Analizar un relato guerrerense, por Julián Valle Rivas

Analizar un relato guerrerensePara analizar un relato guerrerense se ha de acudir a la obra con la conciencia presta a consagrarse a los ambientes intelectuales por los que el autor deambula con la comodidad de quien se mueve en lo conocido o reconocible no por vivido, sino por aprendido, conjugación indirecta, sin duda, de la forma de vivir. Aprendido a base de rasparse la piel de las yemas con las hojas cuarteadas de diarios ocres perdidos en el pretérito bajo un manto acárido, cobertor de tipos estampados con tinta contenida de información. Aprendido a base de resecarse el epitelio de la córnea con las imágenes archivadas de momentos congelados por la eternidad, testigos fehacientes de instantes de la existencia. Aprendido a base de recargarse las estructuras de la memoria con las narraciones históricas recopiladas para las generaciones venideras. Aprendido a base de arrendar su alma a los intereses de la imaginación, para desplegarla en una misión compiladora o recopiladora que genera el contexto idóneo en el cual practicar la inmersión relatadora dirigida al lector menesteroso de textos ilustrados e ilustrativos del quehacer literario.


Entre las alegrías de este año, habré de listar la de encontrar el nombre de mi buen amigo el poeta Manuel Guerrero, en su intermitente faceta prosística, integrado en un cuerpo antológico conformado por escritores universales, como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Ramiro de Maeztu o Francisco Umbral, que bien vale para ratificar su consagración o consolidación de autor prominente de las letras castellanas.


Con el título «Madrid histórico», la editorial MAR Editor ha reunido, en el pasado 2025, a treinta y seis autores, para una antología de relatos dedicados a la ciudad de Madrid, a su historia y a sus historias, como núcleo vertebrador de un entorno propicio para la ficción narrativa o para ficcionar la historia, instrumento de composición de aquello que pudo ser o del modo que pudo ser. Partiendo de tan inmutable premisa, los diversos autores completan las páginas del volumen con ese correspondiente estilo heterogéneo que caracteriza cualquier actuación colectiva de la humanidad, razón por la cual el lector que se ofrezca a detener su vista y su tiempo en cada una de las intervenciones de la colección disfrutará de una lectura amena, de un entretenimiento voraz y de un ejercicio intelectual apacible, mediante usos biográficos, periodísticos, cuentísticos, míticos, verídicos, fabulísticos, legendarios, críticos, retrospectivos; para favorecer una atractiva y curiosa mezcolanza de textos pergeñados con un leguaje efectivo, práctico, múltiple en sus sistemas y concreto en sus fines. Se le ha de disculpar, o perdonar, no obstante, con eximente de responsabilidad, pequeños trampantojos urdidos sin malicia y destinados a fortalecer el bloque narrativo, a través del multiplicador exponencial de sus elementos. Es el caso ejemplarizante del sector protagonizado por Benito Pérez Galdós, para quien la edición ha seleccionado un fragmento de su novela «Amadeo I», tercera entrega de la quinta serie de los «Episodios Nacionales». En un apartado de particularismos, si se me concede escoger un relato de los redactados por alguno de los clásicos incorporados al libro, sería «Entre razas», de Emilia Pardo Bazán, el cual condensa los fundamentos esenciales del subgénero, además de demostrar, una vez más, su prosa vibrante y una historia formidable.


Manuel Guerrero se halla, entonces, donde debe hallarse, donde merece, entre los grandes. Acudiendo a un método literario expedito de una morfología intrincada y una semántica críptica, presenta, en «Los populares del 29», con la brevedad exigida por el negocio y la concreción impuesta por el compromiso, a Perico, universitario madrileño de veinte años, quien debe ser concebido como universitario de los de aquella época de 1929: traje desequilibrado en la talla, camisa arrugada de puntas de cuello retorcidas y largo de corbata a la altura del diafragma; mientras participa en una de las manifestaciones en defensa de la universidad, o de una universidad liberal, organizadas en el marco de reacciones contra la conocida como Ley Callejo, régimen de medidas educativas auspiciadas por Eduardo Callejo de la Cuesta, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. La trama sitúa día y mes, de los cuales sólo adelantaré que se trata del mes de mayo, cuando las fuerzas de seguridad se adentran en los recintos universitarios para neutralizar las protestas y el rey Alfonso XIII pulula por el territorio nacional inaugurando exposiciones en Sevilla (Iberoamericana) y en Barcelona (Universal). Esquivada la ofensiva pública, Perico aprovecha la temprana hora de la mañana para visitar al jurista y escritor Antonio Zozaya You, cargado con una remesa habitual de prensa y revistas, lo que permite a los personajes entablar un diálogo acerca del panorama político y de una relación de hombres y mujeres populares o famosetes, publicada, dando título al relato guerrerense. Un soplo, en definitiva, de la destreza narrativa de un autor adscrito a la literatura total, aficionado al periodo de entreguerras y al prebélico civil español y devoto amante del folclore. Un aperitivo, una degustación elaborada por un escritor, no me cansaré de teclearlo, imprescindible.

 Julián Valle Rivas

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