Colaboradores

¿PODRÁN?, por Julián Valle Rivas

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He aquí la cuestión. Hace casi tres años escribí para esta casa un artículo intitulado «Batalla perdida». En él me lamentaba de que los movimientos populares surgidos en 2011 se hubieran quedado en el grito de indignación, sin galvanizar en un partido, coalición o agrupación que, concurriendo a unas elecciones, penetrara en el Legislativo, cambiando la legalidad vigente. Y no me quedaba ahí. Profundizaba en la necesidad de obrar con la honestidad de prestar un servicio público, sin influencias ni intereses, de hacer lo que se debía hacer, de hacer lo correcto. De propugnar una serie de principios y valores por encima de todo, con objetividad, y actuar en consecuencia. Después, alcanzado el fin de depurar el sistema de gobierno —que no la forma política—, de haber restituido la credibilidad institucional y la dignidad a una sociedad entendida como conjunto de seres humanos y no de cifras cosificadas con las cuales poder jugar gratuitamente; después, comentaba, tocaría largarse, evitando una perpetuación prescindible.

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Un maestro se jubila, por Julián Valle Rivas

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Cuando un maestro se jubila, acontece en nosotros el extraño enfrentamiento entre la jovial delectación y la amarga aflicción. La lucha, siempre equilibrada en demasía. Tanto que finalmente prevalece una dulce melancolía, hermana ilustre de la complacida condescendencia. Cuando un maestro se jubila, nos queda el consuelo de contar con sus sabios consejos, y la esperanza de poder disfrutar de ellos durante mucho tiempo; porque sus lecciones, en definitiva, permanecerán a disposición eterna.

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Personalidades encasilladas, por Julián Valle Rivas

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Resulta curiosa nuestra propensión a las etiquetas. A colgarle a todo el mundo una personalidad que no se corresponde con la realidad. Lo que viene a ser «encasillar», atendiendo a las acepciones dos, tres y cuatro del DRAE («clasificar a alguien o algo»; «considerar o declarar a alguien, muchas veces arbitrariamente, como adicto a un partido, doctrina, etc.»; «clasificar personas o hechos con criterios poco flexibles o simplistas»). Una primera impresión puede bastarnos, aunque también nos dejamos llevar por la exposición de una opinión, un punto de vista o una mera interpretación errónea de la conducta.

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ADIÓS, BICENTENARIO por Julián Valle Rivas

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Ya me olía que esto terminaría como ha terminado. O va a terminar. Entramos en el mes de diciembre de 2014, el bicentenario está a punto de cerrarse y, salvo contados hechos locales, en seis años no se ha organizado ninguna celebración a nivel nacional conmemorando la Guerra de la Independencia. El que pudiera ser el mayor acontecimiento histórico de unidad entre todos los pueblos, o como queramos llamarlos, que conforman esta tierra denominada —según aseveran— España ha pasado sin pena ni gloria, subyugado por una apática indiferencia, preocupantemente vergonzante… Y preocupante, o sea, no significa sorprendente.

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VEGASLUC, por Julián Valle Rivas

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Camino con paso vacilante y defensivo, zigzagueando entre los angostos espacios habilitados para la circulación peatonal en las numerosas calles sometidas a un plan de obra postmodernista. En ocasiones, el paseo se torna en un chabacano juego del laberinto, donde dudas si girar a derecha o izquierda, o bien seguir recto o volver al inicio, con tal de alcanzar al fin la salida, casi siempre para adentrarte en un nuevo entresijo laberíntico de maquinaria, vallado, bache y piedra. El paso también es circunspecto, manso, como si caminase con los pies desnudos sobre cristales triturados, previniendo reducir en vano la suciedad polvorienta en el calzado y la pernera del pantalón.

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Un maestro para un lector, por Julián Valle Rivas

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No todo el mundo nace con vocación lectora. Y, en ocasiones, el lector se hace. No me refiero a una lectura por afición, a modo de tendencia ociosa con vistas a cubrir breves periodos del día, o de la semana, o del mes, o del año; ni a una fórmula banal para conciliar el sueño con facilidad. Me refiero a una lectura por necesidad. A una necesidad de leer para poder seguir viviendo, como se necesita comer o respirar. Y para encarar la vida con lucidez, ayudar a comprender el porqué.

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Jefatura del Estado, por Julián Valle Rivas

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La primavera concluyó con un acontecimiento histórico para nuestra generación. La proclamación de un nuevo Rey no es algo que se vea todos los días. Su escasa frecuencia condiciona la atención extraordinaria. Es como la elección de un Papa, la caída de un imperio o el reconocimiento de sus errores por parte de un político.

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La más larga, por Julián Valle Rivas

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Cuando tecleo estas palabras, supongo que el gobierno de la Generalidad de Cataluña y los acólitos se mantendrán en sus trece con celebrar la consulta independentista. Francamente, estoy deseoso por ver si cumplen. Si tienen arrestos de enfrentarse a un resultado incierto y a un porcentaje de participación enigmático. Alcanzaría a imaginar una participación aceptable, superior al cincuenta por ciento. Alcanzaría a imaginar un resultado favorable a la secesión. ¿Qué ocurriría?

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La Oficina Pro Cautivos, por Julián Valle Rivas

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El español de bien no es dado a alabar gestas patrias. Quizá porque, de natural rencoroso y envidioso, se siente incómodo entre algarabías por laureles ajenos. Por eso, quisiera teclear unas palabras en homenaje a una hazaña memorable, en el centenario de la Primera Guerra Mundial, previendo el posible olvido.

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De trabajadores asalariados, por Julián Valle Rivas

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No sería capaz de discernir si el comentario fue producto de ciertas dotes premonitorias, de una reflexión basada en la experiencia, de ser un afortunado receptor de información privilegiada o de echarle mucha caradura. El caso es que, cuando Gerardo Díaz Ferrán lanzó hace un tiempo aquello de que para salir de la crisis había que trabajar más y ganar menos (máxima, por cierto, que presidía su filosofía, pues ya la hizo suya al reconocerse oficialmente la situación de crisis económica en España —hasta el momento nos hallábamos ante una «desaceleración»—, para insistir en ella después), todo el país le recriminó la fea expresión propia de un retrógrado patrono explotador del humilde proletario.

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