Colaboradores

Predispuestos al destiempo, por Julián Valle Rivas

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La puntualidad se asume con arbitrariedad. Los cinco minutos de cortesía se convierten en quince minutos de insolencia, rayanos la media hora de plante. Pero, en última instancia, un plantón no es más que una planta grande que sombra sólo el ego y la íntima confianza del afectado.

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Dolor y medios, por Julián Valle Rivas

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Cuando el dolor golpea y desgarra no hay palabras en el vocabulario de lengua alguna suficientes para contener el flujo de sentimientos desbordados. Sólo queda el vacío y la soledad. Sólo queda la pena y la angustia. El apoyo sincero de quienes se preocupan y aman ofrece un poco de consuelo, ayudando a sobrellevar un estado de ánimo decaído, alienando al propio ser, permaneciendo únicamente el cuerpo, reducido a una entidad física aparente, artificial, más mecánica que humana.

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Desmantelando el Estado Social, por Julián Valle Rivas

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Se lo han montado bien. Los canallas. Tenían el objetivo fijado, la victoria, garantizada. No sabríamos numerar la cantidad de sacrificios, de presos y muertos, de sangre, sudor y lágrimas, pero el Estado Social, ese buque insignia de la flota europea, de recio mástil y ondeante bandera, orgullo de este viejo y putrefacto continente, y envidia de las tierras extranjeras bañadas por mares y océanos.

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Se le digo, por Julián Valle Rivas

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Se le digo. Y se le juro por mi colección en cinco volúmenes de la trilogía ilustrada de «Los Mosqueteros». Pase que uno tenga que soportar en el habla, durante la interlocución, ciertas dosis de leísmo. A fin de cuentas, todos tenemos nuestras tendencias, y nuestras manías, más o menos tolerables.

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La perdición del hombre inmutable, por Julián Valle Rivas

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«Modernizarse» y «avanzar» no deben ser necesariamente vocablos equivalentes. Hay quien en alguna ocasión me ha soltado la que puede ser una de las peores expresiones que haya escuchado: «Yo soy el mismo de siempre». O bien, a modo de variante de ahorrativo léxico: «Yo soy el de siempre».

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La infancia carente, por Julián Valle Rivas

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La fila era extensa, infinita, plagada de gente, niños en su mayoría, que aguardaba pacientemente turno con el trasiego normal. Lucía tendría cuatro o cinco años. Se acercaba, cogida de la mano de su madre, con cierta cortedad, la mirada de ojillos negros gacha, a aquél pomposo señor, emisario de un rey llamado Melchor. Cuando la sentó en su regazo, todavía se mostraba distante e incómoda, un tanto avergonzada, la punta del dedo índice en la comisura de los labios.

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"El político", por Julián Valle Rivas

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El hombre tiende a cultivar una suerte de artes cuya inmutabilidad es, a todas luces, infame. O lo que se alteran son los medios, conservándose los modos. Uno consolida esta percepción cuando ve películas como «El político», la gran obra de Robert Rossen, que le valió el Oscar como mejor película de 1949, recibiéndolo él en calidad de productor.

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El largo día, por Julián Valle Rivas

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¿Por qué el día es tan largo?, te preguntas cada noche al ir a dormir. Coges la postura mientras te arrebujas bajo las sábanas, cierras los ojos, respiras profundamente un par de veces para relajarte y procuras dejar la mente en blanco, facilitando el trabajo bioquímico del cerebro, procurando que presione el interruptor cuanto antes y te mande lejos del mundo real.

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La imagen, por Julián Valle Rivas

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La imagen siempre ha sido un elemento primordial en todas las facetas de la vida humana. Esa primera impresión, al conocer a alguien. El aspecto, al presentarnos en el trabajo. La figura cincelada, sea a base de golpes de efecto, de reveses, sea con la perseverancia de quien considera la apariencia un factor más de su persona o un punto favorable hacia su objetivo. Las poses de conquista, vinculadas al sexo. El reflejo externo capaz de impeler cualquier sentido ajeno…

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Ni piedad ni perdón, por Julián Valle Rivas

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Ha sido un mal año éste que termina. Para mí. Para la gran mayoría de españoles (decir todos, sería mentir). Una mierda de año… no pintando demasiado bien el que se presenta. Y ahórrese lo de la esperanza, lo de la confianza o, peor, lo del nuevo año será mejor. Hágame el favor. Sólo hace falta observar, escuchar, analizar, ser consciente de la realidad.

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