Bipartidismo corrupto, por Pepe Morales
Benito Pérez Galdós, en el episodio nacional Cánovas (1912), criticó el sistema político español de finales del siglo XIX, conocido como turno pacífico o turnismo, un sistema que no era una democracia real, sino un mecanismo para que la clase política y la monarquía obtuviesen beneficios económicos a costa de una sociedad empobrecida y analfabeta:
“Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…”.
Un siglo después, con el clan Borbón como tercera pata del banco, la cosa no ha variado y España continúa inmersa en un carrusel de corrupción y endogamia bipartidista a la que se han sumado políticos corruptos de extrema derecha que no se conforman con una parte del pastel, sino que lo reclaman entero, aun amenazando con llevar a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte de nuevo. Ya lo hicieron hace casi un siglo y están repitiendo los mismos pasos con la ayuda de las grandes fortunas, unos medios paniaguados, una Justicia partidista, unas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado militantes, un nacionalcatolicismo redivivo y un analfabetismo universalizado de nuevo.
El analfabetismo y la incultura del electorado son el caldo de cultivo donde históricamente se cocinan este tipo de tejemanejes que convierten el Congreso de los Diputados en una Real Chanchullería donde la corrupción y el nepotismo bipartidista hacen caja al grito falaz de “todos son iguales” mientras la ciudadanía, asqueada, grita el más prosaico y ajustado “PSOE, PP, la misma mierda es”. En lugar de enarbolar una bandera de honestidad ética, el bipartidismo se agarra al “y tú más” para justificar la infame práctica que corrompe y mancha las instituciones, desde la Casa Real hasta la última pedanía de la España vaciada.
Para extender y consolidar el “y tú más”, es fundamental la acción de troles profesionales en redes sociales y medios de comunicación para ajustar la realidad a los intereses de las élites financieras y empresariales, auténticas promotoras y beneficiarias de la corrupción a la que se aplican con fruición Koldos y Amadores, los de las Gürteles y los Ábalos, Borbones y Urdangarines, los Abascales y los Alvises… Y, como monumento al descaro y a cierta conciencia de impunidad, los Montoro hacen caja elaborando Leyes a la medida de su clientela que después son publicadas en el Boletín Oficial del Estado.
Una plaga de troles y troleros centran su labor en escrutar lo publicado en cualquier medio modesto de provincias, detectar disidencias respecto a sus opciones políticas y escribir artículos de oropel verbal para retorcer lo leído y desplegar el argumentario de partido recurriendo a la burda tergiversación, la manipulación del analfabeto y la adopción del papel lastimero y lastimoso de “ofendidito” por la opinión de personas libres cuando éstas responden a sus aviesas difamaciones. Todo ello con el fin de consagrar el pérfido bipartidismo al que sirven como lacayos y rinden pleitesía cortesana.
Bajo sus pieles de cordero no balan, sino que emiten aullidos falsarios para tildar la libertad de opinión y expresión ajena de lo que ellos mismos practican con fervor: sectarismo mercenario al servicio de una de las patas del bipartidismo.
Pepe Morales
