Annual era una hoya rodeada de montes y de alturas no dominadas, con la aguada fuera de un campamento español diseñado con insuficiente fortuna defensiva y ofensiva, plagado de ángulos muertos, sin hospital de campaña ni establecimientos de reservas de agua.
Desde el repliegue del último convoy de socorro a Igueriben y la llegada del puñado de soldados que logró alcanzar la posición de Annual (para morir tras el esfuerzo), el caos allí era evidente. La preocupación y el miedo se iban manifestando en la soldadesca española a medida que se reunían muertos, heridos y fugitivos en torno a la tienda del General. La moral se hundía progresivamente de manera irremediable.
La madrugada del 21 al 22 de julio fue todo lo tranquila que cabía esperar, dadas las circunstancias. Pero los víveres, el agua y las municiones se habían agotado, por lo que aquella noche Fernández Silvestre reunió a sus jefes para trazar un plan de actuación, que el General orientó hacia una retirada rápida e inmediata, esto es, por sorpresa. Ante las preguntas de los oficiales en demanda de una detallada planificación, Fernández Silvestre respondió: «Aunque la operación nos cueste un 50% de bajas, será preferible a quedarse aquí, de donde no saldremos ninguno». Hubo quien propuso aguardar refuerzos, a lo que el General replicó: «Ni serán eficaces ni llegarán a tiempo».
La idea, entonces, era que la retirada fuera cubierta por el Regimiento de Caballería Alcántara y las mías de la Policía indígena. Aunque, claro, con el sitio asediado, las altas temperaturas, la escasez de víveres, agua y soporte armamentístico y sanitario, retirarse, en el Rif, no era como avanzar. «Yo asumo la responsabilidad de la operación —se plantó Fernández Silvestre— y la de ordenar la evacuación de estas posiciones. De ello voy a dar cuenta al Gobierno, y de todo respondo yo con mi persona y empleo. Y acuérdense de esto el día de mañana».
La mañana del 22, todavía algunos jefes discutían, en la misma puerta de la tienda del General, el tema de la evacuación. Entre ellos, el coronel Francisco Manella Corrales, jefe efectivo del Regimiento Alcántara, y también de la posición de Annual, de ahí que hubiera sido suplido en la labor de control sobre el Regimiento por el teniente coronel Fernando Primo de Rivera. El caso era que Manella protestaba, al haber sido el único que votó en contra de la evacuación de Annual, gritando que estaba dispuesto a suicidarse, cuando tal desatino ocurriera. Así que un capitán le reconvino, pues con tales declamaciones sólo lograría deprimir a la tropa, a lo cual Manella espetó: «¡No me importa!». El descontrol, por ende, y la falta de lógica se patentaban ya en la oficialidad.
Aquella mañana del 22, la columna inició la salida de la posición como pudo. Los heridos montados en artolas cargadas por mulos apenas dirigidos; los jefes desconcertados, lanzando órdenes contradictorias, solapadas por los rumores de que el General, que había sido visto enloquecido y presa del pavor («¡Corred, corred, soldaditos, que ese diablo está a punto de llegar!»; otra versión apunta: «¡Corred, soldaditos, que viene el coco!»), se había pegado un tiro con su pistola (su cadáver nunca se encontró, y existen variadas explicaciones sobre su final)… Sin orden ni concierto ni planificación, los sitiados iban saliendo al descubierto, en campo abierto, conforme tenían la oportunidad, flanqueados por el Regimiento Alcántara. El pánico, guiado por la ausencia de una organización coordinada, presidida por una fuga por sorpresa, comenzó a adueñarse del lugar, fustigado por un contagio de suma rapidez. Los soldados tomaban caminos y se adentraban en desfiladeros desguarnecidos, mientras quedaban ocupados por los rifeños, quienes todavía no habían lanzado un solo disparo.
Fue una marabunta y una avalancha. Ante la estrechez del desfiladero de Izumar, las unidades españolas, en huida y confusas, se fueron agolpando (a pie, a caballo, vehículos, heridos en bestias), al tiempo que hombres, animales y máquinas se despeñaban a lo largo de los barrancos laterales. La columna se desbarató y, desde aquel instante, ya fue imposible recomponer una unidad siquiera; de hecho, muchos oficiales se arrancaron u ocultaron sus divisas, al objeto de no ser señalados.
Colapsado el paso de Izumaz, quienes consiguieron superarlo o sortearlo se encaminaron, rumbo sureste, hacia Ben Tieb, base de la Legión y esperanza de salvación. Sin embargo, la Legión se había trasladado a Ceuta para realizar una serie de operaciones. Durante el camino, los rifeños recogieron armamento y animales abandonados, e incluso se hicieron con soldados demasiado extenuados como para oponerse. Otros, directamente, atacaron a los españoles, disparándoles, golpeándolos hasta la muerte y mutilándolos, entre el terror y el sufrimiento de los soldados (me ahorraré el detallado tecleo del ensañamiento rifeño, resultando fácilmente localizable con una somera investigación).
En Ben Tieb, donde no se hallaba la Legión, pero se disponía de municiones para hacerse fuertes y esperar a los refuerzos, se extendió la noticia de que el general Navarro había enfilado con tropas hacia la siguiente posición: Dar Drius, a unos quince kilómetros. De tal forma, los españoles, hostigados y aniquilados continuamente por acciones de violencia y horror por parte de los indígenas, atravesaron Ben Tieb sin detenerse. Cierto que Dar Drius era una posición bien fortificada; además, estaba abastecida de agua, víveres y munición. No obstante, la columna en fuga, conformada por hombres locos y desesperados, carecía de dominio. El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, al mando de Dar Drius, necesitó horas para detenerlos, algunos de los cuales fue imposible y siguieron adelante.
Julián Valle Rivas
La realidad internacional está cambiando constantemente. En los últimos veinte años hemos sido testigos de la conformación de un Sistema Internacional estructuralmente nuevo, más complejo y dinámico, fruto de la transformación de un sistema contemporáneo que se originó a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989, y en el que aún no ha quedado establecido un equilibrio duradero.
Recapitulemos. En la Historia han existido diversos sistemas internacionales, la situación actual de cambio no es algo nuevo. La configuración del sistema mundial ha estado siempre inmersa en un proceso de cambio continuo y constante. A partir de la Paz de Wesfalia en 1648, Europa se estructura en base a un esquema de lucha de poder entre los nuevos Estados Modernos. El resto del mundo, o estaba por descubrirse o estaba colonizado por las potencias europeas, así que la realidad mundial se instituye a imagen y semejanza del Viejo Continente.
A continuación, a partir de la Primera Guerra Mundial y bajo la tutela de la Sociedad de Naciones, se inicia un proceso descolonizador que introduce cambios estructurales y nuevos actores en el sistema internacional. Las potencias coloniales son derrotadas y naciones no occidentales ganan relevancia internacional. Posteriormente, finalizada la Segunda Guerra Mundial, el sistema mundial queda dividido en dos bloques, el occidental liberal capitalista, con una economía de mercado, y oriental comunista, una dictadura del proletariado con una economía planificada, enfrentados ambos en un “equilibrio del terror” condicionado por la carrera armamentística nuclear entre las dos potencias hegemónicas, EE. UU. y la URSS. Esta situación constituye un sistema internacional polarizado con dos extremos identificados con las dos superpotencias.
La etapa contemporánea comienza con el derrumbe del bloque comunista y la desintegración de la URSS. Asistimos en este periodo a la desaparición de la bipolaridad y la configuración de un sistema internacional bajo el control del hegemón estadounidense. Este sistema contemporáneo tiene como eje a la Globalización y está caracterizado por la existencia de un sistema social de alcance planetario donde la inclusión, la interdependencia y la movilidad son sus rasgos más destacados. El desarrollo tecnológico permite una mayor movilidad de personas, bienes y servicios, ideas e imágenes, y con ello se configura un nuevo mundo más virtual y menos territorial, donde las fronteras físicas pierden gran parte de su sentido. Existen diferencias económicas y sociales entre los distintos Estados y esta desigualdad provoca un aumento de las migraciones. La Globalización ha provocado la relativización de la soberanía de los Estados-nación, que ceden autonomía política y económica a instituciones internacionales, que a su vez están influenciadas por los intereses de los Estados más fuertes, y a distintas corporaciones transnacionales que imponen su visión económica del mundo.
Pero en las últimas décadas el proceso se ha acelerado y múltiples cambios en el poder relativo mundial están haciendo inestable el equilibrio anterior. Esta transformación de la realidad internacional y por consiguiente de la estructura de poder mundial, se origina a partir de diversos cambios en los factores geográficos, económicos, demográficos, tecnológicos, militares, políticos, ideológicos, sociales y culturales, que determinan el sistema internacional. De este modo, la crisis financiera de la primera década de este siglo, el progresivo envejecimiento de la población, más acusado en los países occidentales, la puja tecnológica y sus consecuencias en el mercado internacional, la reactivación de conflictos territoriales enquistados entre diversas naciones, la carrera armamentística y las diferencias entre las políticas nacionales de defensa, la desigualdad, mayor en los países del sur, el avance del populismo y de un nacionalismo reforzado en las naciones democráticas occidentales, y la reciente pandemia del coronavirus y sus efectos derivados para la economía, están produciendo el cambio acelerado del sistema internacional.
Además, desde que el avance comunista dejó de ser motivo de preocupación en los países capitalistas occidentales, han ido surgiendo otros problemas sistémicos en su génesis y en sus resultados. En estas últimas décadas los intereses nacionales han sido superados en la agenda de los Estados por problemas de carácter global como son; el cambio climático, la seguridad alimentaria, las nuevas fuentes de energía, el acceso al agua potable, los cambios demográficos, las migraciones, el crimen organizado y el narcotráfico internacionales, la proliferación de armas nucleares, y la fractura entre culturas, etnias y religiones, además del mantenimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad internacional. Pero estas nuevas cuestiones dominantes de carácter global requieren de consensos mayores para resolverse, porque ningún país tiene, por el momento, influencia y poder suficiente para resolverlos en solitario. Por ello resultaría determinante el papel de las organizaciones e instituciones internacionales como el G-20 y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Es decir, ahora se requiere una nueva arquitectura de gobernanza global que está aún en fase de reconstrucción tras la pérdida de la hegemonía por Estados Unidos. Pero ¿se están teniendo en cuenta estos cambios? Los mandatarios mundiales siguen anclados en los esquemas anteriores. Las amenazas se están procesando con el filtro nacional, estigmatizando al “otro” en un afán de preservar el viejo orden anterior al actual sistema postoccidental y posthegemónico. Lo hemos visto recientemente con la pandemia mundial que nos ha tocado vivir, en la que se habló del “virus chino” y distintas naciones se embarcaron en una “guerra de vacunas” tratando de superar al resto de países en la consecución de la vacuna del coronavirus para la obtención de estratégicas ventajas políticas y económicas. Por tanto, se observa debilidad en la estructura institucional planetaria y regional ante la falta de un Estado hegemónico que imponga su modelo, y el fortalecimiento de diversos nacionalismos y secesionismos, en un escenario de incertidumbre y desconfianza.
Los principales actores de las relaciones internacionales son los Estados, junto a otros como las organizaciones internacionales, las empresas transnacionales, los medios de comunicación internacionales, los movimientos sociales, la opinión pública mundial, los grupos terroristas transnacionales, el crimen organizado internacional y algunos individuos con influencia mundial. Y todos influyen de un modo u otro en la conformación y el cambio de la realidad internacional. El objetivo externo principal y más antiguo de los Estados es su protección externa y la ampliación de su esfera de influencia y poder. Pero el actual sistema, por su interdependencia, ha obligado a los gobiernos a enfocarse también en detener las amenazas globales derivadas de los problemas citados anteriormente, que son el resultado de un mundo más globalizado, en el cuál “lo que le pase al vecino tiene cada vez más consecuencias para nosotros”.
Las estrategias que siguen los Estados para el logro de sus objetivos externos en sus relaciones con el resto de países son tradicionalmente: la diplomacia, coercitiva en muchos casos, la influencia en organizaciones internacionales e instituciones globales, imposición de sanciones y políticas económicas proteccionistas, y como último recurso el uso de la fuerza, que puede adoptar formas híbridas, entendidas como aquellas estrategias militares que utilizan toda clase de medios y procedimientos, ya sea la fuerza convencional o cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo, la migración, los recursos naturales, o cualquier otro que sirva para desestabilizar al enemigo.
La crisis económica y financiera global de 2008 tuvo impactos muy fuertes en el plano político, económico y social, a nivel planetario. Las potencias occidentales, con EE. UU. a la cabeza, se han visto superadas, incapaces de dar solución a los problemas derivados de la crisis, mientras otros actores como China o la India, que no siguen los modelos democráticos y liberales de occidente, han superado el trance sin mucha dificultad. El debilitamiento de Estados Unidos y sus aliados occidentales subsiguiente, y la fortaleza de estos nuevos actores emergentes provoca la reconfiguración del sistema internacional, ahora multipolar muy distinto del anterior.
El AUKUS es una consecuencia de la reconfiguración del poder relativo mundial. Estados Unidos ha sellado un acuerdo con Reino Unido y Australia, que es una alianza estratégica militar para la región del Indo-Pacífico (septiembre, 2021). Estados Unidos y el Reino Unido ayudarán a Australia a obtener submarinos de propulsión nuclear. Aunque en el anuncio conjunto no mencionaron ningún otro país por su nombre, fuentes anónimas de la Casa Blanca han alegado que el Aukus está diseñado para contrarrestar la influencia de China en la región del Indo-Pacífico. Este convenio incluye la cooperación en "capacidades cibernéticas, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y capacidades submarinas adicionales". Australia adquirirá nuevas capacidades de ataque de largo alcance para su fuerza aérea, marina y ejército. El pacto se centrará en la capacidad militar, separándolo de la alianza de intercambio de inteligencia “Five Eyes”, que también incluye a Nueva Zelanda y Canadá. Estados Unidos está perdiendo su interés por Europa, está desplazando su fuerza militar y su poder de influencia al Indico- Pacífico, donde Taiwán, aliado estadounidense, observa con preocupación el despliegue de instrumentos comerciales y militares del gigante asiático.
Francia, aliada de los tres países, retiró a sus embajadores de Australia y Estados Unidos; el ministro de Relaciones Exteriores francés calificó el pacto como una "puñalada por la espalda" tras la cancelación por parte de Australia de un acuerdo para la adquisición de submarinos franco-australianos por valor de 56.000 millones de euros sin previo aviso. Ahora los franceses están intentando presionar a los países de la Unión Europea para la creación de un ejército europeo, lo que no parece muy descabellado teniendo en cuenta el despliegue ruso en la frontera de la Unión y los recientes ataques híbridos en la frontera de Polonia por el aluvión de migrantes promovido y facilitado desde Bielorrusia.
Mientras tanto, se ha llevado a cabo la retirada total de Afganistán de las tropas internacionales, estadounidenses principalmente, y se ha hecho de una forma precipitada y desordenada, lo que ha permitido a los talibanes recuperar el completo control del país. Para nada ha servido la inversión millonaria occidental y las bajas sufridas en casi 20 años de guerra con el objetivo de implantar un gobierno democrático en la zona.
La situación geopolítica y estratégica que estamos describiendo, ha sido bautizada en algunos medios como la “Segunda Guerra Fría”, y está caracterizada por la tensión entre dos grandes bloques de poder e influencia opuestos. Por un parte, Occidente y la OTAN, liderados principalmente por EE. UU. y Reino Unido, en el que la Unión Europea tendría un papel secundario. Y, por otra parte, Oriente, bloque integrado por China y Rusia, que podrían ocasionalmente tener intereses similares o ir por separado. En este escenario se llevan a cabo acciones propias de guerra híbrida, como ciberataques, o el uso de los migrantes para desestabilizar a países vecinos, así como “guerras subsidiarias”, como las de Libia, Siria o Ucrania. La rivalidad es geopolítica, pero también es de carácter económico, militar, cultural y tecnológica, con escasa influencia de las organizaciones internacionales en la resolución de los conflictos y problemas más urgentes, y tiene lugar en un marco de anarquía internacional generalizada, donde los Estados más fuertes van por libre sin ser capaces de llegar a verdaderos consensos que beneficien a todos, embarcados en una particular lucha por el poder y la influencia mundial.
Fernando M. García Nieto
Desde su cómoda butaca melillense, el 7 de junio, Fernández Silvestre ordenó al general Felipe Navarro, a quien le había correspondido apostarse en Annual en aquel momento, que preparase una operación para enviar a un destacamento de unos cuatrocientos hombres del Regimiento de Infantería de Ceriñola con el objetivo de tomar el monte Igueriben. En principio, el cuerpo estaría comandado por Francisco Mingo Portillo, si bien, antes de la partida, Mingo sería sustituido por el comandante Julio Benítez Benítez, quien se había destacado en Sidi Dris, tras contener a los rifeños que habían marchado desde el monte Abarrán, al tiempo que había adquirido fama de quejicoso (detalle que reluciría semanas después). Y, desde luego, en esta ocasión, el total de la tropa estaría formada por soldados españoles, a fin de que no se repitiera la traición rifeña de Abarrán ante una inminente derrota.
La posición —se adelantó en la entrega anterior—, se hallaba dominada por una superior al oeste-noroeste, la Loma de los árboles (la que, en realidad, de haber sido buena idea, debía haberse tomado). Además, curiosos detalles tácticos, por incompetentes, para una posición avanzada, la aguada más cercana se localizaba a más de cuatro kilómetros del monte, de manera que el destacamento español lo tomó pertrechado únicamente con el agua que pudo transportar; asimismo, el camino desde Annual lo conformaba una sucesión de quebradas y sendas tortuosas, rodeadas por un entorno de barrancos y alturas de dominio. Como ocurriera en Abarrán, la fortificación se erigió con sacos terreros y dos simples hileras de alambre de espino extendidas muy cerca de los parapetos por las acusadas pendientes inmediatas a ellos.
El 14 de junio, Igueriben sufrió el primer ataque rifeño de intensidad, aunque la artillería apostada en Annual ayudó a dispersar a los asaltantes. El 16, una columna interminable de harqueños, en organizada fila y sin obstáculo alguno, se instaló en la Loma de los árboles, controlando el campo bélico, y colocó allí los cañones españoles que se consiguieron en Abarrán, iniciando un permanente hostigamiento artillero a placer, que la unidad de Igueriben, emplazada en ángulo más bajo, sólo podía limitarse a recibir.
Fernández Silvestre, colmado de malas noticias, entendió como mejor opción estratégica reforzar el sitio de Annual mediante el traslado de la retaguardia apostada desde Melilla en adelante, vaciándola; a la par que su hijo, destinado en Annual, llevaba a cabo el trayecto contrario en coche.
Los postreros días de junio fueron tranquilos, si es que encaja el término en el contexto. Se aprovechó en Annual para conceder permisos, incluso, hábito en el lugar, algunos se escaparon a Melilla sin ellos, oficiales en su mayoría. Entrado el mes de julio, el día 2, volvieron los ataques rifeños con su furor original, los cuales se centraron ahora en los convoyes de suministro, quedando la línea prácticamente anulada. En tal extremo, la unidad atrincherada en Igueriben bajo el fuego enemigo, imposibilitada para alejarse, pronto se encontró sin agua, obligada, pues, a recurrir a patatas machacadas y al líquido de los botes de conservas, y con posterioridad, a la colonia, el vinagre y la tinta hasta que no les restó otra cosa que los propios orines mezclados con azúcar; algunos realizarían hoyos en la tierra para lamer la humedad de las piedras enterradas.
A partir del 16, se quedó también sin provisiones y sin munición. El comandante Benítez remitió un mensaje a Annual por heliógrafo: «Falta la munición del cañón. Escasea la del fusil. Tenemos pocos víveres. Estamos sin agua». El 17 de julio, se desplazó a una columna desde Annual, integrada por regulares, al mando del capitán de caballería Joaquín Cebollino von Lindeman, que, pese al castigo, logró alcanzar la posición de Igueriben. Sin embargo, la columna de socorro sufrió tanto fuego que las barricas de agua resultaron agujereadas, perdiéndose por el camino. Desgracia a la que se le hubo de sumar la conciencia de los auxiliadores de que tocaba volver por la misma ruta infernal. El 18, se produjo un ataque nocturno que acarició el parapeto español y derivó a un puñado de enfrentamientos cuerpo a cuerpo, que finalmente rechazó a los rifeños. Benítez, bastante alarmado, despachó nuevo mensaje por heliógrafo: «No podremos seguir la resistencia, si no envían recursos urgentemente. Necesitamos agua, víveres, munición y tropas para reponer las bajas». El 19 de julio, dos aviones españoles (probablemente, los únicos operativos) atacaron las posiciones enemigas, pero, claro, dado lo precario de su estado, que tiraban las bombas con las manos, el daño fue irrisorio. Intentó salir de Annual un nuevo convoy de socorro, que apenas cruzó las puertas hubo de regresar, tal fue la respuesta rifeña y, sobre todo, su ocupación del perímetro y el incremento de las adhesiones, lo que no auguraba nada bueno.
La desesperación en Igueriben era absoluta. A temperaturas de cuarenta grados, los soldados se enterraban bajo tierra para combatir el calor y la necesidad de agua era vital, de modo que se ideó un plan arriesgado: mandar hasta Igueriben a una compañía de regulares a la carrera en la que cada hombre portara tres cantimploras sin contemplar el retorno a Annual, es decir, para permanecer en la posición del monte. Sin embargo, el fuego enemigo era tan grande que debieron volver sobre sus pasos con idéntica velocidad. Los rifeños copaban ya todas las alturas, haciendo ilusorio el movimiento, y el último convoy de socorro se disolvió con ciento cincuenta y dos muertos en escasas dos horas.
En el ínterin, como por la zona del Rif la cosa iba estupendamente, Navarro pasaba unos días de permiso en la península. Debidamente avisado, mientras en Melilla Fernández Silvestre manifestaba evidentes síntomas de bipolaridad, el 20 de julio, Navarro entró en Annual con refuerzo de policía indígena y, tras sesión informativa con el Estado Mayor, comprobó lo delicado de la situación y se le notificó que se pensaba mandar un convoy de socorro a Igueriben con tres mil hombres, lo que desguarnecería a Annual. Por su parte, Fernández Silvestre, altivo, remitió carta en la que aseguró que se personaría en Annual junto con el Regimiento de Caballería Alcántara, liberando Igueriben a primera carga.
En Igueriben, entretanto, la indisciplina era el resultado de la desesperanza y la locura. Benítez comunicó a Navarro: «Parece mentira que dejéis perecer a vuestros hermanos y españoles delante de vosotros». Respondió Navarro, persuadido por la fama quejicosa de Benítez: «Resistid unas horas más, pues lo exige el buen nombre de España». Esa noche del 20, atacaron los rifeños, alcanzando el estruendo a Annual, desde donde se transmitió: «Resistid esta noche, y mañana os juramos que seréis salvados o todos quedaremos en el campo del honor».
Cuando Fernández Silvestre se plantó en Annual con los refuerzos el 21 de julio, constató que en Igueriben era baldío cualquier intento de romper las líneas rifeñas. Viendo los cercados que estaban perdidos, decidieron salir y tratar de llegar a Annual cada uno por su cuenta, y que Dios repartiera suerte. Así, lanzados por el heliógrafo varios llamamientos de socorro sin respuesta, dieron el siguiente: «Los de Igueriben mueren, pero no se rinden. Tengo doce disparos de cañón, cuéntenlos. Cuando oigan el último, hagan fuego sobre la posición, pues estaremos revueltos con los moros». El comandante Benítez ordenó evacuar la posición, cubriendo él y sus oficiales la salida de los soldados hacia Annual y a los heridos y enfermos que allí se quedarían, y destruyendo e inutilizando todo el material existente en el interior. La salida se tornó una huida caótica. De los once que lograron adentrarse en Annual, sólo dos sobrevivieron a las heridas y a la deshidratación. Benítez y sus oficiales fallecieron, salvo uno, el teniente Luis Casado, que fue capturado… Sin duda, el peor presagio para los cuatro mil hombres acampados en Annual.
Julián Valle Rivas
El Rif se componía de setenta y una cabilas, que engendraron a los mejores guerreros de África (fama o estatus compartido con los eritreos), insumisos, por ancestral tradición, ante cualquier forma de potestad o intromisión extranjera. Su medio millón de habitantes, aproximadamente, vivía en condiciones de subsistencia, con turnos de riegos para proporcionar una alimentación básica de leguminosas y hortalizas ínfimamente desarrolladas por la escasez de agua, completada por la caza de circunstancias y la pesca marina de orilla; y sólo cuidaban y destinaban la mayor parte de los recursos a los manjares de lujo: olivos, higueras y almendros. Pese a no ser fanáticos religiosos, su consigna bélica era sin prisioneros, sin cuartel. Feroces, mimetizados con el entorno, vengativos, tiradores de élite, sin piedad ni perdón. Lo tecleado, auténticos guerreros… Y en tan agradable teatro de operaciones incursionaron los españoles.
Nuestra Constitución en su primer artículo establece: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del estado”. En esta época hemos visto tambalearse este pilar básico de nuestro modelo democrático de Estado, por la determinación del independentismo catalán, en su pretensión de ejercer la autodeterminación como nación. Pero ¿qué debemos entender por soberanía nacional? ¿cuál ha sido en perspectiva histórica el devenir de la soberanía nacional española? ¿Qué soluciones se están planteando al conflicto catalán?
No mucho antes del desastre, el Ministro de la Guerra, vizconde de Eza, en una visita a la zona rifeña, pudo advertir de primera mano cómo prevalecía en el cuerpo allí destinado la voluntad del general Fernández Silvestre (en la imagen), incluso imponiéndose sobre la del comisario Berenguer. Y marchose del lugar, tras la oportuna ronda fotográfica, sin poner orden ni remedio. Otros, en cambio, sí manifestaron su parecer.
El todavía entonces teniente coronel Ricardo Fernández de Tamarit, enterado de los planes de Fernández Silvestre para Alhucemas mientras integraba el Regimiento de África, a riesgo de su vida, lideró una incursión con el fin de determinar posibles rutas alternativas más seguras a las inicialmente previstas. Comprobados los resultados, cruzó correspondencia con Fernández Silvestre, indicándole el camino idóneo, pues había hallado agua, pastos y recursos abundantes, pudiendo discurrir el ejército sin problema grave. Fernández Silvestre la calificó de «inútil excusión», siendo su promotor un «fantoche», cuando él mismo no tenía dos testículos, sino tres. Ante tan vil grado de soberbia, le respondió Tamarit que su conciencia le imponía ser claro en sus argumentos, el aventurado camino hacia el desastre que Fernández Silvestre pretendía comandar con sus soldados españoles. Añadió que, pese a la apariencia de hombre enérgico, Fernández Silvestre continuaba siendo el «niño grande de siempre», hasta el extremo de que sólo podían defenderle los bigotes, «… si algún día te los afeitas estás perdido». Además, le remarcó que en la Policía rifeña existían elementos «… cuya conducta y depravaciones han levantado contra nosotros una tempestad de odios que se traducirá en un levantamiento general el día menos pensado, y más aún si tenemos un revés». Es decir, que volverían las armas contra ellos, como efectivamente sucedería. Consideró Tamarit que Fernández Silvestre, dándolo todo por hecho, se había instalado prematuramente en Sidi Dris, Afrau y Annual, sin consolidar la retaguardia, sin someter a los rifeños que quedaban atrás, con los evidentes peligros; de manera que, a la mínima de cambio, se encontraría a su espalda cinco o seis mil fusiles contra unas tropas que no estaban preparadas: «vivimos sobre un volcán». Remató Tamarit reprochando como una vergüenza aquello de que los coroneles se pasaran la vida en la plaza de Melilla o en España de permiso, «rascándose la barriga», y sólo fueran al campo cuando iban a desarrollar una operación con la columna; «… Y por lo que se refiere a tus tres testículos, sobre el que decírmelo era innecesario, te diré que yo sólo tengo los dos que me corresponden, y convencido de que todo cuidado es poco para reservarlos, no los uso a destiempo. Te suplico por el bien de todos no malgastes los tuyos prematuramente. Además, no es digno de ti ni de tu elevada posición emplear esos argumentos. Creo haber contestado cumplidamente a tu nota y, si algo falta, el día 18 estaré en Melilla, como ordenas, y lo completaré de palabra».
Años después, cómo no, Berenguer declararía que no había estado convencido del todo con el plan presentado por Fernández Silvestre. Barato descargo, viniendo de un oficial de rango superior. Sin embargo, en su cargo, todavía en campaña, ubicados en Annual y antes de la ofensiva prevista sobre Alhucemas, se reunieron en la propia bahía Berenguer, Fernández Silvestre y los jefes de las cabilas afines. En aquella reunión los jefes rifeños ya avisaron de la incertidumbre que se podía otear, que los de Beni Urriaguel se negarían a cualquier pacto con los españoles y lucharían hasta la muerte. Ignorando o desentendiéndose de las perspectivas, Berenguer escribió una carta al vizconde de Eza en la cual aseveraba que «… la empresa militar de ocupar la bahía no tiene dificultades de gran monta. […] Creo que militarmente el problema de Alhucemas se puede considerar al alcance de nuestras manos». En el ínterin, Abd el-Krim, líder de los Beni Urriaguel, convocó a esos jefes cercanos a los españoles para amenazarlos con quemar sus casas, si no retornaban a la causa rifeña. Condición a la que se avinieron sin rechistar. Por su parte, Berenguer y Fernández Silvestre, en un alarde de arrogancia, bombardearon Axdir, capital del Rif, con el teórico objetivo de intimidar a los rebeldes y afianzar a los aliados. Desafortunadamente, era día de zoco en la localidad y la matanza fue terrible, razón por la cual la reacción fue la contraria: todas las cabilas se sublevaron contra los españoles.
En abril de 1921, Fernández Silvestre había acudido a un acto protocolario en Valladolid, con presencia del Rey y el de Eza, donde fue colmado de parabienes por su estrategia africana. Mientras, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, en aquel evento, condenó la inmoralidad reinante en África y la entrega al juego de muchos de los jefes y oficiales, conductas que, de modo irremediable, conducirían a la catástrofe.
El capitán general Valeriano Weyler, Jefe del Estado Mayor, explicó que los fusiles Remington fueron cedidos a los rifeños aliados, «… que se diferencian de los moros rebeldes en que estos últimos nos tiroteaban tanto de día como de noche, mientras que los sumisos lo hacían sólo de noche, dedicando el día a vacilar con el personal y a vendernos toda clase de baratijas. […] La única manera seria de pacificar el Protectorado sería concentrando a los sumisos, fusilarlos, y luego hacer una guerra normal y sin política contra el resto».
Sobrecoge lo retorcido de la verdad. La realidad de que el Rey y el Gobierno eran conscientes del estado del protectorado africano. Los pronósticos no concedían hueco a la duda, los mandos estaban informados, el entorno era desalentador, y aun así, una extraña mezcla de megalomanía, altivez, desesperación, ofuscamiento, alucinación y patetismo inspiró la campaña, invitó al desastre.
Julián Valle Rivas
