Una mañana en el hospital, por Pepe Morales

consultas hospitalPor protocolo exigido, he pasado dos horas en la sala de espera (exactamente un pasillo con espacio justo para unos bancos pegados a la pared y el paso de una camilla) de un hospital para una prueba diagnóstica. Pacientes y acompañantes se renovaban conforme accedían a las consultas y se marchaban una vez hecha la prueba. Diez o quince minutos de media por paciente, excepto yo, que tenía que esperar dos horas. Sin problema: leyendo un libro o merodeando por la prensa en el móvil se pasa el tiempo volando. Ésa es la teoría.

En la práctica, España es un país mediterráneo de los que la altanería del norte llamó P.I.G.S. cuando los “hombres de negro”, enviados por la troika (CE, BCE y FMI), robaban la Sanidad, la Educación, la Dependencia, las Pensiones y todo lo público. En plena estafa, mal llamada crisis, contaron con el beneplácito complaciente de Rajoy, Montoro o Moreno Bonilla y el fervoroso aplauso de la banca y la CEOE, de los mercados. En un país mediterráneo ocurre que sus gentes son proclives a elevar la voz en bares, en comercios, en el transporte público, en plena calle… y, ¡cómo no!, en la sala o pasillo de espera de un centro sanitario.

Imposible prestar atención al libro o a las noticias. Los pacientes, cuando no la una, el otro, tardaban poco en entablar conversaciones sobre temas varios, sobre todo relacionados con asuntos médicos, como es natural, de los que cualquiera de los presentes tenía ideas clarísimas e irrebatibles sobre cómo debería funcionar el SAS, incluyendo las competencias profesionales del personal sanitario, sin hacer referencia al deterioro del sistema desde que Moreno Bonilla aplica el catecismo neoliberal. Ciento veinte minutos mordiendo la lengua.

Dos conversaciones destacaron por contenido, número de participantes y volumen de voz, a imagen y semejanza de las tertulias de radio y TV. Una a mi lado y la otra a unos cuatro metros de distancia. Una de dos hijas, la madre y dos jóvenes sentadas a mi otro lado. La otra entre dos pacientes y sus acompañantes. Una sobre los temas médicos que las han llevado allí. La otra sobre… en un par de párrafos se verá. Ambas conversaciones acabaron igual, en seco, con la llamada a las pacientes para pasar a consulta. Entremos en detalles.

Conversación 1. Anciana con deterioro cognitivo acompañada por dos hijas cincuentonas. Un auxiliar de clínica les da un litro de agua en tres vasos para que los beba la abuela antes de la prueba. La hija de la voz cantante, que ya había comentado lo absurdo de la prueba y que no tenía que haber llevado a su madre, estalla en cuanto desaparece el auxiliar. Según ella, nadie había dicho que le iban a hacer esa prueba ni que tenía que beber antes. “Los médicos van a lo suyo y los pacientes les importamos un pito… si fueran sus madres no actuarían así”. “Como mi madre, que tiene un brazo destrozado por la quimio y las enfermeras se empeñan en pincharle en ese brazo” se suma la de mi otro lado elevando la voz para salvar la distancia. La anciana se debate entre el vaso y las arcadas producidas al beber, la voz cantante amenaza con llevársela sin hacerle la prueba y yo pienso que los caminos a la eutanasia son insondables. Sale el auxiliar y dice que con un vaso es suficiente, que pasen… y entran sumisas a la consulta. Fin de la historia.

Conversación 2. Repaso a la geopolítica internacional y la repercusión en los bolsillos. “Le están dando para el pelo a los iraníes… los chinos están a la espera… lo de Trump es una mezcla de negocio y locura… y lo de Israel es pura codicia para quedarse con todos los territorios que la rodean”. El paciente lo tiene clarísimo y repite el argumentario cambiando el orden de los asuntos. Una acompañante corrobora sus palabras con una fórmula que suena obsoleta en tiempos de los smartphones y de la inteligencia artificial: “¡lo han dicho en la tele!”. “Sí –afirma otra paciente a su lado–, yo lo he oído en la radio cuando venía en el coche”. Sólo faltó un joven mostrando en su móvil un vídeo meme de TikTok sobre el tema.

Así dos horas en las que no faltó un celador buscando al hijo perdido de un paciente octogenario, un paciente que deja de presionar el punto donde estaba la vía un minuto antes y mancha de sangre la ropa, el asiento y el suelo, el llanto histérico de un bebé atravesando la puerta de una consulta… en fin: cosas que pasan un día cualquiera.

Pepe Morales

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