Votar por la salud, por Pepe Morales
Ni dinero, ni amor: salud, sólo salud y nada más que salud. Salud a toda costa para evitar que un catarro, una cefalea o un pinchazo en el costado se lleve por delante a un bebé, a una anciana o a quien sufra un mareo en el curro o el gimnasio. Los síntomas de un catarro pueden enmascarar una neumonía, un dolor de cabeza puede responder a un problema cardiaco y un pinchazo en el costado… ¡buf! Lo recomendable es una atención médica lo más inmediata posible, pero en la Andalucía del PP es imposible más allá de las Urgencias.
Desde que Moreno Bonilla ha metido el bisturí a la Sanidad Pública y desvía presupuesto al negocio de la privada, cualquier nadería de las citadas invita a la inquietud cuando se acude a Salud NO Responde y la cita más cercana para el médico de familia es a dos semanas vista de media, ya sea presencial o telefónica. La inquietud se torna ansiedad y depresión cuando se intenta obtener una cita para el especialista, una operación o una simple prueba diagnóstica. Se podría equiparar la situación a la de una eutanasia no solicitada ni deseada.
La ciudadanía, temiendo por su salud y desconfiando de la virgen del Socorro (patrona de las urgencias y de las emergencias por la gracia de Bonilla), acaba rascándose el bolsillo y contratando una póliza de seguro privado para comprobar que la lista de espera es parecida a la de la Pública y que la aseguradora de turno (Línea Directa, La Caixa o El Corte Inglés, por ejemplo) puede poner pegas y exigir copagos. Como último recurso, queda rezar a la virgen para que no escatimen en pruebas necesarias y que no utilicen catéteres reciclados.
Las consecuencias de la privatización de la Sanidad deberían alertar a la ciudadanía sobre los riesgos para la salud, algo que puede resultar letal. En el caso de los cribados de cáncer de mama, más de 300.000 mamografías fueron derivadas a la sanidad privada, cuyos fallos en la gestión han dado lugar a gravísimas consecuencias para unas 2.000 mujeres no informadas a tiempo de los resultados, siendo citadas con hasta un año de retraso. La insólita, y vergonzosa, respuesta de la Junta ha sido intentar matar al mensajero: AMAMA.
La externalización de las emergencias del 112 (también bajo la advocación de la virgen) iniciada por el PSOE llevó a Sanz y Bonilla, desde la oposición, a pedir su internalización, como consta en el diario de sesiones del Parlamento andaluz, y hoy la Junta desvía dinero a empresas privadas amigas: a Ilunion (ONCE), más de 16.000.000 € al año por el servicio, cuando el coste de personal no llega a 11.000.000. La comisión que investiga el accidente de Adamuz ha tenido que pedir las grabaciones del 112 a la jueza tras negárselas la Junta.
Desde la oposición, Sanz, Bonilla y Aurelio reclamaban un Hospital Público para Lucena y, al obtener mayorías (absoluta Bonilla y holgada Aurelio), han usado los votos para favorecer al hospital privado y negar el Hospital Público exigido y prometido para captar esos votos. Un clásico: deteriorar lo público para justificar su privatización, como están haciendo con la Educación, como hizo el Secretario de Estado de Servicios Sociales, sr. Bonilla, recortando 3.000 millones en Dependencia entre 2011 y 2014, lo que afectó severamente a Andalucía.
Pronto habrá elecciones en esta tierra. Teniendo claro para qué usa el PP sus mayorías y habida cuenta de que mucha gente vota como si fuera Eurovisión, un “reality” de la tele o una apuesta por el Real Madrid o el Barcelona, hay que preguntarse si votará Lucena a los verdugos de sus Servicios Públicos, tropezando, una vez más, con la misma piedra. Salud.
Pepe Morales
