Gardel vuelve a España, por Julián Valle Rivas

carlos gardel en españa lucenaCuando, hace unos tres años, insté al lector curioso, aquél que se rebela contra los modernistas parámetros del acomodo social, pastoreados por los insomnes acólitos del borreguismo, adentrándose con vigor en los ignotos laberintos del pensamiento ilustrado, dispuesto a aliviar de telarañas los recónditos recovecos del conocimiento humanista, a leer con admiración el ensayo guerrerense que recopilaba las andanzas del cantor Carlos Gardel por suelo patrio, lo hacía en la conciencia de que la obra quedaba abierta a la expansión, insuflada por el ímpetu de rescatar las historias desconcertadas por el camino del tiempo, vagantes o desterradas, proscritas o aisladas, siempre esperanzadas en soldar las líneas gravitatorias de la verdad, como fundamento del saber y acicate del espíritu crítico.


    Porque la Historia no es tal, si se imprime con la tinta corrediza de la especulación y la formulación indirecta del suceso; si no se acude a las fuentes originarias, primigenias, arrastrándose entre la papelería ocre, descuajaringada, quebradiza y escocida, que vence la horizontalidad de las baldas que cuadriculan los archivos desaforados por los pseudoinvestigadores más interesados en el brillo del escaparate que en la difusión responsable de los acontecimientos.


    Pero Manuel Guerrero se zambulle sin rubor en las hemerotecas prensadas con los tipos esculpidos por el barroquismo añejo, el que apuraba los márgenes y los saltos de página con la desesperación del que apura los últimos segundos de la vida que se le escapa. Por eso, Guerrero, maestro del verso, evaporado de rimas, corteja los espacios frescos de su ajetreada agenda pergeñada de metáforas con los cargantes y mohosos ambientes de los periódicos aliviados del deber de la actualidad y de los estudios argüidos por mentes colmadas por las minimalistas pasiones de aquellos que buscan traer a la luz los pasajes despreciados por las modas.


    También anunciaba, hace un trienio, que Guerrero disfruta de Gardel con la ilusión de quien saborea los rebordes sobresalientes de la excelencia, asumiendo el propósito, cual misión divina, casi utópica, de devolver a la historia socio-cultural nacional el minutaje de la trayectoria del artista sudamericano por España. Así que Gardel vuelve a España, a través de la segunda edición de «Carlos Gardel en España» (Cuadernos del Laberinto, 2023), para la que Manuel Guerrero se ha preocupado de ratificar, con estampa notarial, los puntos sombreados por una infundada apariencia de vacilación; de ampliar los datos con nuevos descubrimientos biográficos y, sobrecogido el ánimo completivo y aclarador, de multiplicar las notas a pie de página y las imágenes destacadas del relato episódico. Y lo hace con una narrativa clara y directa, circunscrita a la exposición detallada del relato histórico. Huye Guerrero, en su lenguaje, de los circunloquios, del estilo corrosivo y grimoso, enfermo de subordinadas encerradas en otras subordinadas, cuales piezas de muñeca rusa, que, aun no siendo incompatibles, en ocasiones, pueden confundir al literato que se embarca en la empresa del género del ensayo histórico, cuyo único anhelo ha de discurrir por los vibratos de la objetividad emitidos sin ambages, y no por la condensación literaria de la novela histórica. No quiero teclear, con esto, que el discurso guerrerense adolezca de fluidez narrativa; por el contrario, acomete el escenario con el purismo de un retratista, y dota a cada palabra de las letras precisas para plasmar, con su paleta de frases, el cuadro idóneo para el evento descrito. Construye el autor, entonces, un paisaje ensayístico ameno, portentoso de amor a la lengua y respetuoso con los condicionantes de una lectura apasionante y convincente. De una lectura adictiva, plagada de sugestiones al intelecto.


    Sin pretender reiterar lo ya manifestado por este humilde subscriptor en aquel citado título publicado en esta misma casa allá por el mes de marzo de 2021, el cual habrá de servir de antecedente necesario, remisión expresa del panorama guerrerense en torno a la figura gardeliana; atrae, pues, a un lector insaciable en la musculación de la inquietud cómo se pudo cruzar la vida de Gardel con la de otros ilustres personajes de su época de la talla de los integrantes de la Generación del 27, el dramaturgo Jacinto Benavente, el escritor Ramón María del Valle-Inclán, los toreros Ignacio Sánchez Mejías y Juan Belmonte, el barítono Emilio Sagi Barba, el pintor Ignacio Zuloaga o la sin par Familia Real. O cómo se publicitó el estreno de la película «Espérame», rivalizando diversas ciudades por apuntarse el tanto. O cómo transcurrió el paso del cantor por Andalucía. O sus periplos durante la final del Campeonato de España de fútbol de 1928. O su actuación en la reunión en la cual se homenajeó a José Ortega y Gasset, Eduardo Marquina y José Ortega Munilla.


    Manuel Guerrero, con esta segunda edición, «aumentada y corregida», de «Carlos Gardel en España», recupera para el buen lector la esencia más deslumbrante del genial artista. Aunque, por igual, recupera al Guerrero ensayista, al Guerrero que concede el descanso a la pluma del rapsoda para agarrar la del investigador, estudioso y analista… Y qué puedo decir, confieso que me deleito con la obra de ambos.

Julián Valle Rivas

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