Lucena, cómo no te voy a querer

castillo moral lucena boabdilVivir, estar o participar en todos aquellos hechos importantes que son la historia de un pueblo, o de un país es una entelequia, ya que no nos es posible vivir eternamente, pero hete aquí, que lo que es evidente es que lo que le debemos al juego de nuestra imaginación es incalculable y solo por ella y con ella podemos vivir, ensoñar, fantasear, coexistir y habitar un pasado.



Me he permitido unas pinceladas de un pasado. Un pasado de una gran ciudad, Lucena, un pasado que de poder haberlo vivido tal como lo narro a continuación es una utopía.



“Me hallo aquí enaltecido de poder  viajar al pasado.  No, no sabría deciros en qué siglo me encuentro pero estoy seguro que debo estar entre el siglo IX y el siglo XII, Me dirijo hacia Eliossana". (La Perla de Sefarad), tengo una carta de recomendación que debo entregar a Ibn Gayyat. Pasaré un tiempo en su afamada Escuela Talmúdica, me dedicaré en cuerpo y alma al estudio no solo de la religión, sino que también abarcaré las ciencias y la poesía.



Muchos años más tarde descubriré que en su cementerio judío descansan mis restos, habrían de pasar muchos siglos para que yo mismo lo supiera. Sí fue en año el 2006 del siglo XXI, aquel perro quien escarbando la tierra halló lo poco que quedaba de mi osamenta, cogió mi cúbito en su hocico y se alejó de mi sepultura. Hoy me ha alegrado saber, que es sin duda la mayor necrópolis judía excavada y la mejor conservada de Europa. Son casi cuatrocientas tumbas las que han hallado, posiblemente de la época de mayor esplendor de Eliossana lo que me lleva a pensar que debí vivir y morir en los años comprendidos en el siglo X. No es me es permitido recodar mucho más de esta época.



No comprendo muy bien, que hago aquí, ¿acaso se me ha dado la oportunidad de vivir otra vida?, ¿o soy un mero viajero del tiempo? Si bien ya no sé si soy protagonista o un mero observador. Oigo el fragor de la batalla, estoy en 1483 es el mes de abril, me veo junto a un río llamado Martín González. He visto cómo ha caído de su caballo herido de muerte Aliatar suegro de Boabdil el Chico, el último sultán del reino nazarí de Granada. La mala suerte de este rey estuvo echada cuando quitó el trono a su padre y estuvo en disputa por este con él, como con su tío el Zagal.

Volviendo a la batalla, Boabdil, comprueba que sus huestes huyen en desbandada, él intenta escapar pero su caballo queda atascado en el fango e intenta esconderse entre la vegetación, pero el peón de infantería natural de Lucena, llamado Martín Hurtado con la ayuda de otros infantes, consigue reducirle. La lujosa vestimenta hace pensar a los peones que el prisionero es alguien importante. Diego Fernández de Córdoba y Arellano, Primer marqués de Comares, lleva al prisionero creyendo que se trataba de alguien importante a una mazmorra del castillo de Moral, fortaleza de su propiedad.

Por aquí ando ahora, enredando en este castillo denominado como el castillo de Lucena, su peculiaridad es que se encuentra ubicado en el casco histórico. He sabido que se construyó en 1148 tras la llegada del imperio almohade. Fernando III de Castilla lo conquistó en 1240. Fue donado a la Orden de Santiago. En 1342, lo adquiere a cambio de unos terrenos la amante del rey Alfonso XI, Leonor de Guzmán que también había adquirido el castillo de Cabra, precisamente en este último lugar nació su hijo ilegítimo con el monarca, el que sería el futuro Enrique II. Leonor mantuvo la propiedad del castillo hasta su fallecimiento en 1351, cuando regresó a la Corona, en 1371 el rey Enrique II lo donó a Juan Martínez de Argote y este, cuatro años más tarde, a su hija María Alfonso de Argote, que había contraído matrimonio con Martín Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, quedando ya unido a este linaje familiar.



He visto a Boabdil antes de partir hasta el castillo de Cabra, ya que ha sido identificado por sus propios soldados, las noticias que he conocido antes de abandonar esta época es que, posteriormente lo entregaron a los Reyes Católicos. En sus ojos leí lo que más tarde supe, que él sería el último sultán del reino nazarí de Granada.



Sigo mi periplo viajero, me hallo en el palacio de los condes de Santa Ana. Es un palacio barroco del siglo XVIII. Lo ha construido la familia Mora-Saavedra, entre 1730 y 1750. Provienen de un linaje de criptojudíos y judeoconversos, atraídos por la fama que tuvo la ciudad en tiempos anteriores y la añoranza de morar en tierra de sus antepasados han decidido establecerse en Lucena. La fachada es magnífica, desde la portada se accede a un vestíbulo que da paso a un primer patio o apeadero, tras el cual se ubica el segundo patio, de planta cuadrada de composición estilística poco convencional.



Entre ambos patios hay una escalera monumental dispuesta en perpendicular respecto al eje de la casa, una bóveda decorada con unas aparatosas yeserías, de un incipiente rococó, por lo que cabe fecharlas una vez mediado el siglo XVIII, quizás en torno a 1760. Por su estilo podría atribuirse a Francisco José Guerrero o a su discípulo Pedro de Mena. Esta escalera se enriquece asimismo con mármoles y azulejos en los peldaños, así como con barandales de bronce.



¿Qué hago aquí? He venido a traerle a D. Antonio Rafael de Mora y Saavedra, quien posee un gabinete de antigüedades, una estatua romana de Eros dormido, de mármol está datada del siglo II. Está esculpida en mármol blanco de grano muy fino y cristalino.



Supe que la estatua romana desapareció, quizás fue escondida tras la invasión napoleónica de Lucena en los inicios del siglo XIX. Me ha congratulado saber que en año 2010 con motivo de la intervención arqueológica del edificio para su rehabilitación como centro de interpretación de la ciudad, ésta ha aparecido.



Sabed, que es al hijo de D. Antonio, D. Juan María de Mora y Pantoja a quien le fue concedido el título nobiliario de Condes de Santa Ana de la Vega por el Rey Carlos IV el 23 de enero de 1805 pero entre la concesión y la expedición del título muere Juan María de Mora por lo que se expide a nombre de su hijo Antonio de Mora Oviedo y Castillejo.



¡Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que estuve aquí! Estoy en la Casa de Mora, hoy es 30 de junio de 2022. Los recuerdos me han venido a la mente cuando corría el año 1599, el Padre Prior nos ha ordenado al hermano Juan y a mí que bajemos a la cripta, debemos colocar los restos mortales del hermano Martín en su lugar de reposo, su cuerpo ya ha pasado el periodo colicuativo, es decir, ya ha soltado todos sus líquidos.



La cripta está excavada en el subsuelo del claustro, se trata de un espacio de unos 4x3 metros de forma rectangular, se accede por una escalera excavada y está cubierta con una bóveda de cañón. Me ha parecido hasta más grande verla vacía.



Este edificio anexo a la Iglesia de San Pedro Mártir de Verona fue el antiguo convento dominico fundado en 1575 por el obispo de Córdoba, hoy he sabido que en 1836 por el decreto de exclaustración pasó a formar parte de los Bienes Nacionales. En 1844 se subastó y pasó a la propiedad de Juan de Navas García. El edificio antes de pasar a la titularidad municipal fue fábrica de anises, molino de aceite y bodega. Conserva un espléndido patio manierista porticado con arcos de medio punto y columnas sobre basamento de pedestal. En su centro conserva una fuente rodeada de jardín y palmeras.


 Actualmente el edificio se ha rehabilitado. El proyecto ha recuperado el patio central porticado y un segundo patio trasero como espacios verdes abiertos para el disfrute de todos los ciudadanos. El resto del edificio se diseña de manera versátil para diversos usos funcionales tales como exposiciones, docencia, usos sociales, reuniones, etc., con un total de 11 salas repartidas en las tres plantas. En realidad solo el patio y la cripta me recuerdan a cuando yo lo habité, pero sin duda su puesta en valor ha evitado su pérdida ya que estuvo más de una década cerrado por su estado ruinoso que le hubiese llevado a su desaparición”.



Tras este delirio, una realidad, tú también puedes llevar tu imaginación a límites insospechados, tú también puedes rememorar, fantasear, soñar……. Porque sin duda la determinación del Ayuntamiento de Lucena, el impulso desde la Concejalía de Turismo en la persona de Teresa Alonso Montejo y el  gran trabajo realizado por la Delegación de Turismo en la persona de Emilia Gálvez Muñoz, para la puesta en valor de tanto patrimonio histórico que podemos hallar en Lucena, nos facilitan los medios para vivir los grandes acontecimientos del pasado de una hermosa ciudad. Una ciudad que aunque no vivas en ella, acabarás enamorándote de ella, para decir sin rubor Lucena, como no te voy a querer.

 

Antonio Fernández Álvarez

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