50 AÑOS CON PIPO: 3. Juan de Mairena, por Pepe Morales
Apenas dos años después de la apertura de la Juan de Mairena, se confirmaba que parte del oro de Moscú había aterrizado en Lucena y la confirmación irrebatible apareció en el BOE número 120 de 20 de mayo de 1977 donde se proclamaba la candidatura para las primeras elecciones generales del Partido Comunista de España en la provincia de Córdoba: en el puesto número 6 figuraba una tal Elena Castrillo Castrillo, identificada como la maestra de La Lata y esposa del librero Pipo.
Durante semanas, hubo una actividad en la librería ajena a los libros y la papelería. En un pequeño rinconcillo formado por estanterías y expositores, una sobria mesa y unas incómodas sillas de tijera servían para la logística de la campaña electoral, al tiempo que, a puerta cerrada al público, se organizaban las cuadrillas que salían por las noches armadas de cubos con engrudo de cola de pescado, cepillos y carteles para empapelar el pueblo pidiendo el voto para el PCE. A cualquier hora entraban y salían parejas encargadas del reparto puerta a puerta de programas, trípticos, pegatinas y sobres preparados con la papeleta para meter en las urnas.
El mismo rincón, la misma mesa y las mismas sillas componían un espacio mágico y polivalente donde la clientela ojeaba libros y cómics, leía periódicos y revistas, se improvisaban tertulias, se componían panfletos para imprimir, se hacían reuniones de colectivos diversos, se debatían temas de actualidad y se diseñaban actividades culturales. Con frecuencia, Pipo aprovechaba la presencia de gente de confianza para hacer “mandaos” en las cercanías, encargándoles de advertir a posibles clientes que tardaría poco en volver. Era habitual que parte de la clientela preguntara por Juan, identificando el nombre que aparecía en el toldo de la calle y el papel de envolver con el nombre real del dueño del negocio. En aquella rebotica se gestaron Semanas Culturales, Jornadas Pedagógicas, la caseta de feria de IU, publicaciones periódicas y mil eventos más de todo tipo, aunque los más habituales estaban relacionados con el carrusel de votaciones que trajo la democracia. La librería fue señalada como el nido de rojos del pueblo al que cada vez acudía más gente, del pueblo o forastera, a comprar o “a lo que sea”.
En aquellos años de complicado encaje en la normalidad democrática, Juan de Mairena se consolidó como referente bibliográfico en la comarca, llegando su fama y su actividad a pueblos de Sevilla, Málaga, Jaén y Granada. Pipo y Elena fueron elegidos concejales como integrantes pioneros de una fórmula electoral de agrupación de personas y organizaciones de izquierdas, con y sin militancia partidista o sindical, que más adelante desembocaría en Izquierda Unida Convocatoria por Andalucía. Los resultados de las primeras elecciones municipales fueron espectaculares, pero el PSOE optó por no apoyar a los “comunistas”, facilitando el acceso a la alcaldía de la derecha. Esta forma de entender la política el PSOE, mirando los intereses partidistas por encima de los del pueblo, culminó con el Referéndum de la OTAN en 1986 y el tándem González/Guerra ejecutando la puesta en escena descarada –maquillaje plateado simulando canas en las sienes y tonos marrones remarcando las ojeras– de Felipe González para pedir el Sí, con lánguida voz, ante la cámaras de televisión.
Durante los primeros años, la Libre, apelativo cariñoso con el que era conocida por la juventud que la frecuentaba, fue objeto de amenazas y leves agresiones en la fachada y el escaparate. Pipo afrontó con entereza ejemplar las acometidas de los residuos nacionalcatólicos que trataron de amedrentarlo en los juzgados en varias ocasiones con argumentos descabellados. Una vez, por la publicación bajo pseudónimo de un artículo, en un díptico tamaño A3, del baldón recurrente de la “lucentina puta y fina”. Otra vez, las cofradías y la alcaldía montaron en cólera porque en una publicación similar a la anterior se reproducía el dibujo infantil de una procesión en la plaza nueva con los santeros empinando el codo y el cristo crucificado con una botella en una de las manos desclavada del madero. Hubo algún motivo más para denostar al librero forastero que fue acogido por amplias capas del pueblo como alguien que aportaba frescura y cultura a sus vidas anodinas: teatro, poesía, música, conferencias, mesas redondas, pasacalles, baile, carnaval, encuentros con escritores, talleres, seminarios… eran la cosecha de lo que se germinaba en la rebotica y se sembraba en la calle para disfrute de todo el mundo.
Tanta actividad política y sociocultural en absoluto afectó a la actividad de la librería y las ventas, en mostrador y por teléfono, crecían a buen ritmo. De forma incansable e innovadora, la Juan de Mairena consolidó la feria del libro no sólo en el pueblo, sino también en pueblos y colegios de la comarca a donde Pipo se desplazaba cargando en la Citröen un tenderete portátil como los de los mercadillos y varias cajas con libros cuidadosamente seleccionados para cada lugar. Había nacido el turronero de libros, como le gustaba llamar a esa faceta de su trabajo. Generoso y solidario, se prestó a coordinar las compras para la campaña del libro de texto con otras librerías de forma que todas resultaban beneficiadas. En esas campañas, la librería sufría una transformación convirtiéndose durante un mes en una trinchera donde Pipo y dos personas más atendían las acometidas de la muchedumbre pidiendo libros y material escolar con una ansiedad frenética. La principal función de Pipo era que las existencias no llegaran a agotarse salvo por causas mayores como que la edición de un libro se agotara. La furgoneta no descansaba y se la podía ver a primera hora de la mañana en editoriales y distribuidoras de Córdoba, Granada, Málaga o Sevilla cargando libros que faltaban o estaban a punto de faltar y que antes de medio día ya estaban colocados en sus sitios tras la trinchera.
[Continuará]
Pepe Morales
50 AÑOS CON PIPO. 2 EL ORO DE MOSCÚ
