabilidad y la salud de nuestras democracias dependen de una sociedad civil fuerte y vibrante. Este tejido de asociaciones es un campo de pruebas de la democracia y sientan la base de las   futuras instituciones democráticas.


    En los sistemas autoritarios se puede palpar la debilidad de la sociedad civil o incluso su práctica ausencia. Quienes ostentan el poder, o quienes quieren acapararlo, adoptan medidas activas para absorber, controlar o destruir cualquier forma de acción independiente del Estado o no sancionada por este. También hay casos en que la sociedad civil apenas cuenta con precedentes en un país o se ve obstaculizada por divisiones étnicas o de otro tipo de fracturas sociales o políticas. Este es el caso de los países del este de Europa tras el derrumbe de la Unión Soviética o de los países africanos independizados después de 1945. Los primeros por haber vivido tantos años bajo el totalitarismo comunista y los segundos por las fronteras que se trazaron de forma caprichosa en la Conferencia de Berlín en 1885.


El resultado es una sociedad que concibe al Estado como el principal, o incluso el único, ámbito de organización social, y que se centra en hacerse con el control del Estado en vez de construir instituciones fuertes al margen de este, conservando la costumbre social y política de su pasado totalitario y/o colonial.


    Este énfasis en el Estado en ocasiones viene de la mano del populismo. El populismo no es una ideología concreta, hay populismos de izquierda y de derecha. Sus líderes derivan su poder de un planteamiento anti institucional. Lleva aparejada la idea de que las élites y las instituciones políticas establecidas no representan la voluntad popular, y que un nuevo movimiento “libre de ideología” y dirigido por un líder carismático, puede marcar el comienzo de “un nuevo orden”. A todos se nos erizan los poros de la piel con estas palabras y lo que evocan en nuestra mente al recordarnos hechos históricos execrables del siglo pasado.


Según los populistas “la gente necesita recuperar el Estado y situarlo en el camino correcto”. Este problema no tiene por qué desembocar obligatoriamente en un resultado antidemocrático, pero, sin embargo, puede desestabilizar las prácticas democráticas de un sistema político y sentar las bases para que lleguen al poder líderes antidemocráticos.


    Por último, hay que señalar que la sociedad civil se puede, también, desarrollar en un régimen democrático reforzando tendencias antidemocráticas. Muchos países libres acogen en su sociedad organizaciones activas con estas tendencias, grupos y asociaciones que defienden la preeminencia de los derechos de un grupo social, étnico, o religioso, por encima de todos los demás, como, por ejemplo, los grupos anti musulmanes de Estados Unidos o de otros países occidentales, algunos grupos indigenistas de América Latina, y otros grupos fundamentalistas repartidos por el mundo.


Estos, aunque nos pese, también son sociedad civil, a pesar de que su discurso, organización interna, y estrategias de movilización y participación política distan mucho de ser democráticas. Una mayor actividad civil de estos grupos puede socavar de facto la democracia cuando sean capaces de persuadir a un número suficiente de personas para que juzguen legítimo el proceso político solamente si sus necesidades específicas son satisfechas marginando a los demás. Este fenómeno se da por ambos lados del espectro político y amparados en un disfraz de juego democrático.

Fernando M. García Nieto

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (I) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (II) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (III)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (IV)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (V)

 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (II): LAS ÉLITES Y LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS, por Fernando M. García Nieto

En las sociedades extremadamente desiguales, quienes monopolizan el poder económico muy probablemente también monopolizan el poder político, esto es así, aunque haya diferencias muy marcadas entre los niveles de desigualdad económica de los diversos países no democráticos. Si comparamos la actual China con el Zimbabue de Robert Mugabe podremos apreciar esta diferencia.


Las élites gobernantes se muestran menos dispuestas a compartir el poder cuando ello les supone perder sus oportunidades económicas. Cuando se da ese caso el estado se convierte en un instrumento para desviar recursos y mantener el control de la riqueza nacional. Y la amenaza de una revolución con el consiguiente cambio de las élites puede hacer improbable que estos sistemas políticos proporcionen un mínimo de participación, competencia y libertades políticas a sus ciudadanos.


Una variante de este argumento es la teoría conocida como “la maldición de los recursos”. Los recursos naturales pueden constituir una fuente de gran riqueza, entonces, ¿por qué tantos países ricos en recursos son subdesarrollados o no democráticos? La respuesta está en esa misma riqueza, porque la abundancia de recursos naturales puede constituir un obstáculo para la democratización.


En esos países los recursos del subsuelo proporcionan a los líderes políticos la riqueza necesaria para mantener y administrar el estado sin necesidad de cobrar impuestos. Quienes ostentan el poder no necesitan proporcionar a los ciudadanos la contraprestación de la representación y la participación política a cambio de impuestos. Como no necesitan cobrárselos a la gente, piensan que pueden desatender en la práctica las demandas políticas de esa misma gente.


Pero es peor aún. La abundancia de recursos naturales puede llegar a obstaculizar el desarrollo de una economía moderna y de una clase media fuerte, porque ambas cosas no interesan a quienes tienen el poder y de hecho son una amenaza para su posición de dominio. Como ya dijimos en otro artículo, sin clase media no hay democracia. Y de este modo la riqueza termina extremadamente concentrada en manos de quienes ejercen el gobierno. Y como los recursos naturales no son trasladables porque están integrados en la tierra, los que mandan saben que si renuncian al poder, no podrán llevarse consigo esos activos.


En tales condiciones el gobierno no democrático es capaz de auto subvencionarse eficazmente siempre que los recursos duren y sean demandados en el Mercado global. Petróleo, diamantes, madera, metales, tierras raras, etc. son ejemplos de “la maldición de los recursos”. Si estos recursos tan importantes y codiciados se encuentran antes de que un país se democratice, esa nación tendrá graves dificultades para la apertura democrática. Pongamos un ejemplo de todo esto.


Zimbabue es un país fallido pese a su gran potencial. Ha experimentado un largo periodo de mala gestión gubernamental y declive económico, alcanzando la tasa de inflación más alta del mundo en 2008 con un 230.000.000 %. Sin embargo, mientras el país afrontaba tan graves dificultades económicas, el presidente Mugabe seguía manteniéndose en el cargo desde 1980. Finalmente sería derrocado en 2017 por un golpe de estado a manos de su propio partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue- Frente Patriótico. ¿Cómo pudieron mantenerse en el poder Mugabe y su partido en un entorno de tanta tensión y ruina?


La respuesta esta en los yacimientos diamantíferos de la región de Marange, que no empezaron a explotarse hasta 2006. Fueron nacionalizados, lo que proporcionó al estado la oportunidad de obtener cientos de millones de dólares. Estos recursos deberían haber constituido un salvavidas para Zimbabue, pero la mayoría de este dinero sirvió para financiar un gobierno paralelo. Los derechos de extracción y las empresas quedaron en manos de la Organización Central de Inteligencia de Zimbabue, una policía secreta leal a Mugabe, y altos cargos del Ministerio de Defensa, de las fuerzas armadas y de la policía.


Esos ingresos insuflaron vida al partido gobernante y las instituciones de seguridad que controlaba. Los fondos se destinaron a financiar el bloqueo de los medios de comunicación independientes, ejercer la coacción sobre la oposición, y sobornar a determinados individuos y líderes tribales para garantizarse apoyos en las elecciones. La riqueza diamantífera trajo nuevas oportunidades de corrupción dentro del aparato del estado y el propio gobierno. Se convirtió en un desincentivo para dejar el gobierno en manos de la oposición, en una maldición para el país.

 

Fernando M. García Nieto

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (I) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (II) 

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (III)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (IV)

GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (V)

Tengo miedo, por Pepe Morales

En los 70, los mayores advertían sobre unos peligros que la juventud no percibía ni creía posibles más allá del imaginario colectivo de un país que esperaba impaciente la muerte del dictador. Se hablaba de detenciones ilegales, de torturas en lóbregos cuarteles, de palizas a manos de los “hijos del régimen” y de ruina para toda la familia si uno de sus miembros era señalado por las fuerzas de seguridad o por las fuerzas vivas del pueblo que incluían al funcionario municipal, al boticario, al maestro y al cura que pasaba lista en misa.

A finales de los 70, resultó que el funcionario municipal lucía una bandera verdiblanca en la solapa, que el boticario publicaba artículos en la prensa ensalzando la democracia, que el maestro leía poemas de Blas de Otero en clase y que el cura fue trasladado a una aldea por ceder el salón parroquial para reuniones sindicales. En su guarida, hienas y lobos lamentaban la Constitución recién aprobada, apretaban los dientes por la legalización del PCE y ponían sus garras esperanzadas al servicio de Fraga, Blas Piñar o Juan Carlos I.

En apariencia, no pasó nada y, poco a poco, la calle entró en una nueva normalidad, aunque los muy mayores seguían advirtiendo de esos peligros que sólo su experiencia pasada y reciente era capaz de percibir en el ambiente juvenil del posmodernismo, una época de euforia social, política, económica y cultural. “¡Cuidado con esos, aunque parezca que no están!” era una de las advertencias que movían a risa cuando no eran desoídas. Los mayores tenían miedo mientras España bailaba al calor del amor en un bar.

Han pasado más de cuarenta años y, desde hace unos veinte, desde que Aznar exigió una derecha sin complejos, los supervivientes de la posguerra sienten el bocado amargo de la historia reciente en sus memorias y su presente. ¿Una derecha sin complejos? “Sí –decían los mayores–, Fraga vive, el dictador no ha muerto” y las nuevas generaciones los miraban como a juguetes averiados, como a viejos cascarrabias que chochean en su ocaso, vencidos por un mundo globalizado invadido por las nuevas tecnologías.

Aquellos mayores de los 70 han muerto o están desactivados y los jóvenes de los 80 están descubriendo en 2023 que los peligros eran reales, que la derecha sin complejos ha pervertido la palabra Libertad y amenaza con dinamitar los cimientos de la Democracia. Sin complejos ondean los trapos de la dictadura, se oyen proclamas de la dictadura, se incita a la rebelión ciudadana, se reclama la sedición de los cuerpos de seguridad y se exhiben fuegos y adoquines como argumentos para el odio profundo heredado de la dictadura.

Los de Abascal y los de Ayuso, los de Aznar, los de Fraga, el neofranquismo, están ahí, en las calles, llamando a incendiar España como Nerón, como Hitler, para culpar a cristianos, a judíos, a las víctimas. Ya lo están haciendo. El odio a catalanes y vascos ha prendido en una población, narcotizada por la derecha mediática y la militancia extremista de la Justicia, con un único objetivo: que no gobierne en España nada que no sea la derecha. Ya han señalado un culpable de su violencia y sólo esperan una víctima mortal.

La extrema derecha de Abascal y la radical de Ayuso están abrazando el terror como estrategia para conseguir lo que las urnas les niegan. Dan miedo, mucho, pero más miedo da el apoyo al extremismo radical y violento por parte de la masa manipulada a la que no parece importarle repetir el capítulo más negro de la historia de España. La juventud, como en los 80, desdeña el peligro, desoye las advertencias y no quiere oír hablar de conocer la historia, sólo parece preocupada por las redes sociales y el reguetón. Da miedo.

Pepe Morales

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