Las excavaciones de la Junta en el cementerio Nuestra Señora de Araceli aún no han encontrado indicios de víctimas fusiladas en la Guerra Civil enterradas allí

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El director general de Memoria Democrática, Francisco Javier Giráldez, y el concejal de Cultura y Patrimonio, Manuel Lara, han visitado esta mañana las obras de exhumación que la Junta de Andalucía, con la colaboración de la Universidad de Granada, está practicando en el cementerio Nuestra Señora de Araceli bajo la dirección del arqueólogo Francisco Carrión en busca de víctimas de la Guerra Civil fusiladas por el bando nacional. Tras la visita, han mantenido un encuentro con los familiares de las personas represaliadas para informar del desarrollo de los trabajos.


Dichos trabajos de localización y recuperación en el camposanto lucentino comenzaron hace tres semanas con el objetivo de “hallar los restos óseos de unas 70 personas cuyos asesinatos durante la Guerra Civil han sido documentados por el historiador Arcángel Bedmar”, ha explicado el director de la excavación, en la que trabajan un grupo de ocho estudiantes de Arqueología e Historia de las Universidades de Granada y Córdoba.

Carrión ha conformado que “hasta el momento, durante las tres primeras semanas de excavaciones aún no hemos localizado restos algunos”, por lo que “no descartamos prolongar nuestro trabajo más allá de los dos meses previstos inicialmente”.

 

En este sentido, el también profesor de la Universidad granadina ha comentado que “se trata de un cementerio con muchas dificultades debido a las numerosas construcciones de bovedillas, alrededor de 300 soterradas, y por los testimonios que nos llegan sabemos que pasaban por la puerta de los carros y directamente, en tanda, iban arrojándolos a una fosa común con 4 metros de profundidad”. “Hemos divido el cementerio en dos sectores y pese a los sondeos, no hemos localizado ningún indicio que nos permita decir dónde se encuentran las personas asesinadas, cambiaremos la estrategia metodológica para localizarlas, los familiares deben saber que no abandonaremos hasta encontrarlos”, ha añadido.

Las 300 bovedillas (una de ellas la de la fotografía) fueron construidas a partir de 1928 para enterrar a personas sin recursos económicos. De 5 a 10 años después sus restos eran exhumados y trasladados al osario para dejar libres las sepulturas para el enterramiento de otros difuntos y así se continuó haciendo en las décadas posteriores. Según explicó el profesor, en los años 60 y 70 del pasado siglo fallecieron muchas personas en Lucena por gripe y otras enfermedades que tuvieron especial incidencia en nuestro municipio, enterrándose a gran parte de ellas en estas tumbas con carácter temporal. De lo que se puede apreciar sobre el terreno, el espacio libre que queda desde que acaba la zona de tumbas y nichos ocupados hasta la tapia que conforma el perímetro del cementerio está colmatado por estas bovedillas de uso repetido y que están soterradas bajo el suelo.

Por su parte, el director general de Memoria Democrática, ha manifestado que  “es muy importante para los familiares y victimas la visibilidad de este tipo de trabajos”. Al respecto, Giráldez ha remarcado que “en Lucena trabajamos a petición de familiares directos que quieren encontrar a sus seres queridos”, una tarea para la que ha agradecido la implicación del Ayuntamiento lucentino y el rigor del arqueólogo Francisco Carrión. “Estamos en buenas manos”, ha dicho el representante del gobierno Andaluz a los familiares en la reunión celebrada en el Palacio de los Condes de Santa Ana, en la que se ha mostrado confiado por llevar a buen término los trabajos de localización. “Recordemos que la devolución de los restos a sus familiares es una tarea compleja, pues el régimen franquista a parte del asesinato, utilizó un método de ocultación de los restos”, ha comentado.
 

Por último, Manuel Lara ha definido los trabajos de exhumación en el cementerio lucentino como “un proyecto que tiene en los familiares sus protagonistas últimos”, donde el papel del Ayuntamiento es de “colaborador activo” aportando desde maquinaria para la excavación hasta dependencias para el laboratorio donde trabajan los arqueólogos.