Bilogía guerrerense: Gaya ciencia, por Julián Valle Rivas

   la ciencia de estar contigo manuel guerreroSi la lírica fuera un verbo, Manuel Guerrero se conjugaría en un pluscuamperfecto infinito y universal. Si la lírica fuera un verbo, Manuel Guerrero entrelazaría mente, corazón y alma en una espiritualista trinidad. Si la lírica fuera un verbo, Manuel Guerrero amalgamaría el espacio y el tiempo en una dimensión catalizadora de los sentidos. Pero, por desgracia para el verbo, la lírica es Manuel Guerrero.

 

   En «La ciencia de estar contigo» (X Premio de Poesía María Luisa García Sierra), Manuel Guerrero transmuta, en ese centro alquímico que es el laurel de su lírica, los principios científicos en versos evocadores que arrebatan el corazón al tiempo que sobrecogen el alma, las leyes de la ciencia en odas de la poesía que implosionan los sentidos al tiempo que explosionan las emociones, las regiones científicas en estrofas rítmicas que expanden sentimientos al tiempo que condensan universos métricos. En «La ciencia de estar contigo», el genio versificador de Manuel Guerrero atrae, cual fuerza gravitacional, las infinitas fórmulas de la lengua a las finitas ecuaciones de la rima.
 
 
   Fraccionada en cuatro vectores, tangencias para la cuadratura de un círculo perfecto, el autor ingresa en la matriz de su obra contemplando la relatividad del espacio-tiempo a través de la variedad diagramadora de Minkowski, y así, despejado de curvatura que disgregue su línea, carente de hipótesis, vislumbra el hoy en el mismo plano que el mañana, con ese «algo insólito» donde «lo único verdadero acontece contigo. / […] / Ni hay más tiempo que el tuyo, el llamado contigo, / el pasado contigo», porque «Contigo es la medida básica para el tiempo». Y en ese tiempo en el cual contigo se desliza, como «El tobogán / es juego de descenso», Guerrero pretende caer en «El abrazo querido tras un viaje», recibir «la respuesta precisa del mensaje», puesto que sólo contigo la vida se torna «en conjuntos disjuntos de común confusión. / El tiempo es un conjunto de posibilidades, / […] / igual que de amor lo eres / […] / de todo, todo tú».
 
   Como segundo factor, el poeta aplica las leyes físicas de conservación para postular que, durante la evolución temporal de su existencia, una única magnitud se mantiene constante, pues todo pasa contigo. Contigo «Te viste el cielo, / […] / como un desnudo enigma»; contigo hay «Noche bajo tus sábanas», a cuyo cobijo «con placer, agotada, / el cielo has alcanzado», recreados, al finalizar, en satisfacer los restos de la pasión en «Ahora el cielo, / el cielo de tu boca / es la vía láctea». Contigo es esa constante imperecedera que explica los fenómenos de la naturaleza con los que lograr la paz: «Las olas de tus ojos sacuden los recuerdos / […] / Borran las malas huellas / las olas de tus ojos»; lograr el fervor: «Y cuando las contempla el deseo de ti, / lo curvo de tus senos, lo liso de tu vientre, / lo extenso de tus piernas, lo blanco de tu pie, / son todas esas nubes. No hay reglas en el juego / ni tienes otro límite que tú»; lograr el amor: «El cielo es azul porque del color de tus ojos / se apropió el firmamento, antes de que nacieras; / de la misma materia de la que se componen / estrellas y planetas, a los que el amor mueve, / como mueve los sueños». De la suma de esa paz, ese fervor, ese amor del rapsoda contigo resulta el impar, dos son tres y todo es uno: «La vida es una. / Única e impar: una. / Más que una cifra». La realidad fenece, claro, sin la constante contigo: «Desaparecerá la tierra cuando cierres / los ojos y tus párpados serán un crespón fúnebre. / Nada valdrá la pena cuando cierres los ojos». Sin embargo, pese a la desgarradora conclusión, el autor, hechizado de amor, ni quiere ni puede eludir la constante contigo: «Contigo basta. Nadie como tú. / […] / Contigo basta. Nada como tú»; «Nada, nada es eterno. Todo, todo perece. / […] / Nada, nada es eterno, / salvo tu amor constante más allá del olvido».
 
   Se sirve Guerrero, en el tercer factor de su poemario, de la ley de la inversa del cuadrado para plantear la realidad al otro lado del espectro, la existencia no contigo, sino sin ti, cómo la vida es menos vida a medida que se aleja de la constante contigo, cómo «La odiosa sensación de estar sin ti / es un reloj preciso, parado para dos / amantes…», cómo «La noche siempre es larga»; cómo «Tantas estrellas / te engañan desde el cielo»; cómo es «Demoledor efecto / el del tiempo prestado de tenerte»; cómo «Hoy naufraga un pedazo / del corazón»; cómo «Nunca amanecería después de que con otro / contemplaras la noche tendida y extendida»; hasta que, paso a paso, precipite el olvido: «Oscurece tu nombre / […] / Ampárate en la luz. / La oscuridad te cerca»; «Pronto no quedarán océanos ni tierras / en los que el aire viva recordando tu nombre»; «cada vez que tu tiempo / se define contigo, / se pronuncia contigo, / y se pasa sin ti».
 
   Para el factor de cierre, recurre el poeta al horizonte de sucesos de un agujero negro, consumando la verdad apodíctica que arroja su trayectoria lírica: su yo sólo es posible contigo. Consciente de hallarse aferrado contigo, el autor ya vive contigo, la cotidianeidad de la existencia es contigo: «Nunca te gustó Dick…Y lo repites siempre»; «No hay línea en el suelo que no sea / cuerda en tu desafío equilibrista»; «El poema que lees… / Que no es de amor si no lo lees tú»; «Desde lo celestial a lo mundano, / todo se colorea con el iris azul / de la mirada joven de Malena»; «Así día tras día». Y ya vive junto con la cotidianeidad fuera de ese impar generado contigo: «Alepo es el infierno que emerge de la entraña / de níquel y de hierro…»; «En la televisión bombardean Alepo»; «Por él llora Malena. Por Omrán»; «El banco los echó sin piedad de su casa, / como si se sacara basura a la calle». Escudado en la serenidad del hábito de estar contigo, el rapsoda, sabedor de que el tiempo, sin duda, se pliega a los avatares y caprichos cósmicos (o no tan cósmicos), honra la dignidad de su pluma, al firmar su legado poético con un amistoso y certero consejo: «No te fíes del tiempo. Nunca regala nada / […] / Que al final de tus días / no te arrepientas nunca de todo lo que has hecho».
 
   En «La ciencia de estar contigo», Manuel Guerrero ha fusionado talento, destreza y magisterio para versificar todo un compendio científico sobre el amor, esa unidad del tú y el yo. Un tratado en el cual la física, la química, la astronomía, la biología, destilados por medio del supremo alambique de su brillante lírica, colmarían con el glorioso soneto que arranca: «Todo esto es para ti que estás en cada verso». No en vano, la lírica es y siempre será gaya ciencia.
 
Julián Valle Rivas