La Virgen en campaña, por Pepe Morales

juanma moreno virgen araceli lucenaPueblo penoso que asume la vida como un valle de lágrimas del que sólo un incierto dios, un santo varón o una virgen lo pudiera redimir. Triste pueblo entregado a supersticiones, creencias, doctrinas, dogmas y credos, adorador impenitente de imágenes ricamente ataviadas de pedrería y fabulaciones. Pueblo crédulo de mucho amén y poco razonar, dado a la genuflexión como atávica tradición ante el poder celestial y su correspondencia terrenal. Dócil pueblo que asume la manipulación con la naturalidad de una bestia domesticada.

Conocen embaucadores, troleros y trileros estas debilidades y no dudan en utilizarlas para vender crecepelo al calvo, gafas al ciego, música al sordo, raquetas al manco y bicicletas al cojo. Y el pueblo paga por esas y otras promesas entregando la vida si se le pide, víctima de la incultura, la ceguera de la fe, los sermones de la montaña y las falacias de una campaña. Para reforzar su argumentario no dudan los charlatanes en implicar en sus mentiras a patrones y patronas veneradas por el pueblo, un respaldo muy cotizado en plena campaña electoral.

Moreno Bonilla ha tenido todo el morro (y la necesidad) de mentirle al pueblo de Lucena para rebañar votos de incautos que llamarán hospital a lo que no lo es y olvidarán las palabras de sus acólitos negando, tras la mayoría absoluta del PP, que Lucena vaya a tener el hospital público (HARE) reclamado por el propio PP cuando era oposición y comprometido por el mismo PP cuando dependía de los votos de C's y Vox. La foto del alcalde con el consejero Sanz riéndose de la ciudadanía lucentina fue la antesala de la foto de Moreno Bonilla ante la patrona riéndose del pueblo de Lucena.

El señor alcalde, un artista a la hora de sacar provecho a las tradiciones lucentinas, ha propiciado la entrada de la patrona en la campaña electoral, cual florero, para que su jefe mantenga la poltrona de San Telmo y avanzar él en su carrera para saltar a Sevilla o, quién sabe, al Senado. Todo empezó cuando Aurelio acompañó al hermano mayor de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli a Sevilla para explicar la importancia de la muy mariana devoción lucentina a la titular e invitar a Moreno Bonilla al aniversario de la coronación.

No se cortan los populistas del PP a la hora de utilizar los sentimientos religiosos de los devotos en el mercado de los votos, como también lo hacían los populistas del PSOE cuando mandaban Susana Díaz y Juan Pérez. La diferencia está en el alto grado de cinismo e hipocresía de los primeros y en la flagrante contradicción de los segundos. Perfectamente sincronizados, Moreno Bonilla ha utilizado la ofrenda floral como escaparate electoral mientras Jesús Aguirre (recuerden: el consejero que anunció a bombo y platillo el hospital para Lucena) lo ha hecho en la misa matinal del día grande de las fiestas.

Llevan casi un mes los candidatos y candidatas del bipartidismo frecuentando procesiones y romerías a lo largo y ancho de esta infeliz Andalucía. No se cortan nada, se lo pueden permitir. A mediados de abril, la Junta Electoral de Zona de Huércal-Overa (Almería) multó severamente al consejero Antonio Sanz con ¡¡300 eurazos!! por hacer declaraciones públicas sobre ¡¡gestión sanitaria!! durante un acto institucional estando en precampaña electoral. Este año, en la traca pirotécnica que cierra la procesión de la virgen, se ha mezclado el tradicional olor a pólvora con cierto tufillo a azufre.

Si le funcionó a Moreno Bonilla lo de hablar con una vaca, ¿por qué no hacerlo con una escultura?

Pepe Morales

Analizar un relato guerrerense, por Julián Valle Rivas

Analizar un relato guerrerensePara analizar un relato guerrerense se ha de acudir a la obra con la conciencia presta a consagrarse a los ambientes intelectuales por los que el autor deambula con la comodidad de quien se mueve en lo conocido o reconocible no por vivido, sino por aprendido, conjugación indirecta, sin duda, de la forma de vivir. Aprendido a base de rasparse la piel de las yemas con las hojas cuarteadas de diarios ocres perdidos en el pretérito bajo un manto acárido, cobertor de tipos estampados con tinta contenida de información. Aprendido a base de resecarse el epitelio de la córnea con las imágenes archivadas de momentos congelados por la eternidad, testigos fehacientes de instantes de la existencia. Aprendido a base de recargarse las estructuras de la memoria con las narraciones históricas recopiladas para las generaciones venideras. Aprendido a base de arrendar su alma a los intereses de la imaginación, para desplegarla en una misión compiladora o recopiladora que genera el contexto idóneo en el cual practicar la inmersión relatadora dirigida al lector menesteroso de textos ilustrados e ilustrativos del quehacer literario.


Entre las alegrías de este año, habré de listar la de encontrar el nombre de mi buen amigo el poeta Manuel Guerrero, en su intermitente faceta prosística, integrado en un cuerpo antológico conformado por escritores universales, como Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Ramiro de Maeztu o Francisco Umbral, que bien vale para ratificar su consagración o consolidación de autor prominente de las letras castellanas.


Con el título «Madrid histórico», la editorial MAR Editor ha reunido, en el pasado 2025, a treinta y seis autores, para una antología de relatos dedicados a la ciudad de Madrid, a su historia y a sus historias, como núcleo vertebrador de un entorno propicio para la ficción narrativa o para ficcionar la historia, instrumento de composición de aquello que pudo ser o del modo que pudo ser. Partiendo de tan inmutable premisa, los diversos autores completan las páginas del volumen con ese correspondiente estilo heterogéneo que caracteriza cualquier actuación colectiva de la humanidad, razón por la cual el lector que se ofrezca a detener su vista y su tiempo en cada una de las intervenciones de la colección disfrutará de una lectura amena, de un entretenimiento voraz y de un ejercicio intelectual apacible, mediante usos biográficos, periodísticos, cuentísticos, míticos, verídicos, fabulísticos, legendarios, críticos, retrospectivos; para favorecer una atractiva y curiosa mezcolanza de textos pergeñados con un leguaje efectivo, práctico, múltiple en sus sistemas y concreto en sus fines. Se le ha de disculpar, o perdonar, no obstante, con eximente de responsabilidad, pequeños trampantojos urdidos sin malicia y destinados a fortalecer el bloque narrativo, a través del multiplicador exponencial de sus elementos. Es el caso ejemplarizante del sector protagonizado por Benito Pérez Galdós, para quien la edición ha seleccionado un fragmento de su novela «Amadeo I», tercera entrega de la quinta serie de los «Episodios Nacionales». En un apartado de particularismos, si se me concede escoger un relato de los redactados por alguno de los clásicos incorporados al libro, sería «Entre razas», de Emilia Pardo Bazán, el cual condensa los fundamentos esenciales del subgénero, además de demostrar, una vez más, su prosa vibrante y una historia formidable.


Manuel Guerrero se halla, entonces, donde debe hallarse, donde merece, entre los grandes. Acudiendo a un método literario expedito de una morfología intrincada y una semántica críptica, presenta, en «Los populares del 29», con la brevedad exigida por el negocio y la concreción impuesta por el compromiso, a Perico, universitario madrileño de veinte años, quien debe ser concebido como universitario de los de aquella época de 1929: traje desequilibrado en la talla, camisa arrugada de puntas de cuello retorcidas y largo de corbata a la altura del diafragma; mientras participa en una de las manifestaciones en defensa de la universidad, o de una universidad liberal, organizadas en el marco de reacciones contra la conocida como Ley Callejo, régimen de medidas educativas auspiciadas por Eduardo Callejo de la Cuesta, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. La trama sitúa día y mes, de los cuales sólo adelantaré que se trata del mes de mayo, cuando las fuerzas de seguridad se adentran en los recintos universitarios para neutralizar las protestas y el rey Alfonso XIII pulula por el territorio nacional inaugurando exposiciones en Sevilla (Iberoamericana) y en Barcelona (Universal). Esquivada la ofensiva pública, Perico aprovecha la temprana hora de la mañana para visitar al jurista y escritor Antonio Zozaya You, cargado con una remesa habitual de prensa y revistas, lo que permite a los personajes entablar un diálogo acerca del panorama político y de una relación de hombres y mujeres populares o famosetes, publicada, dando título al relato guerrerense. Un soplo, en definitiva, de la destreza narrativa de un autor adscrito a la literatura total, aficionado al periodo de entreguerras y al prebélico civil español y devoto amante del folclore. Un aperitivo, una degustación elaborada por un escritor, no me cansaré de teclearlo, imprescindible.

 Julián Valle Rivas

Papeleras, sí gracias (y si están vacías, mejor), por Vicente Dalda

Indudable el civismo. Ese concepto tan bonito que todos defendemos… siempre que haya una papelera cerca, claro. Porque hay que ayudar al civismo. No basta con pedirlo, ni con apelarlo en discursos bien entonados. El civismo, como las plantas, necesita riego. Y en este caso, el agua se llama papeleras.


Hace unos días, en la bajada de la Virgen de Araceli —uno de esos días en los que Lucena se vuelca, se emociona y se echa a la calle— pudimos comprobarlo con bastante claridad… y con algo menos de limpieza. Calles sucias, la carretera de bajada del santuario con más restos de los deseables, y papeleras… pocas, llenas y, en algunos casos, casi piezas de colección.


Porque claro, pedir civismo cuando no hay dónde ejercerlo tiene su aquel. Es como pedir silencio en mitad de una mascletá.


Pues bien, señor alcalde, Aurelio: escuche. Pero escuche de verdad, no solo en esas reuniones tan estupendas para la foto y el titular. Que la solución no hay que inventarla, que ya está inventada.


Estructuras ligeras, bolsas serigrafiadas, prácticas, visibles, baratas. Las que se colocan en Córdoba y en tantas otras ciudades cuando hay eventos. No estamos descubriendo la pólvora, estamos pidiendo algo bastante más sencillo: sentido común con soporte metálico y bolsa incorporada.


Porque el civismo, sí, es cosa de todos. Pero las papeleras… esas, curiosamente, son cosa del Ayuntamiento.
Y oye, con un poco de ayuda, igual hasta funciona.

Vicente Dalda

Toros y obispos en campaña, por Pepe Morales

Si hay algo que ejemplifica el concepto de “chiringuito”, si algo ilustra el significado de “paguita”, “derroche”, “populismo” y otras manipulaciones lingüísticas utilizadas de forma sectaria por las derechas, basta con echar un vistazo a las subvenciones y el gasto que destinan al mundo de los toros, una actividad cerril cuyo apoyo institucional contrasta con el descabello al que están sometiendo a la Sanidad, la Educación y la Dependencia, entre otros servicios públicos del Estado del Bienestar al que pretenden cortar dos orejas y rabo.

Si hay algo que clarifique parábolas bíblicas como las de los sepulcros blanqueados (Mateo 23:27-32), el Becerro de oro (Éxodo 32), la expulsión de los mercaderes del templo (Lucas 19:45-48), el canto del gallo (Mateo 26:34) o la figura de Judas Iscariote (Juan 12:3-8), basta con echar un vistazo al Vaticano y a la Conferencia Episcopal, donde las prácticas terrenales se apartan de lo predicado por los evangelios y los alejan del reino de los cielos (Marcos 12:14-17), dejando claro que el suyo sí que es de este mundo (Juan 18:33-36).

Toreros, banderilleros, mozos de espadas, picadores, monosabios y ganaderos se lanzan al ruedo electoral con las únicas luces de sus trajes y el convencimiento de que sus faenas obsoletas no tienen mayor sostén que el dispendio a cuenta del erario público. Perdidos los apoyos populares, sólo cuentan con los de personajes ultramontanos como Carlos Herrera o Bertín Osborne, decadentes aristócratas, figurantes políticos y nostálgicos sin más futuro que el pasado. Aún así, hacen el paseíllo en el circo electoral sin miedo alguno al escarnio.

Obispos, arzobispos, cardenales, deanes, capellanes, ecónomos, párrocos, curas, frailes, monjas, sacristanes, monaguillos y cofrades están implicados en la eterna cruzada contra el maligno, personificado hoy día en quienes fueron elegidos democráticamente en las dos últimas citas electorales a nivel nacional. El tradicional posicionamiento conservador de la Jerarquía Católica, que la llevó a dar nombre, y más, a la dictadura nacionalcatólica, la lleva hoy a hacer campaña desde púlpitos y foros a favor de los herederos del régimen totalitario.

La programación de Canal Sur, con el Partido Popular, ha aumentado de forma bochornosa los espacios taurinos, con audiencia residual, y las retransmisiones de eventos religiosos, con una cobertura mayor si cabe que la de 13TV, ese chiringuito al que la Conferencia Episcopal da casi el doble de dinero que a Cáritas. Se trata de una inversión publicitaria más eficaz y rentable que la tradicional propaganda electoral y que, además, se prolonga a lo largo de todo el año y escapa al control de la Junta Electoral y del Tribunal de Cuentas.

No son estos populismos privativos de las derechas: véanse a los “socialistas” Fernández Vara o García-Page defendiendo las corridas desde el tendido de sombra y a muchos otros y otras entregando medallas y alcaldías perpetuas a vírgenes y santos. Las anacronías de añejas monteras y vetustas sotanas sobreviven, en esta España arcaizante que no acaba de soltar el lastre de tradiciones que poco aportan al progreso y mucho al inmovilismo, por su comunión con las derechas que les permiten medrar en los erarios a cambio de apoyos.

Capotes y monteras, estolas y sotanas tienen garantizada su presencia pública durante el mes festivo elegido para celebrar unas elecciones con más populismo y más manipulación que Susana Díaz en la Real Maestranza o en la Esperanza de Triana. Una ocasión ideal para hacer campaña electoral Bonilla y caja ganaderos y cuadrillas, obispados y cofradías.

Pepe Morales

Votar por la salud, por Pepe Morales

Ni dinero, ni amor: salud, sólo salud y nada más que salud. Salud a toda costa para evitar que un catarro, una cefalea o un pinchazo en el costado se lleve por delante a un bebé, a una anciana o a quien sufra un mareo en el curro o el gimnasio. Los síntomas de un catarro pueden enmascarar una neumonía, un dolor de cabeza puede responder a un problema cardiaco y un pinchazo en el costado… ¡buf! Lo recomendable es una atención médica lo más inmediata posible, pero en la Andalucía del PP es imposible más allá de las Urgencias.

Desde que Moreno Bonilla ha metido el bisturí a la Sanidad Pública y desvía presupuesto al negocio de la privada, cualquier nadería de las citadas invita a la inquietud cuando se acude a Salud NO Responde y la cita más cercana para el médico de familia es a dos semanas vista de media, ya sea presencial o telefónica. La inquietud se torna ansiedad y depresión cuando se intenta obtener una cita para el especialista, una operación o una simple prueba diagnóstica. Se podría equiparar la situación a la de una eutanasia no solicitada ni deseada.

La ciudadanía, temiendo por su salud y desconfiando de la virgen del Socorro (patrona de las urgencias y de las emergencias por la gracia de Bonilla), acaba rascándose el bolsillo y contratando una póliza de seguro privado para comprobar que la lista de espera es parecida a la de la Pública y que la aseguradora de turno (Línea Directa, La Caixa o El Corte Inglés, por ejemplo) puede poner pegas y exigir copagos. Como último recurso, queda rezar a la virgen para que no escatimen en pruebas necesarias y que no utilicen catéteres reciclados.

Las consecuencias de la privatización de la Sanidad deberían alertar a la ciudadanía sobre los riesgos para la salud, algo que puede resultar letal. En el caso de los cribados de cáncer de mama, más de 300.000 mamografías fueron derivadas a la sanidad privada, cuyos fallos en la gestión han dado lugar a gravísimas consecuencias para unas 2.000 mujeres no informadas a tiempo de los resultados, siendo citadas con hasta un año de retraso. La insólita, y vergonzosa, respuesta de la Junta ha sido intentar matar al mensajero: AMAMA.

La externalización de las emergencias del 112 (también bajo la advocación de la virgen) iniciada por el PSOE llevó a Sanz y Bonilla, desde la oposición, a pedir su internalización, como consta en el diario de sesiones del Parlamento andaluz, y hoy la Junta desvía dinero a empresas privadas amigas: a Ilunion (ONCE), más de 16.000.000 € al año por el servicio, cuando el coste de personal no llega a 11.000.000. La comisión que investiga el accidente de Adamuz ha tenido que pedir las grabaciones del 112 a la jueza tras negárselas la Junta.

Desde la oposición, Sanz, Bonilla y Aurelio reclamaban un Hospital Público para Lucena y, al obtener mayorías (absoluta Bonilla y holgada Aurelio), han usado los votos para favorecer al hospital privado y negar el Hospital Público exigido y prometido para captar esos votos. Un clásico: deteriorar lo público para justificar su privatización, como están haciendo con la Educación, como hizo el Secretario de Estado de Servicios Sociales, sr. Bonilla, recortando 3.000 millones en Dependencia entre 2011 y 2014, lo que afectó severamente a Andalucía.

Pronto habrá elecciones en esta tierra. Teniendo claro para qué usa el PP sus mayorías y habida cuenta de que mucha gente vota como si fuera Eurovisión, un “reality” de la tele o una apuesta por el Real Madrid o el Barcelona, hay que preguntarse si votará Lucena a los verdugos de sus Servicios Públicos, tropezando, una vez más, con la misma piedra. Salud.

Pepe Morales

PAZ Y SALUD, por José Antonio Sánchez Jiménez

Hoy se cumplen veintitrés años de la muerte de Julio Anguita Parrado, alcanzado por un misil mientras realizaba labores de corresponsal de guerra durante la invasión de Irak, llevada a cabo por Estados Unidos y secundada por otros países, entre ellos España, bajo el Gobierno de José María Aznar. “Malditas las guerras y los canallas que las hacen” fue la frase pronunciada por Julio Anguita.


Ahora la historia se repite en Irán. Nada hay más contrario a la salud que las guerras, que causan centenares de miles de muertes directas y dejan a las poblaciones en situaciones de extrema vulnerabilidad ante posibles enfermedades.


En la otra cara de la moneda, hoy, 7 de abril de 2026, se celebra el Día Mundial de la Salud, establecido por la OMS, que promueve una campaña en la que hace un llamamiento a los gobiernos, a los científicos, a los trabajadores de la salud y a la ciudadanía para que apoyen los hechos y las orientaciones basadas en la ciencia, protejan la salud, reconstruyan la confianza en la salud pública y respalden las soluciones científicas para un futuro más saludable.


Luchar por reconstruir la confianza en la salud pública es lo que hace la plataforma “Lucena por Hospital”, que ayer pidió el apoyo de la ciudadanía convocando una concentración en la plaza de San Juan de Dios, ante las puertas del edificio que hace más de cincuenta años albergó el último hospital en Lucena.


Lucena es el municipio más grande de la provincia, con más de 43.000 habitantes, superando en más de un 40% al siguiente. Lucena merece y necesita un hospital.


La concentración no fue muy masiva, pero como señalaba el portavoz de la plataforma, el número de lucentinos y lucentinas identificados con el objetivo de conseguir el hospital no puede medirse solo por los allí presentes. Luchar por un hospital es luchar por una sanidad pública y de calidad (hospital privado ya tenemos).


Fue emotivo escuchar el lamento de una chica que había perdido a su amiga, víctima de los cribados de mama, por un diagnóstico tardío; y el grito de una mujer desesperada con su enfermedad, que tenía que esperar hasta diciembre para una cita con la especialista.


Y esto no son errores médicos ni casos puntuales: es el fallo de un sistema sanitario descuidado por un gobierno del Partido Popular, presidido por Juan Manuel Moreno Bonilla. Una falta de asistencia que genera muerte y dolor, y que castiga especialmente a la población más débil.


Porque vivir en una zona de renta alta o baja —es decir, ser rico o pobre— tiene consecuencias directas para la salud. En las grandes poblaciones, los centros de salud situados en los barrios donde las familias tienen rentas en el 25% más pobre presentan tiempos de espera mucho mayores que los de los barrios situados en el 25% más rico.
Hay varias causas que explican este hecho. En los barrios pobres no existe la posibilidad de acudir a un centro de salud privado: no pueden costearlo, y eso genera mayor presión sobre el servicio público. En los barrios ricos, en cambio, pueden pagarse un seguro privado y acudir directamente al especialista sin pasar por el médico de cabecera.


Además, en las zonas de mayor renta la alimentación, la movilidad y el tipo de trabajo son mejores, lo que se traduce en una mayor calidad de vida y mayor esperanza de salud.


La gente con menos recursos participa menos en las elecciones, lo que genera menor presión sobre los políticos para incrementar la inversión pública en sus barrios. Se produce así un círculo perverso: más pobreza, menos inversión, menor participación política, menos compromiso institucional… y más desconexión del sistema político.
Tenemos dos caminos: hacernos ricos o luchar por nuestra salud.


Tenemos un arma poderosa: nuestro voto. Y el día 17 de mayo podemos usarla. Quien pueda hacer, que haga.

José Antonio Sánchez Jiménez

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