La segunda estrella en la camiseta, por Pepe Morales
Con el runrún de fondo de que el cambio climático es un bulo que sólo busca perjudicar a la industria de las energías no renovables, en especial a la de los combustibles fósiles, he alternado el último tango de Messi con las olas de calor, la constatación de que en el ámbito futbolero el deporte es algo cada vez más residual, la evidencia de que la economía es una eficaz mordaza y la confirmación de que la geopolítica contamina cualquier cosa que toque.
Asqueado por la corrupta injerencia de los infantinos y las FIFAs, por la consentida soberbia del criminal naranja que preside los EE.UU. y la vergüenza ajena por el salto de M. Rajoy desde su papel de bufón de los recortes al de payaso diabólico propagandista de ideas neofascistas, mi interés por el mundial fue disminuyendo a medida que subía el termómetro. De hecho, no vi la semifinal contra Francia ni la final contra Argentina, sólo los resúmenes.
Mientras atronaban la madrugada los cohetes de celebración –para terror de personas con autismo, desgracia de mascotas, riesgo de incendio de solares y eriales sin desbrozar y otros daños colaterales asociados al primitivismo pirotécnico–, atronaban mi cabeza los millones de euros que supondría reemplazar las camisetas blancas y rojas con una sola estrella, compradas para la ocasión, por las nuevas con dos. Urgen los selfis para las redes.
Y también atronaron mi cabeza los registros a jugadores de la selección de Uzbekistán, la retención de un futbolista iraquí, la prohibición de entrada a territorio KKK del árbitro somalí Artan, el control con perros a la selección de Senegal en la pista del aeropuerto, el maltrato a la selección iraní, la denegación de visados a periodistas mayoritariamente africanos y la bocaza del ultra M. Rajoy negando la nacionalidad francesa a jugadores nacidos en Francia.
Asqueado por todo lo expuesto, además del conato de prohibición del castellano en las ruedas de prensa o de la indecente cifra de 15.000 millones US$ ingresados por la FIFA en concepto de publicidad, decidí aislarme en la medida de lo posible de tal disparate político y económico al que se suma la Prioridad Nazi-o-ná que convierte en dianas a Nico Williams (por negro), a Yamine Lamal (por negro y musulmán), a Laporte (por gabacho) y a unos cuantos indepes vascos y catalanes que no representan a la España Grande, Libre y Facha.
Abrumado por la triste realidad española y mundial, leí, el mismo día de la final, la entrevista en Cordópolis a Ángel Parejo, antítesis lucentina de la Prioridad Nazi-o-ná. Su labor en Infancia Solidaria, volcada en salvar vidas infantiles de África y Sudamérica, ha tropezado con la maniobra del Ayuntamiento (PP), del Alcalde Aurelio y de la Diputada de Derechos Sociales Irene, para meter la subvención de 25.000 € a Infancia Solidaria (o la de la Asociación de Alzheimer Nuestros Ángeles, trampolín político de la Diputada y florero electoral del Alcalde) en el mismo saco de las intocables cofradías y otras que dan votos a la Prioridad Nazi-o-ná y les reservan las plazas del postureo en misas, pregones y ofrendas.
Los corazones heridos, rotos en muchos casos, de inocentes niños olvidados, odiados en muchos casos, y las personas con sensibilidad que entregan los suyos al noble empeño de salvar vidas ajenas, se enfrentan a quienes dedican sus vidas a darse golpes en sus pechos huecos, vacíos, sin un corazón o algo que se asemeje. Unos 25.000 € costó restaurar un trono de santo (sólo el pan de oro), 3.600 € donó la Cooperativa Olivarera para restaurar el manto de la patrona (sólo una parte): son el coste de un año de actividad para salvar vidas y el de traer a una personita enferma del corazón para ser operada. Siempre hay Prioridades.
¿A cuántas vidas infantiles salvadas o personas atendidas cuando su mente deteriorada las convierte en una carga zombi para su entorno familiar equivale renovar las camisetas con dos estrellas bordadas en el corazón? Haga la cuenta de corazón y analice sus Prioridades.
Gracias a Ángel y a todas las personas que trabajaron, trabajan y trabajarán como voluntariado con el quijotesco convencimiento de mejorar un mundo cada día más inhóspito, egoísta y salvaje y con la férrea voluntad de servir al prójimo en lugar de servirse de él. Hoy sois objetivo a batir por la Prioridad Nazi-o-ná como recoge la Ley aprobada por les Corts Valencianes (PP/Vox), y que aprobarán todos los territorios PP/Vox, legitimando el odio al diferente, al más necesitado, en una España cerrada, en extremo católica y poco cristiana. No cuentan con que el pensamiento y la ternura tienen alas y nadie puede detener su vuelo.
Vuestras camisetas llevan bordada toda una galaxia en el corazón. No sabíais que era imposible, por eso lo estáis consiguiendo.
Pepe Morales
