Colaboradores

13 hombres de honor, por Julián Valle Rivas

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Aunque en realidad eran doce. Me explico. Acabo de ver «13 asesinos», la película japonesa dirigida por Takashi Miike, versión de 2010 de la homónima de Eichi Kudo de 1963. Está ambientada en el Japón feudal del siglo XIX, cuando, como ya ocurriera en Europa, los señores eran los amos de tierras, producción y vidas, las cuales disponían a su capricho. Situación más o menos llevadera, si el señor feudal era honrado y digno. Tornándose en un infierno, sin embargo, si resultaba ser un deleznable sanguinario sin escrúpulos ni piedad, como es el caso de la película. Por su título se deduce.

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Sólo el nombre, por Julián Valle Rivas

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Tito Liviano y yo salimos de la Biblioteca Municipal, donde nos encontramos por casualidad, sin hallar los libros que buscábamos —hecho harto excepcional, por otra parte—. Hace un frío de mil diablos y nos arropamos lo mejor posible con los abrigos, tomando dirección hacia la calle Ancha.

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Segundas Familias, por Julián Valle Rivas

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Si algo tiene escribir en un medio de comunicación local (aparte de conceder a algún lucentino de bien el placer de devolvérmelas todas juntas pública, anónima y gratuitamente; gesto muy loable y justo, faltaría más: está en su derecho) es que antiguos amigos, pasados muchos años, se molestan en retomar el contacto contigo.

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Feliz Viaje, por Julián Valle Rivas

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Desde hace un tiempo me veo obligado a viajar a Madrid una vez al año al menos, y, por cuestiones horarias, recurro al AVE. Al principio, este medio era sinónimo de confort, relajación, tranquilidad y, en consecuencia, respetuoso silencio. Sin embargo, en los últimos años, este distintivo ha quedado archivado. Un ejemplo fue mi postrero, el pasado otoño.

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Un día de furia, por Julián Valle Rivas

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Siempre fui un niño enfermizo. Recuerdo una infancia con infecciones, calenturas, procesos víricos, carencia vitamínica, angina, laringitis o sobrepeso. Años entretenidos, desde luego; y no es que ahora me aburra. Los más variados brebajes, bálsamos, soluciones y compuestos fueron introducidos en mi cuerpo a través de todas sus vías…

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La tierra (inter)media, por Julián Valle Rivas

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En ocasiones el título me lo dejan a huevo. El caso es que ya estábamos todos preocupados por aquí, pero podemos al fin respirar tranquilos. Uno, dos. Uno, dos. Inspirar, expirar. Inspirar, expirar. Pensábamos que nos quedábamos sin nuestra asignación de los Fondos de Cohesión y cundió el pánico, claro. La ansiedad se apoderó de nosotros, descontrolando a todo el personal, falto de respuesta ante el considerable percance.

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Eterna Esperanza, por Julián Valle Rivas

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Ella me escribió de modo natural, aprovechando una pausa durante su guardia, reconociendo lo difícil que es en ocasiones expresar con palabras emociones y experiencias. Fue un largo texto, de liviana sintaxis, que todavía conservo y del cual echo mano con frecuencia mientras tecleo estas líneas.

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Viejas Amistades (y II), por Julián Valle Rivas

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En la calle, Ramona asegura los cierres del establecimiento, mientras sostengo a Tito con firmeza. Al concluir, ella amaga con devolverme la chaqueta —aún la lleva sobre sus hombros—, inmediatamente declino la restitución. El fresco es incómodo, e insisto en que la conserve puesta. Entonces, me mira con esos ojos color miel, de esa forma tan peculiar que solo saben hacerlo las mujeres en esos momentos en los cuales no necesitan hablar, ni quieren hacerlo; en los que debes interpretar y puedes hacerlo porque con una mirada lo dicen todo.

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Viejas Amistades (I), por Julián Valle Rivas

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Hace ya muchos años aprendí, como suelen aprenderse estas cosas, que a un amigo no se le puede cambian, ni juzgar. Es admisible la reconvención, el consejo y la discrepancia, por supuesto; pero no más. A partir de ahí, no queda sino apechugar, permanecer a su lado y colaborar, en lo posible, en el desquite. Venga de quien venga. Y de donde venga. A unas malas siempre se dispone la opción del abandono.

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"Legítima Limitación", por Julián Valle Rivas

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Siempre he tenido la convicción de que las personas elegidas por los ciudadanos —en sufragio universal, libre, directo, igual y secreto— para un cargo en las instituciones del Estado, han de quedar sujetas a la condición de una limitación temporal en el mismo, sin posibilidad de reelección; de semejante modo sus provenientes. Nadie es imprescindible en estos puestos. Y es que, la ausencia de tal límite, convierte en profesión aquello que debiera ser servicio público.

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