Los agentes cívicos: un aliado para la seguridad y la convivencia en nuestras ciudades, por Fernando Manuel García Nieto

La experiencia de los agentes cívicos nocturnos en la ciudad de Sevilla abre el debate sobre nuevas formas de reforzar la convivencia, la prevención y la proximidad desde el ámbito municipal, complementando la labor de los cuerpos policiales y mejorando la atención a la ciudadanía.


En los últimos años, los vecinos de muchos municipios vienen demandando una mayor atención a cuestiones que influyen directamente en su calidad de vida: la convivencia en los barrios, la atención a las personas vulnerables, el cuidado de los espacios públicos y una presencia más cercana de los servicios municipales en la calle. Se trata de situaciones que, aunque no siempre constituyen problemas de seguridad en sentido estricto, sí afectan a la percepción de tranquilidad y bienestar de la ciudadanía.


Esta realidad obliga a las administraciones locales a buscar nuevas fórmulas de actuación que complementen el trabajo que ya realizan los distintos servicios públicos. En este contexto han surgido iniciativas destinadas a reforzar la presencia institucional en el espacio público mediante figuras de proximidad. Una de las experiencias más interesantes es la puesta en marcha de los denominados agentes cívicos en ciudades como Sevilla, una iniciativa que muchos identifican con una adaptación moderna de la antigua figura del sereno.


Como profesional de la seguridad local, observo este tipo de proyectos con interés. No porque supongan una alternativa a la función policial, sino precisamente porque pueden convertirse en un complemento útil dentro de un sistema de seguridad moderno, coordinado y adaptado a las necesidades actuales de los ciudadanos.


La experiencia diaria demuestra que una parte importante de las incidencias que generan preocupación vecinal no requiere necesariamente una intervención policial inmediata. Personas mayores que necesitan orientación, ciudadanos que precisan ayuda o acompañamiento, conflictos de convivencia de escasa entidad, incidencias relacionadas con el mobiliario urbano o situaciones que simplemente necesitan ser comunicadas al servicio municipal competente forman parte de la realidad cotidiana de cualquier ciudad.


La presencia de agentes cívicos puede contribuir a detectar estas situaciones de manera temprana y canalizarlas hacia los recursos adecuados. Su labor se sitúa en el ámbito de la información, la mediación y el acompañamiento ciudadano, desempeñando funciones que favorecen la convivencia y mejoran la capacidad de respuesta de la administración local.

Desde mi punto de vista, uno de los principales beneficios de esta figura es que refuerza la presencia de los servicios públicos en la vía pública sin generar duplicidades. Los agentes cívicos nocturnos no sustituyen a la Policía Local ni ejercen funciones de autoridad. No realizan tareas de seguridad ciudadana ni intervenciones policiales. Su misión es distinta y, precisamente por ello, puede resultar valiosa.


Cuando las responsabilidades están claramente definidas, todos los servicios salen beneficiados. La Policía Local puede concentrar sus recursos en aquellas funciones para las que está específicamente formada y legalmente habilitada, mientras que los agentes cívicos desarrollan tareas preventivas, de mediación y de atención directa a los vecinos.


Además, este tipo de iniciativas puede aportar un elemento especialmente importante: la cercanía. Muchas personas se sienten más cómodas trasladando determinadas cuestiones o preocupaciones a una figura de carácter asistencial y orientador. En ocasiones, una conversación, una información adecuada o la detección temprana de un problema pueden evitar que una situación de convivencia termine convirtiéndose en un conflicto de mayor entidad.


Como señalan diversos estudios sobre seguridad urbana impulsados por la Federación Española de Municipios y Provincias, la percepción de seguridad no depende únicamente de la reducción de la delincuencia, sino también de factores como la cohesión social, la calidad del espacio público y la capacidad de los servicios municipales para responder a las necesidades cotidianas de los vecinos. Esta visión más amplia de la seguridad explica el creciente interés por fórmulas que refuercen la prevención y la proximidad desde el ámbito local.


Por supuesto, cualquier proyecto de estas características debe implantarse con prudencia. Es fundamental evitar confusiones sobre las funciones de cada colectivo y garantizar una coordinación eficaz entre todos los servicios municipales. También resulta importante que estas figuras no sean percibidas como una alternativa a la necesaria dotación de efectivos policiales ni como una fórmula para reducir recursos en materia de seguridad.


Sin embargo, rechazar estas experiencias únicamente por ese riesgo supondría ignorar una realidad que ya se observa en numerosas ciudades europeas. La seguridad urbana es cada vez más un concepto amplio que engloba prevención, convivencia, atención social, mediación y colaboración entre distintos profesionales.


Los ciudadanos no solo demandan una respuesta eficaz cuando se produce una emergencia o una infracción. También esperan que las administraciones sean capaces de prevenir problemas, atender situaciones de vulnerabilidad y mantener una presencia cercana y accesible en sus barrios.


La seguridad se construye cuando interviene una patrulla policial, pero también cuando una persona vulnerable recibe ayuda, cuando un conflicto vecinal se resuelve antes de agravarse o cuando una incidencia urbana se detecta y comunica a tiempo. Todas esas actuaciones contribuyen a generar confianza y a mejorar la percepción de seguridad de la ciudadanía.


Por ello, considero que experiencias como la desarrollada en Sevilla merecen ser analizadas con atención. No representan una sustitución del modelo policial tradicional, sino una posible evolución de las políticas municipales de proximidad y convivencia. Bien diseñadas, adecuadamente dotadas y coordinadas, pueden convertirse en una herramienta útil para mejorar la calidad de vida de los vecinos y fortalecer la relación entre la ciudadanía y sus instituciones.


La cuestión no es si los agentes cívicos deben sustituir a la Policía Local, porque claramente no están llamados a hacerlo. La verdadera reflexión consiste en determinar cómo pueden colaborar distintos profesionales para ofrecer una respuesta más completa a los desafíos cotidianos de nuestras ciudades.


Porque una ciudad más segura no es únicamente aquella que dispone de medios para actuar cuando surge un problema. Es, sobre todo, aquella que cuenta con recursos capaces de prevenirlo antes de que aparezca.

Nota del autor :
La reflexión contenida en este artículo se apoya en la documentación y estudios elaborados por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) sobre seguridad local y convivencia ciudadana; en diversas publicaciones del Foro Europeo para la Seguridad Urbana (EFUS) relativas a prevención, mediación y seguridad urbana de proximidad; en la Estrategia de Seguridad Nacional de España; y en la información institucional difundida por el Ayuntamiento de Sevilla sobre la implantación y desarrollo del programa de agentes cívicos.

Fernando Manuel García Nieto

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