La polarización política como resultado del uso de internet. Reflexión, por Fernando M. García Nieto

redes sociales polarizacion politicaCon la era digital y la llegada de internet a nuestras vidas se han producido grandes cambios en nuestra sociedad y en la política. Estos efectos han de considerarse de carácter positivo o negativo, según el uso que se haya dado a esta tecnología.
 
 
 
En los últimos años crecen las opiniones críticas que señalan aspectos negativos del uso de internet, como por ejemplo que esta tecnología de acceso universal a la comunicación ha fabricado un perfil de lector apresurado y poco reflexivo, que asimila la información que recibe, en cualquier lugar, a través de su smartphone, sin cuestionar su veracidad. La “posverdad”, la verdad modificada por los sentimientos, y las “fake news” contaminan la información verdadera, produciendo en estos tiempos una pérdida de credibilidad y confianza, generalizada en la sociedad.
 
 
 
El uso de internet refuerza la participación política tradicional y, al mismo tiempo, constituye otra dimensión, la “participación on line”. Se ha multiplicado el intercambio de información, de opiniones e ideas variadas, y se promueven desde esta plataforma global diversas iniciativas políticas, y la movilización social para influir en las decisiones públicas a través de blogs, intercambios de correo electrónico, foros digitales, boletines digitales y páginas web. Se han reducido a cero los costes de participación en el proceso político, con un efecto multiplicador de los mensajes, que permite llegar a toda la población en muy poco tiempo, casi de forma instantánea. Esta difusión tan rápida y extensa de información se puede observar claramente en las campañas electorales, o en las manifestaciones de protesta. 
 
 
Por un lado, el uso de redes sociales, e internet en general, puede haber contribuido a la polarización política de la sociedad, al auge de posiciones políticas extremistas y a la difusión de noticias falsas. Vivimos la paradoja de que cuando estamos más conectados que nunca, nos encontramos más alejados ideológicamente. Aunque, como veremos a continuación, también encontramos evidencias empíricas que demuestran lo contrario y restan protagonismo a esta tecnología como causa principal de este desencuentro ideológico. 
 
 
Ideologías extremistas, de todo tipo y origen político, que antes estaban excluidas socialmente a un nivel global, con el abaratamiento de costes de entrada a la comunicación que ha supuesto internet, han encontrado un espacio en la esfera pública y las instituciones del mundo. Hemos visto en los medios de comunicación lo fácil que es crear un ejército de apoyos, a través de cuentas falsas en redes sociales. Esta actividad en redes se conoce como “astroturfing”, en referencia a la marca de césped artificial, y permite lanzar ataques contra el adversario político o disidente, y campañas de desinformación introduciendo en las redes digitales noticias falsas para desprestigiar opciones contrarias, o influir en las elecciones de otros países para desequilibrar sus democracias. Se usa internet como instrumento para infiltrarse en conversaciones “on line” politizadas, para crear crispación, y así, radicalizar las opiniones, ideas y posiciones opuestas. 
 
 
A pesar de lo anterior, los economistas Levi Boxell, Matthew Gentzkow y Jesse Shapiro, realizaron un estudio sobre la campaña electoral de 2016 en Estados Unidos (“Is the internet causing political polarization? Evidence from demographics”, March 2017), para entender cómo el uso de internet de banda ancha se relacionaba directamente con la polarización política de la sociedad estadounidense. Pudieron inferir de las encuestas que un 60% de los individuos entre 18 y 39 años de edad siguieron la campaña por redes sociales, mientras sólo un 26 % de aquellos de más de 75 años lo hicieron, sin embargo, el resultado de su trabajo fue que la polarización política había aumentado en este periodo mucho más en la gente mayor de 75 años, que en los de edades entre 18 y 39 años, es decir, el aumento de polarización fue mucho mayor para la población con menor uso de internet.
 
 
Por otro lado, esta polarización política se ve reforzada por los conocidos “algoritmos”, que seleccionan qué datos e información se muestra en las redes sociales, en función de los intereses de los usuarios. De este modo se configuran “cámaras de eco” ideológicas (Barberá, 2020), burbujas de información en las que el ciudadano queda atrapado recibiendo sólo comentarios, noticias, y documentos, que ratifican sus propias posiciones políticas, que se vuelven cada vez más homogéneas y apartadas de ideas diferentes, radicalizándose frente a las contrarias. Esta circunstancia encuentra explicación científica en el concepto de “homofília social” (McPherson, 2001), o quizás podríamos decir, por extensión, “homofília política”, según el cual los seres humanos buscamos establecer contacto con aquellas otras personas que opinan como nosotros y nos alejamos de quienes piensan de manera contraria a la nuestra. Esta elección de contactos personales, y también, la adaptación de nuestros pensamientos políticos a los posicionamientos del grupo con el que más nos relacionamos, determina la creación de comunidades cada vez más homogéneas y diferenciadas unas de las otras. Esta es la contribución de la combinación de las antes citadas “cámaras de eco” y los “logaritmos” que rigen la información en Internet, pero no es menos cierto, que las personas, por instinto, preferimos leer cosas que nos dan la razón, y navegar por “cajas de resonancia”, buscando nuestra interpretación de la realidad, sin analizar los hechos de un modo objetivo.
 
 
Pero existen estudios que argumentan lo contrario, es decir, que es precisamente en los contactos digitales y esporádicos, con personas de fuera de nuestro entorno más cercano, donde se produce la mayor y más variada aportación de informaciones e ideas políticas, que vienen a equilibrar el influjo que recibimos de nuestros contactos personales (Barberá, 2015). Según estos trabajos de investigación, internet reduciría la polarización al facilitar el contacto con personas con las que no tenemos vínculos directos, sino mas bien “lazos débiles”, que son las que nos aportan nuevas ideas y puntos de vista, multiplicados y amplificados por la ingente cantidad de mensajes que nos llegan a través de las redes sociales.
 
 
Internet ha supuesto un aumento de la participación política por la reducción a cero de sus costes, que antes suponían una gran inversión en tiempo y esfuerzo económico y personal. Ahora podemos participar en la política e influir las decisiones públicas de nuestros gobiernos y legisladores desde el sillón de casa. A esta capacidad se la conoce como “clictivismo” o activismo de salón. Esta facilidad de participación, en líneas generales, es beneficiosa para la sociedad, al mejorar la calidad democrática, la rendición de cuentas por los políticos directamente ante los ciudadanos, las demandas o críticas efectuadas directamente a través de redes sociales por los ciudadanos hacia los políticos, y la transparencia en las relaciones bidireccionales entre los políticos y los ciudadanos. Sin embargo, debemos conocer, como esta misma facilidad de acceso a la comunicación, permite el uso de esta herramienta por grupos extremistas de todas las ideologías, que producen información, la cual, llega a los usuarios de la web sin el filtro que representaba el ejercicio de un periodismo responsable e independiente del poder, hoy en horas bajas por la propia revolución digital y las crisis económicas. Las campañas de desinformación llegan cada vez a más gente y de forma más rápida y constante, contribuyendo a la radicalización de los mensajes, y a la polarización política de la sociedad, a pesar de la actividad de las agencias independientes, cuando lo son, y a pesar de la intervención de las propias redes sociales sobre los contenidos que estos grupos comparten en ellas, en ocasiones, catalogada de censura por aquellos que ven bloqueadas sus cuentas.
 
 
Al mismo tiempo nuestros representantes en las cámaras legislativas y los miembros de los ejecutivos han encontrado en internet una herramienta para persuadir a los ciudadanos de forma directa, para explicar sus políticas, y establecer vínculos directos con estos y otros representantes públicos a través de redes sociales. Pero, la otra cara de la moneda es que los legisladores y gobernantes modifican sus preferencias y sus discursos para, con el objetivo de obtener apoyos electorales, ajustarse a los intereses del público sobre temas concretos, expresados en estas mismas redes digitales. Esta dinámica podría llegar a producir la polarización de los sistemas de partidos y la radicalización de los discursos de la clase política, como influencia de los segmentos sociales extremistas, más activos en internet, en una sociedad ya polarizada políticamente.
 
 
Por último, añadiré que este argumento del uso de internet como causa protagonista de la polarización política, no es único, pues existen otras causas, económicas, demográficas y geográficas que influyen para que esta se produzca, pero que no son objeto de esta reflexión.
 
 
Fernando M. García Nieto