GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO (IV): LA INFLUENCIA INTERNACIONAL, por Fernando M. García Nieto
Hay factores internacionales que pueden ayudar a la democratización de un país. La modernización resultante de la inversión extranjera, la globalización y el comercio internacional, pueden impulsar la democracia. La sociedad civil se vigoriza por la transmisión de ideas a través de las fronteras con la ayuda de instituciones educativas, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales. La presión o los incentivos internacionales también pueden impulsarla, observemos, por ejemplo, el requisito previo de institucionalización de la democracia para la pertenencia a la Unión Europea.
Pero las relaciones internacionales y la influencia externa que recibe un país también pueden contribuir a favorecer el gobierno no democrático. El ejemplo más claro lo tenemos en los casos de ocupación de un país por otro. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa del este quedo bajo la ocupación militar y el control político de la URSS. Este control totalitario puso fin a los movimientos democráticos que iban apareciendo en la esfera de influencia soviética y eliminó la mayor parte de la sociedad civil de estos países. Retomaremos este tema más adelante.
Las instituciones imperiales que quedaron como herencia histórica en Sudamérica, asimiladas por las élites criollas educadas en la metrópoli, también favorecieron el autoritarismo en la medida en que contribuyeron a generar una modernización desigual, que imposibilitó el desarrollo de una clase media fuerte, tan necesaria para la democracia. Sus nuevas Constituciones liberales y “democráticas”, aprobadas tras la independencia de las nuevas repúblicas, prácticamente copias de la Constitución de los Estados Unidos, sirvieron de poco en aquel contexto.
Otro ejemplo lo tenemos en el imperialismo occidental y su legado. Las fronteras torpemente trazadas por las potencias imperiales europeas en la Conferencia de Berlín de 1885, donde se repartieron el continente africano, han constituido a la larga un gran obstáculo para la democracia. Allí se crearon países con profundas divisiones étnicas y religiosas que, una vez pudieron independizarse a partir de 1945, dificultaron la construcción de consensos, y hacen del autoritarismo, todavía hoy, una forma eficaz para que un grupo étnico monopolice el poder político sometiendo a otros grupos en minoría dentro de un territorio nacional.
En la segunda mitad del siglo XX, durante la Guerra Fría, tanto la URSS como EE. UU. respaldaron a gobernantes autoritarios contra las fuerzas democráticas en el tercer mundo con el objetivo de mantener o ampliar su esfera de influencia.
En 1953 los EE. UU. colaboraron en el derrocamiento del gobierno democrático de Irán, en la conocida como Operación Ajax, la primera operación encubierta de los Estados Unidos para derrocar a un gobierno extranjero. El golpe de estado favoreció el giro antidemocrático del gobierno monárquico de Reza Pahlavi, el último Sah de Persia, que salió fortalecido. El Sah se convirtió en un aliado del bloque occidental durante la Guerra Fría, hasta que fue derrocado y obligado al exilio durante la revolución islámica de los ayatolas en 1979, que daría como resultado la actual República Islámica de Irán, alineada con el Pacto de Varsovia y enemiga mortal de EE. UU. hasta nuestros días. (Ver enlace)
Aquel mismo año los Estados Unidos también apoyaron al régimen franquista para atraérselo a su esfera de influencia. Los acuerdos alcanzados en 1953 entre España y los Estados Unidos para el establecimiento de bases militares estadounidenses, fueron el fruto de años de avances en los que la diplomacia franquista consiguió romper el aislamiento internacional y salir del ostracismo. La lógica de la Guerra Fría ayudó a perpetuar el régimen dictatorial hasta la muerte del caudillo.
La URSS aplastó las revueltas democráticas de Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. El “Otoño Húngaro”, fue un movimiento revolucionario espontáneo contra el gobierno de la República Popular de Hungría y sus políticas impuestas desde el Kremlin. Aprovechando que Occidente se encontraba dividido a causa de la Crisis de Suez, el Politburó movilizó al ejército rojo para invadir Budapest y otras regiones del país. Más de 2.500 húngaros y 722 soldados soviéticos perecieron en el conflicto y unos 200.000 húngaros se convirtieron en refugiados. Los arrestos masivos y las acusaciones duraron meses tras la derrota de los revolucionarios. Para enero de 1957, el nuevo gobierno instalado por los soviéticos había reprimido toda oposición pública. (Ver enlace)
Más recientemente, China y Rusia se han convertido en grandes valedores de diversos regímenes no democráticos de África y Oriente Próximo, mediante la condonación de deuda o cuantiosas inversiones en estos países, y recabando apoyos diplomáticos para ellos en la comunidad internacional. Irán y Arabia Saudí también utilizan su riqueza petrolífera para apoyar regímenes afines no democráticos en la región, aumentando con ello los problemas de países como Siria e Irak.
https://youtu.be/595yxXu_qao?si=Yrzp_ZypI2hInUtr
https://youtu.be/lz3r5lzub_4?si=wk-9GDWm1sZre-m9
Fernando M. García Nieto
