Colaboradores

Un día de furia, por Julián Valle Rivas

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Siempre fui un niño enfermizo. Recuerdo una infancia con infecciones, calenturas, procesos víricos, carencia vitamínica, angina, laringitis o sobrepeso. Años entretenidos, desde luego; y no es que ahora me aburra. Los más variados brebajes, bálsamos, soluciones y compuestos fueron introducidos en mi cuerpo a través de todas sus vías…

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La tierra (inter)media, por Julián Valle Rivas

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En ocasiones el título me lo dejan a huevo. El caso es que ya estábamos todos preocupados por aquí, pero podemos al fin respirar tranquilos. Uno, dos. Uno, dos. Inspirar, expirar. Inspirar, expirar. Pensábamos que nos quedábamos sin nuestra asignación de los Fondos de Cohesión y cundió el pánico, claro. La ansiedad se apoderó de nosotros, descontrolando a todo el personal, falto de respuesta ante el considerable percance.

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Eterna Esperanza, por Julián Valle Rivas

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Ella me escribió de modo natural, aprovechando una pausa durante su guardia, reconociendo lo difícil que es en ocasiones expresar con palabras emociones y experiencias. Fue un largo texto, de liviana sintaxis, que todavía conservo y del cual echo mano con frecuencia mientras tecleo estas líneas.

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Viejas Amistades (y II), por Julián Valle Rivas

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En la calle, Ramona asegura los cierres del establecimiento, mientras sostengo a Tito con firmeza. Al concluir, ella amaga con devolverme la chaqueta —aún la lleva sobre sus hombros—, inmediatamente declino la restitución. El fresco es incómodo, e insisto en que la conserve puesta. Entonces, me mira con esos ojos color miel, de esa forma tan peculiar que solo saben hacerlo las mujeres en esos momentos en los cuales no necesitan hablar, ni quieren hacerlo; en los que debes interpretar y puedes hacerlo porque con una mirada lo dicen todo.

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Viejas Amistades (I), por Julián Valle Rivas

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Hace ya muchos años aprendí, como suelen aprenderse estas cosas, que a un amigo no se le puede cambian, ni juzgar. Es admisible la reconvención, el consejo y la discrepancia, por supuesto; pero no más. A partir de ahí, no queda sino apechugar, permanecer a su lado y colaborar, en lo posible, en el desquite. Venga de quien venga. Y de donde venga. A unas malas siempre se dispone la opción del abandono.

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"Legítima Limitación", por Julián Valle Rivas

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Siempre he tenido la convicción de que las personas elegidas por los ciudadanos —en sufragio universal, libre, directo, igual y secreto— para un cargo en las instituciones del Estado, han de quedar sujetas a la condición de una limitación temporal en el mismo, sin posibilidad de reelección; de semejante modo sus provenientes. Nadie es imprescindible en estos puestos. Y es que, la ausencia de tal límite, convierte en profesión aquello que debiera ser servicio público.

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Sobre daños colatelares (y aclaraciones), por Julián Valle Rivas

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Mis batallas las libro solo. Siempre. A cara descubierta y firmando con mi nombre. Sin vanguardia, retaguardia o flancos que me sirvan de broquel, contengan la envestida o absorban lanzas, flechas o balas. Pero, desgraciadamente, en toda batalla hay daños colaterales. Consecuencias indirectas y adversas, inevitables. Éste es el caso de la Asociación Cultural “Naufragio” —a cuyas filas me honro pertenecer—, la cual se ha visto salpicada por las opiniones desfavorables surgidas a raíz de mi último artículo —“’Semanasantería’, credos y utopías”—, publicado a través de este medio.

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"Semanasantería", credos y utopías, por Julián Valle Rivas

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"¿Empezaría con diplomacia?... No sería posible. Ni conveniente. Considerando inconstitucional el término «Mariana» del escudo de Lucena, asisto a su Semana Santa como si de un espectáculo folclórico se tratara. En alguna ocasión he escuchado la expresión «evento antropológico» para referirse a ella. A mí, particularmente, qué quiere que le diga, me vale cualquiera con la sola condición de su lejanía a una semántica religiosa.

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LA LIBERTAD Y LA PERIODISTA, por Julián Valle Rivas

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Asisto con comedido interés y manifiesta desconfianza a los distintos movimientos de sedición que se están desarrollando en los países al sur del Mediterráneo durante las últimas semanas. A pesar de que hoy exigen democracia y libertad, condenando la represión, las ventajas mercantiles y la contención del radicalismo islámico han sido razones suficientes para que Europa y Norteamérica hayan consentido con censurable hipocresía el carácter dictatorial de los regímenes imperantes, amparándose en el siempre socorrido principio de no injerencia —tan flexiblemente aplicado por el Derecho Internacional, según los tiempos y los gobernantes—. Principio justo, sí; aunque ambiciosamente manipulado a lo largo de la Historia. Las causas de la sedición dan para otra entrega.

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Ser Pensador, por Julián Valle Rivas

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Hace unas semanas, por motivos que no vienen al caso, me vi en la necesidad de leer la ficha biográfica de un individuo. Ficha autobiográfica, para ser más exactos. Tras plantar la foto y el nombre, antes de indicar su lugar y fecha de nacimiento, el tal recogía una lista integrada por una serie de ocupaciones. Cuatro o cinco, ejercidas simultáneamente, según entendí, pues no se fijaban en periodos temporales.

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