Deportes, por Pepe Morales

futbolHay algunas cosas a las que se empeñan en llamar deporte y, a base de repetirlo mil veces, el imaginario colectivo acaba acatando que son deporte, al contrario de lo que sucede con los toros, una tradición que, por mucho que se repita y mucho empeño que se ponga, no hay forma de encajarla en el concepto de cultura. Son cosas que tienen en común un público con cierto grado de elitismo y un desmedido movimiento de dinero alrededor de la actividad. Quien haya asistido a una partida de golf, una exhibición de hípica (turf para el público más esnob) o unas pruebas de motor, habrá comprobado que, grosso modo, es así.

De joven, me preguntaba por qué no había negros en el tenis (apenas Althea Gibson, Arthur Ashe y Yannik Noah) o el esquí (¿?). Recuerdo el exquisito público de Wimbledon y Roland Garrós y la imagen de Juan Carlos I y familia en Baqueira Beret. Como conclusión, a los 18 años, con el cadáver del dictador aún caliente, llegué a pensar que eran deportes de pijos. Manolo Santana, acogido en la posguerra por una adinerada familia de Madrid, reforzaba esa idea; no así Manuel Orantes, hijo de la emigración andaluza. Paco Fernández Ochoa, con su capa y la bandera franquista, fue un símbolo de la transición, como Juan Carlos I.

Los deportes de masas han servido históricamente a dos propósitos: distraer al público de la realidad, sobre todo cuando ésta no es amable, y hacer negocios, todo tipo de negocios, legales e ilegales. Este tipo de deportes son fenómenos sociales que comparten cualidades con las religiones: proselitismo (aficionados), fanatismo (ultras y hooligans), ritos (cánticos, bengalas, celebraciones), ceremonias (partidos), templos (peñas, estadios), ídolos adorados (jugadores), movilización de masas (fe, esperanza…) y jerarquía (directivos, presidentes).

Los espacios deportivos en los medios están al servicio del capital que los sostiene y los mantiene para fomentar ideologías patrióticas, individualistas y consumistas. Las secciones “deportes” de los noticiarios dedican al motor un minutaje y una posición en la escaleta muy por encima del interés que despierta en la audiencia, momento ideal para recoger la mesa y/o visitar el aseo. El golf recurre a imágenes “curiosas”, panorámicas del selecto público, alabanzas hacia Jon Rahm o Sergio García y la evocación de la vieja gloria Ballesteros. La hípica suele encontrar acomodo mediático en el ámbito de la prensa amarilla y del corazón.

Estos espacios conceden una atención excesiva a conductas contrarias a la ética deportiva y social ofreciendo imágenes, en bucle, de jugadores y público en actitudes violentas. Los disturbios entre aficiones en las gradas y en las calles, el uso de bengalas y pirotecnia, la exhibición de simbología fascista, o los cánticos racistas, machistas y homófobos de la hinchada son violencias cuyo tratamiento debería ser reducir las imágenes y la noticia al mínimo indispensable para su denuncia y condena. Se trata de formas repudiables de fomentar, normalizándolas, la crispación y la violencia social a través del deporte de masas.

Entre tanto despropósito, entre deportes que no lo son y lo que no es deporte, se habla muy de pasada de lo que sí es deporte, de jugadas, goles, canastas y partidos. Apenas hay lugar para los deportes minoritarios como el atletismo y el deporte femenino es tratado de una forma residual, tal vez por cumplir. Para completar este repaso a la información deportiva, mencionar el daño “pedagógico” infligido por tertulianos, analistas y bustos parlantes con la vocación de censurar determinadas posturas políticas de las estrellas del deporte o de las gradas. Además de blanquear dinero, el deporte lava la imagen de empresas y dictaduras.

Pepe Morales

La ignorancia en campaña, por Pepe Morales

sabiduria ignoranciaPara el público de cuarenta años hacia arriba, los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) todavía se encargan de transmitir la palabrería electoral con poca, casi ninguna, innovación en los formatos. Las mentes de esa audiencia se han ido acomodando a una resignación que conduce a un lamentable proceso de involución. Tal vez, la más reciente innovación mediática haya sido el traslado del discurso político a ciertos programas de entretenimiento donde comparte titulares, presentador y tertulianos con fruslerías y cotilleos.

Ese público otoñal e invernal es también receptor de desinformación y bulos que circulan por unas redes sociales y unas aplicaciones de mensajería que sus hijos y nietos manejan de forma nativa y donde la extrema derecha mantiene un notable caladero ideológico. Las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información han generado la paradoja de que la sociedad actual, con acceso casi ilimitado a la información, sea la más desinformada de la historia. La renuncia al pensamiento crítico la hace al mismo tiempo la más ignorante.

El panorama se complementa con calles empapeladas, buzones invadidos por panfletos y papeletas y faroles colgando de las farolas, la vieja propaganda electoral utilizada más por tradición que por eficacia. Gran parte de la juventud decide el voto con el mismo criterio que elige el menú basura del domingo, el tinte para el cabello, el modelo de peinado, el piercing, el tatuaje y el lugar donde lucirlos. Gran parte de la adultez lo hace con el mismo criterio que elige la alarma de casa, la TV de pago, el seguro sanitario privado o el mobiliario del salón.

Otro clásico de las campañas electorales son los eslóganes que los partidos esgrimen cada vez con menos convencimiento de seducir a alguien con ellos. Como hacen con el resto de sus comunicaciones políticas, tiran de ambigüedad, medias verdades o directamente bulos. “Con la fuerza de Andalucía” (PP), “Defiende lo público” (PSOE), “Sentido común” (Vox), “La izquierda andaluza” (Por Andalucía) y “Vota lo que sientes” (Adelante Andalucía) compiten en la liga de las palabras que se llevará el viento y las ideas de dudoso y precario porvenir.

En todo caso, las elecciones, como la liga de fútbol, están amañadas desde el momento en que unos participantes no cuentan con los mismos recursos y apoyos mediáticos que otros. El bipartidismo se ve favorecido por donaciones “anónimas” y chanchullos que los demás rivales no perciben, y por los esfuerzos de los medios subvencionados por PP y PSOE para asegurar sus prebendas y colaborar con policías patrióticas y togas militantes en la delictiva tarea de que parezca que “todos son iguales”. Del Real Madrid y del Barça…, usted mismo.

Eche en una coctelera a Vicente Vallés, Carlos Herrera, Eduardo Inda, Nacho Abad, Antonio Jiménez, Jiménez Losantos, Francisco Marhuenda, Ana Rosa Quintana y Susanna Griso; añada unos golpes de Vito Quiles, Bertrand Ndongo y Alvise Pérez; mézclelo con Pablo Motos, Iker Jiménez, el Sevilla, Bertín Osborne, Mario Vaquerizo y Alaska; agítelo y sírvalo a temperatura ambiente. La manipulación, los bulos y la desinformación son prácticas muy burdas, pero van con ellas todos a una para garantizar una eficaz ignorancia del electorado.

La juventud repudia la tradición. Las nuevas generaciones obtienen la ignorancia esnifando WhatsApp, vapeando Instagram, fumando Telegram y metiéndose TikTok en las venas. En el siglo XXI, la modernidad ha trocado los versos de Miguel Hernández: “Esta juventud poco empuja, / esta juventud se vende, / y la condena de España / de esta juventud depende”.

Pepe Morales

La Virgen en campaña, por Pepe Morales

juanma moreno virgen araceli lucenaPueblo penoso que asume la vida como un valle de lágrimas del que sólo un incierto dios, un santo varón o una virgen lo pudiera redimir. Triste pueblo entregado a supersticiones, creencias, doctrinas, dogmas y credos, adorador impenitente de imágenes ricamente ataviadas de pedrería y fabulaciones. Pueblo crédulo de mucho amén y poco razonar, dado a la genuflexión como atávica tradición ante el poder celestial y su correspondencia terrenal. Dócil pueblo que asume la manipulación con la naturalidad de una bestia domesticada.

Conocen embaucadores, troleros y trileros estas debilidades y no dudan en utilizarlas para vender crecepelo al calvo, gafas al ciego, música al sordo, raquetas al manco y bicicletas al cojo. Y el pueblo paga por esas y otras promesas entregando la vida si se le pide, víctima de la incultura, la ceguera de la fe, los sermones de la montaña y las falacias de una campaña. Para reforzar su argumentario no dudan los charlatanes en implicar en sus mentiras a patrones y patronas veneradas por el pueblo, un respaldo muy cotizado en plena campaña electoral.

Moreno Bonilla ha tenido todo el morro (y la necesidad) de mentirle al pueblo de Lucena para rebañar votos de incautos que llamarán hospital a lo que no lo es y olvidarán las palabras de sus acólitos negando, tras la mayoría absoluta del PP, que Lucena vaya a tener el hospital público (HARE) reclamado por el propio PP cuando era oposición y comprometido por el mismo PP cuando dependía de los votos de C's y Vox. La foto del alcalde con el consejero Sanz riéndose de la ciudadanía lucentina fue la antesala de la foto de Moreno Bonilla ante la patrona riéndose del pueblo de Lucena.

El señor alcalde, un artista a la hora de sacar provecho a las tradiciones lucentinas, ha propiciado la entrada de la patrona en la campaña electoral, cual florero, para que su jefe mantenga la poltrona de San Telmo y avanzar él en su carrera para saltar a Sevilla o, quién sabe, al Senado. Todo empezó cuando Aurelio acompañó al hermano mayor de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli a Sevilla para explicar la importancia de la muy mariana devoción lucentina a la titular e invitar a Moreno Bonilla al aniversario de la coronación.

No se cortan los populistas del PP a la hora de utilizar los sentimientos religiosos de los devotos en el mercado de los votos, como también lo hacían los populistas del PSOE cuando mandaban Susana Díaz y Juan Pérez. La diferencia está en el alto grado de cinismo e hipocresía de los primeros y en la flagrante contradicción de los segundos. Perfectamente sincronizados, Moreno Bonilla ha utilizado la ofrenda floral como escaparate electoral mientras Jesús Aguirre (recuerden: el consejero que anunció a bombo y platillo el hospital para Lucena) lo ha hecho en la misa matinal del día grande de las fiestas.

Llevan casi un mes los candidatos y candidatas del bipartidismo frecuentando procesiones y romerías a lo largo y ancho de esta infeliz Andalucía. No se cortan nada, se lo pueden permitir. A mediados de abril, la Junta Electoral de Zona de Huércal-Overa (Almería) multó severamente al consejero Antonio Sanz con ¡¡300 eurazos!! por hacer declaraciones públicas sobre ¡¡gestión sanitaria!! durante un acto institucional estando en precampaña electoral. Este año, en la traca pirotécnica que cierra la procesión de la virgen, se ha mezclado el tradicional olor a pólvora con cierto tufillo a azufre.

Si le funcionó a Moreno Bonilla lo de hablar con una vaca, ¿por qué no hacerlo con una escultura?

Pepe Morales

Analizar un relato guerrerense, por Julián Valle Rivas

Analizar un relato guerrerensePara analizar un relato guerrerense se ha de acudir a la obra con la conciencia presta a consagrarse a los ambientes intelectuales por los que el autor deambula con la comodidad de quien se mueve en lo conocido o reconocible no por vivido, sino por aprendido, conjugación indirecta, sin duda, de la forma de vivir. Aprendido a base de rasparse la piel de las yemas con las hojas cuarteadas de diarios ocres perdidos en el pretérito bajo un manto acárido, cobertor de tipos estampados con tinta contenida de información. Aprendido a base de resecarse el epitelio de la córnea con las imágenes archivadas de momentos congelados por la eternidad, testigos fehacientes de instantes de la existencia. Aprendido a base de recargarse las estructuras de la memoria con las narraciones históricas recopiladas para las generaciones venideras. Aprendido a base de arrendar su alma a los intereses de la imaginación, para desplegarla en una misión compiladora o recopiladora que genera el contexto idóneo en el cual practicar la inmersión relatadora dirigida al lector menesteroso de textos ilustrados e ilustrativos del quehacer literario.


Entre las alegrías de este año, habré de listar la de encontrar el nombre de mi buen amigo el poeta Manuel Guerrero, en su intermitente faceta prosística, integrado en un cuerpo antológico conformado por escritores universales, como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Ramiro de Maeztu o Francisco Umbral, que bien vale para ratificar su consagración o consolidación de autor prominente de las letras castellanas.


Con el título «Madrid histórico», la editorial MAR Editor ha reunido, en el pasado 2025, a treinta y seis autores, para una antología de relatos dedicados a la ciudad de Madrid, a su historia y a sus historias, como núcleo vertebrador de un entorno propicio para la ficción narrativa o para ficcionar la historia, instrumento de composición de aquello que pudo ser o del modo que pudo ser. Partiendo de tan inmutable premisa, los diversos autores completan las páginas del volumen con ese correspondiente estilo heterogéneo que caracteriza cualquier actuación colectiva de la humanidad, razón por la cual el lector que se ofrezca a detener su vista y su tiempo en cada una de las intervenciones de la colección disfrutará de una lectura amena, de un entretenimiento voraz y de un ejercicio intelectual apacible, mediante usos biográficos, periodísticos, cuentísticos, míticos, verídicos, fabulísticos, legendarios, críticos, retrospectivos; para favorecer una atractiva y curiosa mezcolanza de textos pergeñados con un leguaje efectivo, práctico, múltiple en sus sistemas y concreto en sus fines. Se le ha de disculpar, o perdonar, no obstante, con eximente de responsabilidad, pequeños trampantojos urdidos sin malicia y destinados a fortalecer el bloque narrativo, a través del multiplicador exponencial de sus elementos. Es el caso ejemplarizante del sector protagonizado por Benito Pérez Galdós, para quien la edición ha seleccionado un fragmento de su novela «Amadeo I», tercera entrega de la quinta serie de los «Episodios Nacionales». En un apartado de particularismos, si se me concede escoger un relato de los redactados por alguno de los clásicos incorporados al libro, sería «Entre razas», de Emilia Pardo Bazán, el cual condensa los fundamentos esenciales del subgénero, además de demostrar, una vez más, su prosa vibrante y una historia formidable.


Manuel Guerrero se halla, entonces, donde debe hallarse, donde merece, entre los grandes. Acudiendo a un método literario expedito de una morfología intrincada y una semántica críptica, presenta, en «Los populares del 29», con la brevedad exigida por el negocio y la concreción impuesta por el compromiso, a Perico, universitario madrileño de veinte años, quien debe ser concebido como universitario de los de aquella época de 1929: traje desequilibrado en la talla, camisa arrugada de puntas de cuello retorcidas y largo de corbata a la altura del diafragma; mientras participa en una de las manifestaciones en defensa de la universidad, o de una universidad liberal, organizadas en el marco de reacciones contra la conocida como Ley Callejo, régimen de medidas educativas auspiciadas por Eduardo Callejo de la Cuesta, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. La trama sitúa día y mes, de los cuales sólo adelantaré que se trata del mes de mayo, cuando las fuerzas de seguridad se adentran en los recintos universitarios para neutralizar las protestas y el rey Alfonso XIII pulula por el territorio nacional inaugurando exposiciones en Sevilla (Iberoamericana) y en Barcelona (Universal). Esquivada la ofensiva pública, Perico aprovecha la temprana hora de la mañana para visitar al jurista y escritor Antonio Zozaya You, cargado con una remesa habitual de prensa y revistas, lo que permite a los personajes entablar un diálogo acerca del panorama político y de una relación de hombres y mujeres populares o famosetes, publicada, dando título al relato guerrerense. Un soplo, en definitiva, de la destreza narrativa de un autor adscrito a la literatura total, aficionado al periodo de entreguerras y al prebélico civil español y devoto amante del folclore. Un aperitivo, una degustación elaborada por un escritor, no me cansaré de teclearlo, imprescindible.

 Julián Valle Rivas

Papeleras, sí gracias (y si están vacías, mejor), por Vicente Dalda

papelera lucenaIndudable el civismo. Ese concepto tan bonito que todos defendemos… siempre que haya una papelera cerca, claro. Porque hay que ayudar al civismo. No basta con pedirlo, ni con apelarlo en discursos bien entonados. El civismo, como las plantas, necesita riego. Y en este caso, el agua se llama papeleras.


Hace unos días, en la bajada de la Virgen de Araceli —uno de esos días en los que Lucena se vuelca, se emociona y se echa a la calle— pudimos comprobarlo con bastante claridad… y con algo menos de limpieza. Calles sucias, la carretera de bajada del santuario con más restos de los deseables, y papeleras… pocas, llenas y, en algunos casos, casi piezas de colección.


Porque claro, pedir civismo cuando no hay dónde ejercerlo tiene su aquel. Es como pedir silencio en mitad de una mascletá.


Pues bien, señor alcalde, Aurelio: escuche. Pero escuche de verdad, no solo en esas reuniones tan estupendas para la foto y el titular. Que la solución no hay que inventarla, que ya está inventada.


Estructuras ligeras, bolsas serigrafiadas, prácticas, visibles, baratas. Las que se colocan en Córdoba y en tantas otras ciudades cuando hay eventos. No estamos descubriendo la pólvora, estamos pidiendo algo bastante más sencillo: sentido común con soporte metálico y bolsa incorporada.


Porque el civismo, sí, es cosa de todos. Pero las papeleras… esas, curiosamente, son cosa del Ayuntamiento.
Y oye, con un poco de ayuda, igual hasta funciona.

Vicente Dalda

Toros y obispos en campaña, por Pepe Morales

obispos torosSi hay algo que ejemplifica el concepto de “chiringuito”, si algo ilustra el significado de “paguita”, “derroche”, “populismo” y otras manipulaciones lingüísticas utilizadas de forma sectaria por las derechas, basta con echar un vistazo a las subvenciones y el gasto que destinan al mundo de los toros, una actividad cerril cuyo apoyo institucional contrasta con el descabello al que están sometiendo a la Sanidad, la Educación y la Dependencia, entre otros servicios públicos del Estado del Bienestar al que pretenden cortar dos orejas y rabo.

Si hay algo que clarifique parábolas bíblicas como las de los sepulcros blanqueados (Mateo 23:27-32), el Becerro de oro (Éxodo 32), la expulsión de los mercaderes del templo (Lucas 19:45-48), el canto del gallo (Mateo 26:34) o la figura de Judas Iscariote (Juan 12:3-8), basta con echar un vistazo al Vaticano y a la Conferencia Episcopal, donde las prácticas terrenales se apartan de lo predicado por los evangelios y los alejan del reino de los cielos (Marcos 12:14-17), dejando claro que el suyo sí que es de este mundo (Juan 18:33-36).

Toreros, banderilleros, mozos de espadas, picadores, monosabios y ganaderos se lanzan al ruedo electoral con las únicas luces de sus trajes y el convencimiento de que sus faenas obsoletas no tienen mayor sostén que el dispendio a cuenta del erario público. Perdidos los apoyos populares, sólo cuentan con los de personajes ultramontanos como Carlos Herrera o Bertín Osborne, decadentes aristócratas, figurantes políticos y nostálgicos sin más futuro que el pasado. Aún así, hacen el paseíllo en el circo electoral sin miedo alguno al escarnio.

Obispos, arzobispos, cardenales, deanes, capellanes, ecónomos, párrocos, curas, frailes, monjas, sacristanes, monaguillos y cofrades están implicados en la eterna cruzada contra el maligno, personificado hoy día en quienes fueron elegidos democráticamente en las dos últimas citas electorales a nivel nacional. El tradicional posicionamiento conservador de la Jerarquía Católica, que la llevó a dar nombre, y más, a la dictadura nacionalcatólica, la lleva hoy a hacer campaña desde púlpitos y foros a favor de los herederos del régimen totalitario.

La programación de Canal Sur, con el Partido Popular, ha aumentado de forma bochornosa los espacios taurinos, con audiencia residual, y las retransmisiones de eventos religiosos, con una cobertura mayor si cabe que la de 13TV, ese chiringuito al que la Conferencia Episcopal da casi el doble de dinero que a Cáritas. Se trata de una inversión publicitaria más eficaz y rentable que la tradicional propaganda electoral y que, además, se prolonga a lo largo de todo el año y escapa al control de la Junta Electoral y del Tribunal de Cuentas.

No son estos populismos privativos de las derechas: véanse a los “socialistas” Fernández Vara o García-Page defendiendo las corridas desde el tendido de sombra y a muchos otros y otras entregando medallas y alcaldías perpetuas a vírgenes y santos. Las anacronías de añejas monteras y vetustas sotanas sobreviven, en esta España arcaizante que no acaba de soltar el lastre de tradiciones que poco aportan al progreso y mucho al inmovilismo, por su comunión con las derechas que les permiten medrar en los erarios a cambio de apoyos.

Capotes y monteras, estolas y sotanas tienen garantizada su presencia pública durante el mes festivo elegido para celebrar unas elecciones con más populismo y más manipulación que Susana Díaz en la Real Maestranza o en la Esperanza de Triana. Una ocasión ideal para hacer campaña electoral Bonilla y caja ganaderos y cuadrillas, obispados y cofradías.

Pepe Morales

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