La ignorancia en campaña, por Pepe Morales

sabiduria ignoranciaPara el público de cuarenta años hacia arriba, los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) todavía se encargan de transmitir la palabrería electoral con poca, casi ninguna, innovación en los formatos. Las mentes de esa audiencia se han ido acomodando a una resignación que conduce a un lamentable proceso de involución. Tal vez, la más reciente innovación mediática haya sido el traslado del discurso político a ciertos programas de entretenimiento donde comparte titulares, presentador y tertulianos con fruslerías y cotilleos.

Ese público otoñal e invernal es también receptor de desinformación y bulos que circulan por unas redes sociales y unas aplicaciones de mensajería que sus hijos y nietos manejan de forma nativa y donde la extrema derecha mantiene un notable caladero ideológico. Las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información han generado la paradoja de que la sociedad actual, con acceso casi ilimitado a la información, sea la más desinformada de la historia. La renuncia al pensamiento crítico la hace al mismo tiempo la más ignorante.

El panorama se complementa con calles empapeladas, buzones invadidos por panfletos y papeletas y faroles colgando de las farolas, la vieja propaganda electoral utilizada más por tradición que por eficacia. Gran parte de la juventud decide el voto con el mismo criterio que elige el menú basura del domingo, el tinte para el cabello, el modelo de peinado, el piercing, el tatuaje y el lugar donde lucirlos. Gran parte de la adultez lo hace con el mismo criterio que elige la alarma de casa, la TV de pago, el seguro sanitario privado o el mobiliario del salón.

Otro clásico de las campañas electorales son los eslóganes que los partidos esgrimen cada vez con menos convencimiento de seducir a alguien con ellos. Como hacen con el resto de sus comunicaciones políticas, tiran de ambigüedad, medias verdades o directamente bulos. “Con la fuerza de Andalucía” (PP), “Defiende lo público” (PSOE), “Sentido común” (Vox), “La izquierda andaluza” (Por Andalucía) y “Vota lo que sientes” (Adelante Andalucía) compiten en la liga de las palabras que se llevará el viento y las ideas de dudoso y precario porvenir.

En todo caso, las elecciones, como la liga de fútbol, están amañadas desde el momento en que unos participantes no cuentan con los mismos recursos y apoyos mediáticos que otros. El bipartidismo se ve favorecido por donaciones “anónimas” y chanchullos que los demás rivales no perciben, y por los esfuerzos de los medios subvencionados por PP y PSOE para asegurar sus prebendas y colaborar con policías patrióticas y togas militantes en la delictiva tarea de que parezca que “todos son iguales”. Del Real Madrid y del Barça…, usted mismo.

Eche en una coctelera a Vicente Vallés, Carlos Herrera, Eduardo Inda, Nacho Abad, Antonio Jiménez, Jiménez Losantos, Francisco Marhuenda, Ana Rosa Quintana y Susanna Griso; añada unos golpes de Vito Quiles, Bertrand Ndongo y Alvise Pérez; mézclelo con Pablo Motos, Iker Jiménez, el Sevilla, Bertín Osborne, Mario Vaquerizo y Alaska; agítelo y sírvalo a temperatura ambiente. La manipulación, los bulos y la desinformación son prácticas muy burdas, pero van con ellas todos a una para garantizar una eficaz ignorancia del electorado.

La juventud repudia la tradición. Las nuevas generaciones obtienen la ignorancia esnifando WhatsApp, vapeando Instagram, fumando Telegram y metiéndose TikTok en las venas. En el siglo XXI, la modernidad ha trocado los versos de Miguel Hernández: “Esta juventud poco empuja, / esta juventud se vende, / y la condena de España / de esta juventud depende”.

Pepe Morales

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