Colaboradores

Vamos a soñar

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Hoy me he incorporado a mi trabajo después de unos días de vacaciones. He estado en un apartamento de Benalmádena, muy cerca del casino de Torrequebrada, con mi mujer y mis hijos. Lo hemos pasado muy bien, hemos descansado, como se dice ahora, aunque descansados estamos, muy descansados, demasiado descansados,  y bien vendría cansarnos un poquito, no como antes pero algo sí, que comienzo a estar harto de tanto descanso, a ver si me visita de nuevo un poquito el estrés, y se empieza a cobrar lo que le deben a uno, funciona de nuevo el fax, suena el móvil, vienen pedidos de material, llaman al portero, en fin, que se reactiven las cositas.

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Mujer de hoy

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Yo no sabía que era tan importante en tu vida, cariño. Si llego a saberlo me habría comportado de otra forma; ten en cuenta que si no me lo dices no me entero. Efectivamente,  no te enteras,  es que los hombres sois torpes, no entendéis las cosas, no os dais cuenta de las sutilezas que usamos las mujeres. Fíjate si no lo ves, que, cuando te digo que me lleves tú entiendes que quieres que vaya contigo, cuando realmente se trata de que quiero que me pidas que te acompañe.

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Predispuestos al destiempo, por Julián Valle Rivas

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La puntualidad se asume con arbitrariedad. Los cinco minutos de cortesía se convierten en quince minutos de insolencia, rayanos la media hora de plante. Pero, en última instancia, un plantón no es más que una planta grande que sombra sólo el ego y la íntima confianza del afectado.

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Dolor y medios, por Julián Valle Rivas

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Cuando el dolor golpea y desgarra no hay palabras en el vocabulario de lengua alguna suficientes para contener el flujo de sentimientos desbordados. Sólo queda el vacío y la soledad. Sólo queda la pena y la angustia. El apoyo sincero de quienes se preocupan y aman ofrece un poco de consuelo, ayudando a sobrellevar un estado de ánimo decaído, alienando al propio ser, permaneciendo únicamente el cuerpo, reducido a una entidad física aparente, artificial, más mecánica que humana.

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Desmantelando el Estado Social, por Julián Valle Rivas

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Se lo han montado bien. Los canallas. Tenían el objetivo fijado, la victoria, garantizada. No sabríamos numerar la cantidad de sacrificios, de presos y muertos, de sangre, sudor y lágrimas, pero el Estado Social, ese buque insignia de la flota europea, de recio mástil y ondeante bandera, orgullo de este viejo y putrefacto continente, y envidia de las tierras extranjeras bañadas por mares y océanos.

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Se le digo, por Julián Valle Rivas

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Se le digo. Y se le juro por mi colección en cinco volúmenes de la trilogía ilustrada de «Los Mosqueteros». Pase que uno tenga que soportar en el habla, durante la interlocución, ciertas dosis de leísmo. A fin de cuentas, todos tenemos nuestras tendencias, y nuestras manías, más o menos tolerables.

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La perdición del hombre inmutable, por Julián Valle Rivas

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«Modernizarse» y «avanzar» no deben ser necesariamente vocablos equivalentes. Hay quien en alguna ocasión me ha soltado la que puede ser una de las peores expresiones que haya escuchado: «Yo soy el mismo de siempre». O bien, a modo de variante de ahorrativo léxico: «Yo soy el de siempre».

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La infancia carente, por Julián Valle Rivas

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La fila era extensa, infinita, plagada de gente, niños en su mayoría, que aguardaba pacientemente turno con el trasiego normal. Lucía tendría cuatro o cinco años. Se acercaba, cogida de la mano de su madre, con cierta cortedad, la mirada de ojillos negros gacha, a aquél pomposo señor, emisario de un rey llamado Melchor. Cuando la sentó en su regazo, todavía se mostraba distante e incómoda, un tanto avergonzada, la punta del dedo índice en la comisura de los labios.

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"El político", por Julián Valle Rivas

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El hombre tiende a cultivar una suerte de artes cuya inmutabilidad es, a todas luces, infame. O lo que se alteran son los medios, conservándose los modos. Uno consolida esta percepción cuando ve películas como «El político», la gran obra de Robert Rossen, que le valió el Oscar como mejor película de 1949, recibiéndolo él en calidad de productor.

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El largo día, por Julián Valle Rivas

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¿Por qué el día es tan largo?, te preguntas cada noche al ir a dormir. Coges la postura mientras te arrebujas bajo las sábanas, cierras los ojos, respiras profundamente un par de veces para relajarte y procuras dejar la mente en blanco, facilitando el trabajo bioquímico del cerebro, procurando que presione el interruptor cuanto antes y te mande lejos del mundo real.

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